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Masajes Majestic

Una de las habitaciones de Masajes Majestic.

Me abrió la puerta Leo, el masajista. Por su actitud, doy por hecho que con una sonrisa, aunque la obligatoria mascarilla protectora ocultaba ese detalle. Me acompañó por el local (Masajes Majestic en el centro de Madrid ) hasta llegar a una habitación en la que había un futón, un espejo y algunos detalles decorativos. La luz era tenue, una música ambiental acompañaba y noté un ligero aroma a incienso u otra planta aromática. Siendo sincera, de esto último no estoy segura, a lo mejor es mi mente que añade ese dato para darle un ambiente aún más íntimo, cómodo y agradable a la estancia. Real o imaginario, esas eran mis sensaciones.

Poco a poco mis ojos se fueron acostumbrando a la escasa iluminación de la estancia y percibieron más detalles: un par de sillas, una mesa con unos botellines de agua y bombones, un cesto con toallas blancas, unas zapatillas de esas de hotel de 4 estrellas y, en la esquina, una ducha. Mi acompañante me estuvo explicando cómo funcionaba todo con mucha amabilidad. Y con paciencia, yo pregunto mucho cuando algo me causa interés y los masajes eróticos me lo generan.

Hay masajes individuales y para parejas, con masajistas hombres o mujeres y de diferentes intensidades. Pueden recorrer todo el cuerpo pero sin tocar genitales o ser más intenso y no saltarse ninguna zona. Con interacción con el masajista o sin ella. Masajes a dos o a cuatro manos, tántricos, sensuales o relajantes… En definitiva, cada persona elige qué y cómo lo quiere. “Cada masaje fluye diferente”, me especificó mi guía.

“Puedes ducharte y cuando estés, te tumbas boca abajo en la cama. Da un toque en la puerta para que sepa cuándo estás lista.” Leo me dejó sola en la habitación. Me tomé mi tiempo y finalmente di la señal. Me coloqué, desnuda, sobre el futón, encima de una lámina suave de papel desechable. El masajista entró envuelto en una toalla bajo la que llevaba unos calzoncillos. “Puedes tocarme si te apetece, pero no en la zona bóxer”.

masajes majestic (Madrid)

Detalle de una de las salas.

El masaje empezó vertiendo y distribuyendo aceite suavemente por mis pies. Fue subiendo por las pantorrillas, muslos, cara externa e interna… y fue llegando a las diferentes partes de mi cuerpo. Sin prisa, tomándose el tiempo necesario. “No hay que avanzarse, que el cuerpo vaya pidiendo”, me aclaró Leo después.

El aceite seguía corriendo con generosidad por mi cuerpo, su tacto era cálido y las manos potenciaban esa sensación. La espalda, el cuello, los brazos… el roce seguía abarcando más zonas. Y mientras, yo me iba sintiendo relajada, cómoda y con un cierto grado de excitación que iba en aumento. Su cuerpo se posó sobre el mío. Fue una sensación extraña, aunque no desagradable. No sé si lo notó, pero al poco se levantó y siguió acariciándome con las manos, brazos y antebrazos, acompañando el movimiento con un ligero sonido gutural.

De vez en cuando abría los ojos, me gusta mirar. A través del espejo veía dos cuerpos, brillantes, interaccionando. Era una imagen bonita. Al mirar a Leo veía su cara con la mascarilla que no se quitó en ningún momento. Obligatorio y entendible signo de protección en la actualidad que, a mí, me alejaba de la situación de intimidad que estaba viviendo. Solución: cerrar los ojos y concentrarme en mis sensaciones.

Y así discurrió: boca abajo, boca arriba, de los dedos de los pies a la punta de la cabeza, a veces más suave, otras más intenso, con abundante aceite y con tiempo, mimo y dedicación. Hasta que, con el objetivo del placer conseguido, Leo fue apaciguando movimientos y finalizando el masaje. Todo siempre con un trato maravilloso, cercano a la vez que profesional.

Tras un breve rato calmados, se levantó. “Te dejo sola. Cuando estés, da un golpe en la puerta. No hay prisa”. Me tomé unos minutos para quedarme tranquila con mis propias sensaciones. No os lo he dicho, pero era mi primera vez en un masaje erótico. Mi cuerpo estaba relajado y noté una sonrisa en mi cara. Me sentía bien.

Ya vestida, Leo me enseñó el local. Tienen habitaciones más grandes con camas dobles para parejas que quieren vivir la experiencia juntos, una con una barra en la parte superior a la que la masajista puede agarrarse para hacer masajes con los pies o en la que se puede atar a alguien si es lo que se desea. También una sala más grande para acoger a varias parejas a la vez. Y hacen cursos de masajes eróticos, contando con un espacio para ello.

masajes majestic (Madrid)

Detalle del centro de masajes, en Madrid

Nos despedimos, hasta la próxima. Por un par de horas me evadí de la realidad, sentí estar en otro sitio, relajada, cómoda y ajena al mundo loco que bulle en el centro de Madrid.

Si he de resumir mi experiencia diría que:

A FAVOR: el cuidado en todo el local, la higiene, la sensación de comodidad, el ambiente relajado, la elegancia. El trato de Leo, sus manos y su voz. ¡Qué voz!

EN CONTRA: realmente nada.

Una experiencia para los sentidos, un regalo tanto en pareja como individual que os recomiendo. Si eres mujer sola y te apetece probarlo, te sentirás a gusto y en un entorno seguro.

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Este artículo está basado en mi experiencia en Masajes Majestic (Madrid)

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Showing 12 comments
  • Luis
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    Un saludo Arola. Tengo varias preguntas. Son mezcla de ignorancia y curiosidad. Siendo psicóloga y sexóloga ¿que te ha llevado a vivir esta experiencia? ¿Lo repetirias? ¿Hubieras llegado a tener sexo en ese momento de haber sido posible? Todo te lo pregunto por la confusión que me invade al leer esta vivencia y tratarse de ti, una sexóloga contrastada. Ya no entro en las consideraciones éticas (si estás casada o con pareja). Gracias por hacernos partícipes de tu experiencia.

    • Arola Poch
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      Además de psicóloga y sexóloga, soy persona. Con inquietudes y curiosidades, me gusta disfrutar, me gusta probar cosas. A veces los perfiles profesionales no muestran su otro lado. Yo sí lo hago.

      Sobre tener sexo o cuestiones más concretas, eso es algo que ya queda en mi intimidad. Y sobre las consideraciones éticas referidas a la pareja, soy absolutamente fiel en mi relación.

      Gracias por tu comentario.

      • Alessandra
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        Arola, que buen relato!! Te cuento que yo también soy Sexóloga Somática y creo que es una de las experiencias más excitantes y deliciosas que te has permitido saborear aunque seguramente ya conocerás muy bien tus mapas de placer. Lo que si me parece fuera de lugar es que haya gente que se considere autoridad moral para cuestionar tus prácticas … osea, la gente viene y proyecta sus miedos en alguien profesional como tú. Vaya, que falta que cariño propio. La invitación para esos que se consideran autoridades morales y que pueden cuestionar tus o nuestras prácticas es que ojalá se permitan vivir en placer propio y verán lo felices que van a ser en lugar de cuestionar o juzgar a los demás.
        Muchos orgásmos para ti Arola!!

        • Arola Poch
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          Yo intento no entrar en temas morales, al fin y al cabo es una cuestión personal de cada uno y lo importante es ser coherente con una misma. Y yo estoy muy tranquila conmigo, con mi moral y con mis orgasmos 😉 Gracias por tu comentario y mucho placer para ti también.

  • Luis
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    Gracias a ti por abrirte. Quizás lo más bonito de ser humanos es poder explorar sensaciones sin que rompa con tus convicciones y respetos.

  • Carlos
    Responder

    Interesantísimo artículo, Arola. Me pregunto desde la más profunda ignorancia, si el masaje erótico iría de la mano del tántrico o son dos conceptos bien diferenciados. Y, por otra parte, ¿podría considerarse “infidelidad” a la pareja? Es lo que más temor me da, porque, por otra parte, siempre me ha gustado experimentar y probar. Un saludo, Arola.

    • Arola Poch
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      Desconozco cómo es cada tipo de masaje, yo cuento mi experiencia y no soy experta en estos temas. Sobre si es o no infidelidad, no puedo contestar a eso porque cada pareja acuerda sus límites sobre qué es o no lo es. Así que esa respuesta solo la puedes tener tú (o vosotros). Y si no lo tienes claro, háblalo con tu pareja.

  • Agustín
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    Hola Arola!!! Me encanta esto de los masajes eróticos en mi opinión y repito en mi opinión, este tipo de prácticas es elevar el sexo a otra dimensión,y digo sexo por qué para mí no tiene porqué haber penetración para que sea sexo,el contacto cuerpo con cuerpo es algo que me escita de sobremanera,particularmente suelo prácticar una mezcla de masaje Nuru con masaje trantico Yoni, para ella y lingam para mí,y sin ser profesionales es una esperiencia que recomiendo 100 x 100, me alegra que hayas disfrutado con ello y que además lo cuentes para todos nosotros.
    Gracias y un abrazo.

    • Arola Poch
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      Gracias por tu comentario.

  • Patricia
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    Buenas Arola. Me ha gustado mucho leer tu experiencia y me encantaría probarlo con mi pareja. Pero es verdad, que me hecha mucho para atrás por el tema de pagar por algo así. Soy abolicionista y no sé si entra dentro mi esquema mental, es que en la página venden a los masajistas por sus cuerpos.
    Pero por otra parte, todo lo que tú has narrado dista de eso.
    De nuevo Gracias.

    • Arola Poch
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      Hola, Patricia. No puedo entrar en la valoración que cada cual haga de este tema, es algo personal. Sí que es un trabajo remunerado, pero por el trato y el ambiente yo no lo sentí así.

    • Luis Alberto Lozano Ruiz
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      No te entiendo. ¿Cómo pretendes que sea gratis?.Sólo en el caso que los cubriera la SS, o que hubiese una ONG de masajistas sexuales.En cuanto al abolicionismo, descartando, por supuesto que alguna de las partes actúe coaccionar, engañado, o explotado, tampoco lo entiendo. Es un contrato mercantil entre dos personas adultas, ambas se benefician y no hacen daño a nadie. No quieras imponer tu moralidad en la ética de cada uno..

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