Feminista y sumisa

Arola Poch por Xabier BernéSi soy mujer y me gusta que en la cama un hombre me domine o que me use como objeto o que me eyacule en la cara, habrá quién diga que mi deseo está influido por la sociedad heteropatriarcal en la que vivimos. Es decir, una sociedad que beneficia al hombre, que lo pone en un nivel superior respecto a la mujer, es la que hace que como mujeres nos guste una determinada visión del sexo donde se reproducen estos papeles. Esta idea, que a mi particularmente me sorprende, la he escuchado recientemente en algunos debates sobre feminismo. Y no se queda ahí, si no que remata el asunto añadiendo que las mujeres que buscamos la igualdad deberíamos renegar de este tipo de fantasías.

Me llama la atención que no se tenga en cuenta que el sexo es algo instintivo y animal, y bajo esa perspectiva el papel del macho es físicamente más fuerte y en cierta forma dominante en el plano sexual. Quizás cierto tipo de deseo venga por ahí. Claro que también estamos muy condicionados culturalmente, por eso nuestra sexualidad se modela hacia otras prácticas. Y también hay quién la modela tanto que no la deja fluir. La sociedad nos influye en la forma en que entendemos y vivimos el sexo. Por ejemplo, hay hombres a los cuales les cuesta aceptar que les gusta la sumisión porque no es el papel que se espera de alguien del género masculino.

Pero, más allá de esto, ¿y qué pasa si mi deseo es consecuencia de una sociedad heteropatriarcal? La lucha, creo yo, no está en el deseo o en la práctica sexual que nos guste a cada una. El foco de atención está en la búsqueda de una sociedad igualitaria donde todos seamos idénticos en derechos y oportunidades. Y sobre todo donde podamos sentirnos libres, para escoger qué hacer en la vida y, por supuesto, en la cama. Aunque lo que yo haga, no sea lo que tú harías.

Conociendo y defendiendo los valores de una sociedad igualitaria, hemos de tener en cuenta que el sexo es un momento de dejarnos llevar, de evadirnos e incluso de permitir que surja nuestro yo más anárquico. Así que dejemos que el sexo siga su camino, no siempre racional. Y más aún si hablamos de deseos o fantasías. Una fantasía es un momento de intimidad con nosotros mismos, donde nadie debería meterse y donde podemos ser y hacer lo que nos plazca. Por algo es fantasía. Ya es complicado a veces luchar contra la propia autocensura para que, encima, se nos metan en la cabeza a decirnos qué está bien desear y qué no.

Una mujer puede disfrutar con un bukkake o fantasear con que tiene sexo con muchos hombres o pasárselo en grande con una sesión de spanking. Una mujer – al igual que un hombre – puede desear y gozar con lo que le dé la gana. En su intimidad, de forma sana, responsable y con quién ella elija. Y luego ser la primera que defiende la igualdad y no permite los abusos. Una mujer puede ser feminista y sumisa, distinguiendo entre lo que quiere y acepta en su vida y lo que quiere y acepta en su cama.

Durante mucho tiempo a las mujeres se nos negó el deseo y el placer. Ahora que lo tenemos, que nadie le ponga límites.

23 thoughts on “Feminista y sumisa

  1. Los humanos intentamos encontrar explicaciones lógicas y razonables a todo y perdemos de vista que nuestro cerebro reptiliano, el animal e instintivo, viaja con nosotros; por tanto a veces es mejor dejarse llevar y solo utilizar la razón para controla y pactar. Lo demás debería ser flow.

    Buen artículo Arola, por la idea expresada; no políticamente correcta dirían algunos, pero nos da igual…

    Un saludo
    ( dos que andan aprendiendo cada dia…)

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  2. A cada uno le gusta lo que le gusta y mientras los participantes estén de acuerdo y nadie salga lastimado no hay nada que decir, lo mismo que con respecto a todas las demás cosas. Los gustos sexuales son tan inexplicables como los gustos culinarios, pictóricos, musicales, deportivos, etc. Pero para no parecer que quiero hacer un comentario poco comprometido, adhiero a tu gusto por las relaciones D/s.

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  3. Hola Arola,

    Gracias por el artículo. En la vida diaria no dejo que nadie me domine porque entiendo que cada uno de nosotros somos nuestros propios dueños. Sin embargo, en lo sexual todo cambia: no hay nada que me haga sentir mejor que sentirme dominado por una mujer, estar a sus pies (literalmente), a su merced.
    La libertad para disfrutar del sexo como a cada uno le plazca también es un derecho.

    Un abrazo,
    Juan

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  4. Te equivocas cuando naturalizas el supuesto carácter dominador de los hombres, como si estuviera codificado en su biología: ésto no es así y te pondré un ejemplo de lo contrario:
    “Las mujeres de la tribu étnica kuikuro que viven en la región del Xingu tienen porte atlético y fuerte y se preparan para el ritual Jamurikumalu: mientras que ellas se adornan a sí mismas y cantan canciones como “su pene se ha secado/la polla se marchita”, los hombres se esconden en huecos, huyendo del avance de las mujeres. Ellas bailan, les asaltan y les obligan a tener relaciones sexuales inmediatamente. Pero no les fuerzan como violación: dentro del rito ellos deben resistirse y deben rendirse el ataque de las mujeres, y ellas deben mostrar dominación. El ritual se practica bajo “acuerdo” de toda tribu y es muy apreciado por los hombres y las mujeres, no así por la moralidad religiosa occidental.”
    Puedes encontrar más en ésta entrada:
    http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com.es/2013/01/ritos-sexuales-y-amorosos-en-las.html

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    • Bueno, en general en los mamíferos el papel del macho en el sexo es más dominante. Esto no quita que haya culturas donde puedan haberse desarrollado otros papeles.
      Pero, en cualquier caso, el foco de mi artículo es defender que no se culpabilice a nadie por tener un determinado deseo. Si luchamos por esa sociedad igualitaria, quizás una de las muchas consecuencias sea que se consiga cambiar ese deseo si realmente está influido por el heteropatriarcado. Mientras, que se pueda desarrollar la sexualidad de cada uno/una libremente, sin culpas ni prejuicios ni tabúes.

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  5. El dominio y la sumisión son expresiones juguetonas de nuestras emociones y sentimientos más íntimos. Cuando se entienden bien, como tu lo expresas querida amiga, no solo son divertidas y nos ayudan a posicionar nuestro masculino y femenino interiores, sino que casi siempre son profundamente sanadoras. Gracias por este post.

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