“Me pareces muy atractivo. ¿Tendrías sexo conmigo?”

En 1978 se realizó un experimento en la Universidad de Florida para comprobar si había diferencias en el interés por el sexo casual en hombres y en mujeres. Un chico atractivo paseaba por el recinto de la universidad, se acercaba a chicas desconocidas y les decía “Te he visto por el campus y me pareces muy atractiva”. Luego les formulaba una de las siguientes preguntas, “¿quieres salir esta noche conmigo?”, “¿vendrías esta noche a mi apartamento?” o “¿te irías a la cama esta noche conmigo?”. Sigue leyendo

¿Te gustaría hacer un trío?

mickey-minniePongámonos en situación. Vemos a una pareja estable donde uno de los dos tiene interés en hacer un trío. Ahora hay que decírselo al otro integrante del dúo y esa no es cuestión baladí. Hoy en día se entiende bien que dentro de una pareja se juegue y se experimente. Pero lo de añadir otras personas a la vida sexual, ¡ay amigo!, eso ya es otra línea a traspasar.

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¿Y si disfruta más con la otra persona que conmigo?

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Cuando una pareja se plantea hacer un trío pueden surgir varias dudas iniciales, algunas son referentes a aspectos de organización práctica (dónde encontramos a esa tercera persona o la gestión de los preservativos, entre muchas otras) y hay otras relativas a aspectos más emocionales. Quizás el más importante de todos ellos sean los celos.

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Bésame mucho

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El beso de Times Square (1945).

Los labios son una de las partes más sensibles del cuerpo. La lengua tiene infinidad de terminaciones nerviosas. Besar pone en movimiento más de 30 músculos faciales, acelera el ritmo cardíaco, el corazón bombea más sangre, libera muchas hormonas y quema calorías (mínimo 12). Su impacto refuerza el sistema inmunitario, alivia el dolor y generan sensación de bienestar (al generar endorfinas). Activa la circulación sanguínea. Mejora el estado de ánimo. Y aunque se pueden transmitir hasta 80 millones de bacterias en un beso, esos microorganismos ajenos no acostumbran a colonizar tu boca.

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El sexo es lo de menos (o no)

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Las parejas swingers o liberales se definen como aquellas que tienen relaciones sexuales abiertas y consentidas con otras personas. ¡Qué maravilla!, pensarán algunos. Pues sí, eso está muy bien. Pero para mi el sexo no es lo más importante en este tipo de relaciones. ¿Cómo que no?, preguntarán entonces. Porque me parece que hay otros aspectos, más importantes, que pueden caracterizar a una pareja que opta por este estilo de vida.

En una pareja abierta hay confianza, intimidad y complicidad porque se comparten deseos y fantasías. Quiero decir, no es necesario esconder las revistas porno en el altillo.

A una relación swinger se llega en un momento de madurez en la pareja, de seguridad en los sentimientos. Esto no quiere decir que en algunos momentos no pueda haber ciertos celos, como en cualquier relación entre personas.

Hay respeto, sinceridad y comunicación. Hablar sobre cómo se vive, se siente, se disfruta, se duda… es la mejor manera de que fluya. De esta manera se define el tipo de relación que se quiere tener, ya que dentro del ser swinger hay mucha variabilidad. Hay parejas que hacen intercambios simultáneos, otras que añaden una tercera persona en sus relaciones, quienes no llegan a la penetración pero sí otros juegos sexuales, quienes libremente pueden tener relaciones con otras personas sin mayor condicionante…. Se dice que cada pareja es un mundo y en este caso también es así, cualquier posibilidad aceptada por ambos es perfectamente válida.

En una relación swinger hay amor, por eso mismo, quieres que la persona a la que amas se lo pase bien. Como hay generosidad, te alegras cuando ves disfrutar a tu pareja, cuando ves que cumple una fantasía.

No hay un sentido de la propiedad ajena en lo físico, con lo que no pasa nada por gozar con otra persona. El acto sexual es algo simplemente físico y la relación de pareja se sustenta en sentimientos.

En una relación swinger no necesariamente se folla cada semana con alguien diferente (aunque alguna pareja he conocido que parece obsesionada con batir records). Habrá épocas de más y de menos actividad. Momentos que apetecerá salir de la rutina y otras en que se disfruta de la buena sexualidad en la propia pareja. Además, no siempre el sexo con otros es más satisfactorio.

Muchas parejas manifiestan un antes y un después de haber adoptado un estilo de vida liberal. Pero, ojo, ser swinger no es la solución a todos los problemas. Ni pienso que ser sexualmente abiertos sea mejor que no serlo. No defiendo que todo el mundo tenga que ser liberal. Cada uno que siga sus valores y forma de ver la vida. Tampoco creo que sea recomendable llegar a una relación swinger sin estar convencidos, simplemente porque se cede ante las insistencias del otro. Pero sí opino que hay aspectos que mejoran en una relación de pareja que libre y convencidamente adopta este tipo de prácticas. Es más, me parece que una vez vives de manera swinger, debe resultar muy difícil tener después una relación convencional. Y no por el sexo (que también), quizás por todo lo demás.

Mejor solo que mal acompañado

Si las relaciones sexuales con otra persona no nos satisfacen totalmente, ¿es preferible una buena masturbación? Esta reflexión nos la plantea @ilovelingerie_ en este artículo.

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Don Jon¿Es posible que algún hombre prefiera masturbarse viendo pornografía en lugar de tener relaciones sexuales con Scarlett Johansson? Sinceramente parece difícil, pero el protagonista de la película Don Jon plantea este interesante dilema.

Don Jon es un hombre joven y tremendamente exitoso con las mujeres, capaz de llevarse a la cama, sin apenas esfuerzo, a las féminas más atractivas. Sin embargo, es incapaz de disfrutar de sus relaciones sexuales.

Él concibe el sexo como si fuese una película porno (en su mente sólo hay chicas contorsionistas, con pechos enormes dispuestas, a ser penetradas en todo tipo de posiciones, tanto vaginal como analmente, y adictas a practicar felaciones en los lugares más insólitos, recibiendo gustosamente el semen en sus bocas) y, claro, las “chicas reales” le decepcionan.

Esto no quiere decir que no haya chicas que encajen con este perfil tan atrevido, pero según mi experiencia, e imagino que de la gran mayoría de los hombres, no es lo más habitual. Por lo tanto, insatisfecho y decepcionado después de completar el acto sexual y mientras su amante duerme plácidamente, Don Jon acude a escondidas a masturbarse delante del ordenador, saciando rápidamente su sed de placer. En ese preciso instante es completamente feliz.

Aunque parezca sorprendente, debo admitir que decir que, en parte, empatizo con el comportamiento del personaje de esta película, ya que a mí también me encanta masturbarme y la idea sumergirme en el universo erótico de internet para evadirme de la realidad cotidiana es muy estimulante. En mi caso, por ejemplo, el equivalente sería algo parecido a contemplar a dos chicas guapas vestidas con unas lindas braguitas y dándose tiernos besitos.

Tal vez fuese porque yo no di la talla como amante, pero, al igual que Don Jon, he experimentado relaciones sexuales reales que me han dejado completamente indiferente. Cuando dos, o más personas, tienen una buena compenetración, el sexo real es mucho más interesante que el virtual, pero cuando esto no sucede, una buena masturbación también puede llevarte al cielo.

Escrito por @ilovelingerie_ 

Otros artículos de @ilovelingerie_ :
La mejor hora para disfrutar del sexo
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Disfrutando del sexo sin penetración

 

De muñecas a robots sexuales… y llegando a sistemas operativos

Hace poco escribía sobre muñecas y robots sexuales, que aportan sexo solo pero “acompañado”. Ahora me surge la necesidad de completar ese entrada hablando de sistemas operativos. Por si a alguien le suena el tema, sí, este artículo está relacionado con la película “Her” de Spinke Jonce.

No pretendo hablar de la película, más bien reflexionar a partir de ella. Pero, creo que, inevitablemente, debo avisar de que lo que sigue puede ser spoiler.

En Her se plantea un romance entre Theodore y su sistema operativo inteligente, Samantha. Y no es para menos. Samantha es inteligente, aguda, oportuna, divertida y hasta sensible. Es una voz ( ¡y vaya voz! En la versión original, sensual voz la de Scarlet Johanson). Y no sólo eso, también tiene personalidad.

Si en el artículo citado al inicio de éste hablaba de relaciones sexuales, aquí hablo de relaciones sentimentales. ¿Sería posible enamorarse de un sistema operativo? Se adapta a nosotros, nos entiende, nos escucha, nos hace reír, nos hace sentir bien, nos crea una dependencia emocional. Pero, ¿puede considerarse realmente una relación?

Y luego está el tema sexual. En toda (bueno, por no generalizar, en casi toda) relación de pareja hay sexo. Entre Theodore y Samantha también lo hay, hablado, estilo telefónico. Es genial la primera escena de sexo entre ellos, pantalla en negro con las dos voces en off excitadas y excitándose. El plano sexual es importante y ella tiene la inseguridad de no tener un cuerpo físico que le haga sentir y haga gozar a su compañero. Pero, si una relación te aporta mucho a nivel sentimental o intelectual, ¿podemos concebirla sin sexo?

La historia reflexiona sobre las relaciones de pareja, sobre otro tipo de relaciones de pareja. Sobre qué relación estamos estableciendo con la tecnología. Y también habla de aceptar lo diferente, de huir de prejuicios, de disfrutar de aquello que nos hace felices, de sentir, de vivir.

Los robots sexuales son una realidad. Los sistemas operativos ultrainteligentes, de momento, ciencia ficción. Pero quién sabe donde llegaremos. Y si llegamos, ¿qué pasará? Hace años nadie pensaba que pudiera ser masturbado por un robot.