Cuando ella es quien da y él quien recibe

Escrito por @ilovelingerie_

peggingEn mi opinión, uno de los juegos sexuales más saludables que puede haber en una relación heretosexual es que la mujer penetre analmente al hombre. Estoy convencido de que cada vez son más las parejas que incorporan esta práctica a sus hábitos sexuales cotidianos y es que tiene numerosas ventajas, tanto para él como para ella. ¿Y es que porqué siempre tiene que ser el hombre quien adopte una actitud activa y la mujer pasiva?

Los aspectos que más me atraen son tanto físicos como psicológicos, por un parte la estimulación de mi punto G masculino y por otra la sensación de hacer algo muy travieso, algo parecido a lo que siento cuando estoy en la cama con un chico y que os contaba en otro post. Aunque yo sea bisexual, no es imprescindible que un hombre lo sea para disfrutar del sexo anal, ya que estoy seguro que cualquier hombre heterosexual agradecerá que su mujer juegue con su agujerito trasero.

La postura que me resulta más cómoda es estar estirado en la cama boca arriba y con las piernas elevadas, mientras mi pareja me penetra y masturba al mismo tiempo. En mi caso, que mi ano es estrechito y muy sensible, es fundamental que esté muy bien lubricado, que el juguete utilizado sea de máxima seguridad y tenga un tamaño adecuado y, sobretodo, que ella sea muy cuidadosa. En este sentido, he de reconocer que algunos de los mejores orgasmos de mi vida los he alcanzado cuando una mujer me ha penetrado con un plug anal o un pequeño arnés.

Cuando tu mujer te penetra analmente, lo que es seguro es que nada volverá a ser igual en la relación. Habrá más confianza y el sexo se disfrutará de manera más natural y placentera, dejando de lado los roles convencionales y adentrándose en una nueva dimensión de morbo y placer sexual. Tener orgasmos espectaculares casi es lo de menos, lo fundamental es que desde ese momento los límites de la pareja habrán sido sobrepasados y ambos estarán mentalmente más predispuestos a probar cosas nuevas, por traviesas y sucias que éstas sean.

Escrito por @ilovelingerie_

 

Mi mujer, su amante y yo

Escrito por @ilovelingerie

trio

Volver a casa después de una larga jornada de trabajo en la oficina y encontrarte a tu querida esposa, madurita y todavía resultona, cabalgando el portentoso miembro erecto de un veinteañero de cuerpo perfectamente moldeado en interminables horas de gimnasio, puede ser un auténtica pesadilla para el común de los maridos o una fantasía hecha realidad para un número cada vez más numerosos de hombres, que orgullosamente se hacen llamar cornudos consentidos.

¿Qué clase de hombre es aquel que consiente que su mujer se vaya a la cama con quien le plazca? Ante todo, un hombre que admira la inteligencia, sensibilidad y belleza femenina, y ama y respeta a las mujeres en su conjunto: a su madre, hija, hermana, amiga, jefa y, por supuesto, su pareja.

Es cierto que el morbo de hacer algo que se considera políticamente incorrecto tiene su importancia, pero por encima de todo está el deseo de hacer lo más feliz posible a la mujer de la que estás enamorado, y el hecho de que ella obtenga el máximo placer sexual posible y que pueda cumplir todas sus fantasías eróticas puede contribuir a estrechar los lazos afectivos entre los miembros de una pareja. En esta sentido, ¿qué mujer que no ha deseado alguna vez en su vida disfrutar de una noche de pasión con dos hombres para ella sola?

A partir de aquí, hay diversas variantes, hay cornudos a los que únicamente les gusta mirar, otros que participan e incluso los hay que su disfrute es que su amor les relate con pelos y señales lo traviesa que ha sido y lo mucho que ha disfrutado del sexo con el pene faraónico su amante. También es posible que cada pareja tenga sus propios códigos o incluso pequeñas manías, en mi caso, no podría soportar que otro hombre despojase a mi amada de sus preciosas braguitas… pero eso tiene fácil solución, se deja la ropa interior en casa y ya está.

No obstante, no todo es tan idílico en esta mundillo de fantasía y erotismo, ya que para llevar con éxito una relación de este tipo hay que tener muchísima confianza el uno con el otro, tener cuidado con los celos y ser muy consciente de que una cosa es el disfrute puramente sexual con tu amante y otra hacer el amor con la persona que te da un beso de buenos días cada mañana.

Escrito por @ilovelingerie

Mi despertar a la bisexualidad masculina

Me alegra hablar en mi blog sobre la bisexualidad, quizás una orientación menos comprendida que otras. Y voy a tratar el tema gracias a un artículo escrito por @ilovelingerie_, fiel lector y colaborador, que nos abre su corazón para explicar cómo fue su depertar a la bisexualidad masculina. Los hombres bisexuales se enfrentan incluso quizás a más cuestionamientos:  que si son menos hombres, que si en el fondo son homosexuales, que si son unos viciosos que les gusta todo… Fuera mitos y prejuicios.  Y, sobre todo, ¡gracias por compartir tu experiencia!

——————–

Mi despertar a la bisexualidad masculina

bisexualDesde que era adolescente, sentí una gran curiosidad por todo lo relacionado con el sexo. Durante mi pubertad, me masturbaba a diario, en ocasiones más de una vez, seguramente como la mayoría de adolescentes. Pero lo que posiblemente me diferenciaba de otros chicos de mi edad, es que mis fantasías eróticas eran más elaboradas y nunca tuve miedo a dar rienda suelta a mis instintos sexuales, y así fue como descubrí mi fetichismo por la lencería y mi atracción sexual por mi mismo sexo.

Durante algunas épocas, mientras me daba placer no sólo fantaseaba con las virginales braguitas de mis queridas compañeras de clase, sino que imaginaba como sería acariciar un pene y que un chico acariciase el mío. Cuando fui al instituto, comencé a compartir vestuario y duchas con otros adolescentes y mi interés fue creciendo. Me gustaba mirar sus penes, sus formas y tamaños, y compararlos con el mío, incluso algunos culitos ya me resultaban apetecibles. El problema era que me excitaba tanto que me resultaba difícil esconder mi erección, por lo que intentaba ducharme el primero y ponerme el slip antes de que mis compañeros llegasen. Sin embargo, nunca sucedió nada. Imagino que yo no era el único que tenía aquellos pensamientos libidinosos, pero era un chico tímido que nunca se atrevió a ir más allá y nunca recibí ninguna insinuación. De hecho, finalicé el instituto sin haber perdido mi virginidad, ni con chicos ni con chicas.

Fue durante la universidad que comencé a disfrutar de mis primeras experiencias homosexuales y cuando comencé a tener conciencia real de ser bisexual, ya que hasta entonces lo que me movía era la curiosidad. Como hombre, hacer una felación es una de las sensaciones más excitantes que puede haber, es como estar haciendo algo muy travieso, algo que se supone que un hombre formal no debería hacer. Esa sensación de morbo se incrementa cuando una mujer observa a mi lado como le doy placer oral a un chico. Aunque disfruto del sexo homosexual, muy pocos chicos me atraen, diría que menos del 10%, en cambio no tendría inconveniente en irme a la cama con tres de cada cuatro mujeres aproximadamente.

Según mi experiencia personal, continua siendo difícil decir abiertamente que eres bisexual, ya que esta condición sexual sigue siendo asociada por muchas personas al vicio y la perversión (la famosa coletilla “le da lo mismo carne que pescado”), pero soy optimista y confío en que, poco a poco, la bisexualidad sea aceptada como una opción más. Yo me considero una persona sensible, romántica y cariñosa, y aunque siento pasión por el sexo, el amor es, sin lugar a dudas, mucho más importante.

Escrito por @ilovelingerie_

Ese maravilloso triángulo negro

Una vez más, cuento en mi blog con un artículo escrito por @ilovelingerie_ , del que ya he publicado otras colaboraciones. En este caso habla sobre el vello púbico femenino. Ahora que está tan de moda la depilación integral, ¿es la preferida para todxs? A continuación, la opinión personal de @ilovelingerie_ , amante del sexo y de la lencería.

depilaciónpubis

Cómo la mayoría de los adolescentes de finales de los años 80 y principios de los 90, debo agradecer mi despertar sexual, en gran medida, a algunas de las obras maestras de la extensa cinematografía española de la época del “destape” (como por ejemplo Los bingueros, El liguero mágico o ¡Qué tía la C.I.A.!), interpretadas, cómo no, por los geniales actores Fernando Esteso, Andrés Pajares y Antonio Ozores, entre otros.

En el transcurso de sus delirantes aventuras, nunca faltaban mujeres con cuerpos naturales luciendo su desnudez, con un sinfín de curvas en las que perderse y abundante vello púbico. Aquel triangulo de color negro me fascinaba, lo interpretaba como una señal inequívoca que me indicaba que allí mismo, escondido, había algo maravilloso. Una y otra vez, congelaba aquellas escenas y me masturbaba fantaseando con que alguna de aquellas diosas (como Adriana Vega, Azucena Hernández, Isabel Luque… ) me desvirgaba.

Y es que, tras desprender a una mujer de sus braguitas, para mí no hay nada más natural que encontrarme un precioso sexo bien poblado, el cuerpo de la mujer es así, y como tal lo acepto, disfruto y admiro. A mí, que nada me gusta más en el terreno sexual que dar placer oral a una mujer y recibir en la boca sus fluidos, me resulta tremendamente excitante jugar con sus pelitos y apartarlos con la lengua hasta alcanzar su clítoris.

La obligación de estar “perfecta” puede resultar una obsesión y tener que depilarse cada semana no es precisamente el sueño de una mujer. Si se tiene mucho vello y supera los bordes de la braguita, basta con recortarlo un poquito para seguir luciendo un sensual triángulo negro que, a buen seguro, hará las delicias de muchos más hombres de los que las mujeres creen.

Una vagina completamente depilada también puede ser muy bonita, pero me parece más propio de una adolescente en su etapa de pubertad que de una mujer adulta. Como todas las modas, seguro que pasará, pero mientras tanto, seguiré recordando con nostalgia los cuerpos naturales de las musas del destape.

Escrito por @ilovelingerie_ 

Mejor solo que mal acompañado

Si las relaciones sexuales con otra persona no nos satisfacen totalmente, ¿es preferible una buena masturbación? Esta reflexión nos la plantea @ilovelingerie_ en este artículo.

———————————–

Don Jon¿Es posible que algún hombre prefiera masturbarse viendo pornografía en lugar de tener relaciones sexuales con Scarlett Johansson? Sinceramente parece difícil, pero el protagonista de la película Don Jon plantea este interesante dilema.

Don Jon es un hombre joven y tremendamente exitoso con las mujeres, capaz de llevarse a la cama, sin apenas esfuerzo, a las féminas más atractivas. Sin embargo, es incapaz de disfrutar de sus relaciones sexuales.

Él concibe el sexo como si fuese una película porno (en su mente sólo hay chicas contorsionistas, con pechos enormes dispuestas, a ser penetradas en todo tipo de posiciones, tanto vaginal como analmente, y adictas a practicar felaciones en los lugares más insólitos, recibiendo gustosamente el semen en sus bocas) y, claro, las “chicas reales” le decepcionan.

Esto no quiere decir que no haya chicas que encajen con este perfil tan atrevido, pero según mi experiencia, e imagino que de la gran mayoría de los hombres, no es lo más habitual. Por lo tanto, insatisfecho y decepcionado después de completar el acto sexual y mientras su amante duerme plácidamente, Don Jon acude a escondidas a masturbarse delante del ordenador, saciando rápidamente su sed de placer. En ese preciso instante es completamente feliz.

Aunque parezca sorprendente, debo admitir que decir que, en parte, empatizo con el comportamiento del personaje de esta película, ya que a mí también me encanta masturbarme y la idea sumergirme en el universo erótico de internet para evadirme de la realidad cotidiana es muy estimulante. En mi caso, por ejemplo, el equivalente sería algo parecido a contemplar a dos chicas guapas vestidas con unas lindas braguitas y dándose tiernos besitos.

Tal vez fuese porque yo no di la talla como amante, pero, al igual que Don Jon, he experimentado relaciones sexuales reales que me han dejado completamente indiferente. Cuando dos, o más personas, tienen una buena compenetración, el sexo real es mucho más interesante que el virtual, pero cuando esto no sucede, una buena masturbación también puede llevarte al cielo.

Escrito por @ilovelingerie_ 

Otros artículos de @ilovelingerie_ :
La mejor hora para disfrutar del sexo
Una mañana cualquiera (I, II y III)
La seducción también es cosa de hombres
Disfrutando del sexo sin penetración

 

La mejor hora para disfrutar del sexo

Escrito por @ilovelingerie_ 

¿Hay una hora mejor que otra? @elsexoesnatural nos explica cuál es para él su momento favorito para el sexo. ¿Cuál es el vuestro?

reloj
Si eres un asiduo lector o lectora de este blog muy probablemente opinarás que cualquier hora del día es buena para disfrutar del sexo. Aunque estoy completamente de acuerdo con esta afirmación, existen unos momentos concretos en los que a mí personalmente me apetece más.

Si estoy en compañía, mi momento favorito es, tempranito por la mañana y, además, se me ocurren diferentes opciones. Por ejemplo nada más despertarse, esos besitos descoordinados y caricias perezosas iniciales, que llevan a bajar desesperadamente las braguitas de tu chica y que acaban convirtiéndose en una intensa sesión de sexo, que te deja sin tiempo para tomar el desayuno.

La ducha también es un buen lugar para gozar del sexo matutino pre-laboral, aunque para algunos o algunas puede resultar incómodo, nunca hay que subestimar el poder de unos chorros de agua caliente deslizándose por dos (o más) cuerpos desnudos…

Seguro que estaréis de acuerdo en que cualquiera de estas opciones es perfecta para llegar al trabajo con una sonrisa de oreja a oreja y ser la envidia de tus compañeros y compañeras.

Despertarse temprano los fines semana también tiene sus ventajas, ya que así podemos disfrutar de una larga y placentera sesión de slow-sex, y después ir a tomar el aperitivo con un par de orgasmos ya en nuestro cuerpo.

La situación cambia completamente si no tengo pareja, ya que en ese caso el momento ideal para darme placer es por la noche. Me encanta masturbarme tendido en la cama, poco a poco, retrasando el momento de la eyaculación, a veces hasta cerca de una hora. La masturbación me relaja muchísimo y me ayuda a dormir plácidamente durante toda la noche. Sin duda, mucho más efectivo, económico y placentero que tomar una pastilla.

De una manera u otra necesito disfrutar del sexo a diario y es que como dice el refrán “un día sin sexo, es un día perdido”.

 

Una mañana cualquiera (y III)

Un relato de @ilovelingerie_  (Lee la primera Una mañana cualquiera y la segunda parte Una mañana cualquiera II)

sexo en el sofá

La comida transcurrió con la misma dinámica, Inés coqueteando de manera más o menos descarada y yo, sorprendido y expectante, dejándome llevar por la situación. Una vez terminamos con los postres (ambos coincidimos de nuevo en pedir helado de vainilla), Inés pronunció las palabras mágicas.

– ¿Tomamos el café en mi casa? No tengo planes para esta tarde, mi marido está de viaje y las niñas están de colonias…

El subconsciente me traicionó y pronuncié, posiblemente, las palabras más absurdas de mi vida.

– Lo siento, no bebo café, me pone nervioso y después no puedo dormir.

¿Se puede ser más estúpido? La realidad es que bebería litros de café si ella me lo pidiese…

– Bueno, pues te tomas un zumito de naranja…

Un síntoma de que alguien me gusta es que comienzo a decir tonterías, nunca he sabido cómo evitarlo. Menos mal que el zumo de naranja sí que me gusta…

Su casa no quedaba muy lejos y fuimos caminando, tardamos unos 15 minutos en llegar. Mi tensión sexual era máxima, pero a ella se la veía muy relajada, con confianza en sus posibilidades, pero de repente la historia dio un giro radical…

Nada más cerrar la puerta de su piso, sentí un deseo irrefrenable por poseerla. Mi timidez inicial se había evaporado. Inés estaba de espaldas y repentinamente la agarré firmemente por la cintura, se dio la vuelta sorprendida y comencé a besarla. No le di opción a resistirse. Ahora era ella quien estaba desconcertada, pero aun así no se resistía…

Envueltos en una ola de pasión, nos besábamos apasionadamente. Nuestros labios se compenetraban como si se conocieran de toda la vida. Me gusta tomarme mi tiempo cuando hago el amor con una mujer, pero en aquella ocasión era diferente. Tal vez ambos habíamos imaginado otra situación, pero llegado aquel punto, no había marcha atrás. Era como el reencuentro de dos apasionados amantes que llevaban mucho tiempo sin disfrutarse el uno al otro.

Mis manos recorrían el cuerpo de Inés de manera apresurada y un tanto nerviosa, examinando cada una de sus curvas. Me detuve en sus nalgas y las estrujé con una mezcla de fuerza y delicadeza. El trasero no era uno más, era el culo con el que había soñado en innumerables noches de pasión solitaria y que tanto semen había conseguido extraerme sin ni siquiera haberlo tocado. Por encima de la falda, acariciaba los bordes de sus braguitas, era una sensación mágica poder disfrutar de la que para mí había sido una prenda de culto durante tanto tiempo. Ciertamente no estaba dispuesto a dejar desaprovechar aquella oportunidad y la estaba disfrutando al máximo.

Puse el cuerpo de mi amada contra la pared y desabroché bruscamente su blusa, tanto que uno de los botones se rompió. Sin llegar a despojarla de su elegante sujetador de encaje de color blanco, saqué sus pechos. Eran blanquitos, en sintonía con la palidez de su cuerpo que tanto me gustaba. Mientras acariciaba uno de sus senos con una mano, lamía y mordisqueaba el pezón del otro. Iba alternando mis acciones para que ninguno de ellos se sintiera desatendido.

Acto seguido y de manera simultánea, le subí la falda hasta la cintura y deslicé sus braguitas, a juego con el sujetador, hasta los muslos, dejando visible un precioso y cuidado triángulo de color negro. Palpé con mis dedos la humedad de su sexo y me los llevé a la boca, los saboree mientras la miraba a los ojos, tal y como había supuesto, la parte más íntima de su cuerpo tenía un sabor delicioso. Ni un segundo estaba siendo malgastando, cada uno de mis movimientos tenía como objetivo que Inés se sintiese más deseada de lo que ningún hombre la había hecho sentir en toda su vida.

Ella volvió a pasar a la acción, desabrochando y bajando mis pantalones y mi ajustado bóxer de color negro al mismo tiempo. Mi pene completamente erecto quedó expuesto ante Inés. Mi miembro se mostraba radiante y poderoso por su envergadura, pero también vulnerable e indefenso por el hecho de estar completamente depilado, lo agarró con una mano y sonrió, mirándome a los ojos, en señal de aprobación.

La apoyé contra un sofá que había en el salón, separé sus piernas y deslicé sus braguitas hasta que acabaron en el suelo. Yo estaba de pie y ella arqueada de espaldas a mí, ofreciéndome su sexo. La agarré de la cintura y la hice mía. Fue un movimiento rápido y contundente, como nunca había penetrado a una mujer. La excitación de Inés hacía que ella ya estuviese perfectamente lubricada y mi pene fue acogido con enorme deseo por su calentito y estrecho sexo.

Yo inicié una serie de fuertes y rápidas embestidas, que provocaron los gemidos instantáneos de mi amada. De vez en cuando, aflojaba el ritmo y me acercaba para darle besitos en el cuello, la boca y la espalda. Quería dotar de un toque romántico a nuestra primera vez. Desde hacía años, Inés era la única mujer que ocupaba mis pensamientos y apenas era capaz de recordar la última vez que había tenido relaciones sexuales con otras persona.

Aunque con mucho esfuerzo, estaba consiguiendo retrasar mi eyaculación tanto como fuese posible. La sensación de estar dentro de Inés era maravillosa y no quería que acabase nunca, pero ella merecía un disfrutar de un buen orgasmo. Su respiración entrecortada me indicaba que aquel momento estaba cerca… muy cerca. Un tremendo suspiro de placer fue el detonante para que mi pene claudicase y acabase descargando el resultado de mi pasión en el rincón más íntimo de su cuerpo. No teníamos más energías. Acabamos los dos tendidos en el suelo, sin saber qué decir ni qué había sucedido aquel día que cambiaría nuestras vidas para siempre.