In Fetichismo

normal, diferente, raro

La palabra normal ha estado y sigue estando muy vinculada a la sexualidad. Se ha definido un tipo de sexualidad como válida y eso hace que todavía hoy haya quién se pregunte si lo suyo es “normal”. Y lo suyo puede ser vinculado a la orientación, a los deseos, a las fantasías, a la erótica…

La primera pregunta a responder es… ¿y qué es normal? En 1971, el sexólogo Wardell D. Pomeroy publicó un artículo en la revista Sex American Style (Chicago, Playboy press) planteándose esa misma cuestión. Había estudiado la sexualidad humana durante años junto a Kinsey (este sexólogo os sonará más por los estudios que publicó y por su conocida escala). Pomeroy definía en ese artículo cinco criterios para poder definir una conducta como normal. En cierta manera, siguen vigentes:

Estadístico: lo que más sucede en una población. Si la masturbación la realizan el 90% de las personas, es normal (es un ejemplo, el porcentaje es inventado).

Filogenético o etológico: según nuestro origen animal, es decir, ¿qué hacen otros mamíferos? La homosexualidad se da en otras especies animales y nos sirve para justificar (aunque ya no debería ser necesario hacerlo) que es normal.

Moral: según un código ético. Por ejemplo, lo válido es tener relaciones sexuales solo con tu pareja y, por lo tanto, las relaciones liberales no son normales.

Legal: en base a lo que es delito o no lo es. Antiguamente el adulterio estaba penado por ley. Tener relaciones extramaritales no era normal.

Social: si se ajusta a las normas sociales. Es decir, una conducta sexual que no hiere o causa daño a la sociedad o a sus miembros sería normal.

Y a esta diversidad de criterios se le suma lo más importante: la opinión subjetiva de cada uno. Pomeroy escribía: “Si usted es normal o no, o si usted clasifica ciertos tipos de conducta sexual como normales o no, depende de cómo usted defina la normalidad, y este es uno de los términos más confusos y terriblemente mal usados de nuestra lengua”.

Otra cuestión importante es por qué nos preocupa tanto ser normales. La respuesta aquí puede venir por las connotaciones hacia todo aquello no considerado normal en sexualidad que, históricamente, ha sido todo lo no vinculado a la reproducción. Todas esas conductas (que no son pocas) se han definido a lo largo de la historia como pecado, enfermedad, perversión o desviación. Algo de esta visión seguimos arrastrando y, entonces, algunos se preguntan si lo suyo es normal por saber si han de preocuparse. O porque no encuentran gente con la que compartir sus gustos y se sienten excluidos. O porque no les gusta ser considerados pervertidos o desviados. O… por el motivo que cada uno tenga.

Cuando desde la sexología se empezó a estudiar la conducta sexual humana de forma científica y objetiva (sin sesgos morales) la conclusión a la que se llegó fue, básicamente, que había tanta diversidad que no se podía definir qué era normal y qué no.

Este maravilloso corte de la serie de televisión Masters of sex que relata de forma ficcionada los estudios de los sexólogos norteamericanos William Masters y Virginia Johnson en los años 60 del pasado siglo, explica muy bien esta idea: “soy un desviado sexual, todos somos desviados sexuales”.

 

A estas alturas deberíamos ir quitándonos de la mente la pregunta “¿es normal?” para ir planteándonos mejor “¿disfruto con lo que hago?” Porque si te gusta, disfrutas, no te causa malestar, es consensuado y no hace daño a nadie, es normal.

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Comments
  • Pedrito pablo
    Responder

    Soy feliz y reconozco que me gusta mucho chupar pies a chicas siiiis

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