Se buscan vaginas y vulvas ‘perfectas’

En mi sección de sexo de la radio, dentro del programa Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García, hablamos de genitales femeninos porque en general tratamos poco sobre ellos. Para empezar, ni tan siquiera los nombramos correctamente y, para continuar, hay mitos, muchas veces negativos, respecto a ellos. Así que fue una sección de puesta en valor de nuestra zona íntima.

¿No los nombramos correctamente? No, muchas veces les llamamos vagina refiriéndonos al todo, cuando la vagina es solo una parte. O decimos vagina (parte interna) cuando en realidad nos queremos referir a la vulva (parte externa).

Este vídeo, aunque en inglés, es bastante instructivo (escena de la serie Big Mouth, de Netflix).

También hablamos de esas zonas íntimas “perfectas” y como los cuidados y la cirugía también han llegado allí.

En la subsección de historia nos fuimos a la mitología griega para hablar de Príapo, un dios con un falo en permanente erección. Y origen de la palabra priapismo.

En las noticias, comentamos el beso entre una concursante de Operación Triunfo y su novio trans en ‘prime time’, un acto de normalización y visibilización del colectivo LGBTI.

Puedes escuchar el programa en el podcast que enlazo a continuación (a partir del minuto 30:35)

El clítoris, un placer conocerte

Clitoris_Revisando el otro día las estadísticas de este blog me encontré, entre los términos de búsqueda usados para llegar a él, varios conceptos relacionados con el clítoris. Bien, es un órgano que sigue planteándonos ciertas dudas. Lo llamativo vino cuando entre las búsquedas aparecían (y no una ni dos veces) expresiones del tipo “como dejar de ser clitoriana”, “complejo de ser clitoriana” o “como conseguir orgasmo vaginal”. ¿¡Cómo!? Esto se merecía un artículo.

La gran mayoría de mujeres (se habla de un 75% o más) consigue sus orgasmos a través del clítoris, ese pequeño pero maravilloso órgano cuya función es dar placer. En total puede tener un tamaño de unos 13 centímetros aunque solo vemos una pequeñísima parte, el resto se encuentra en el interior del cuerpo. Su punta mide normalmente entre 0,5 y 1 cm en excitación y tiene más de 8.000 terminaciones nerviosas (similar al pene, lógico si pensamos que ambos órganos se desarrollan a partir de la misma zona embrionaria). Por el otro lado, está unido a la vulva con lo que también se llega a estimular a través de ella.

Masters & Johnson fueron de los primeros en reivindicar el papel del clítoris en el orgasmo femenino. Sus estudios sobre la respuesta sexual humana (1966) definían el clímax femenino por su estimulación directa o indirecta (a través de la vagina).

mano clitorisPero cierto es que en muchas ocasiones se sigue dejando de lado o devaluando a este pequeño gran órgano. Quizás es la cultura popular que nos hace pensar que al clímax se llega por la penetración y que si además llegas a la vez que tu acompañante es lo más. O teorías como la de Freud, que divulgó que el orgasmo clitorial era inmaduro y que una mujer adulta debía tener orgasmos vaginales. O la tradición falocéntrica en la que lo importante es el pene y, por ende, su interacción con la vagina. O el porno que nos muestra a mujeres que disfrutan como locas de la penetración. Sea por todo esto o no, centrar el placer femenino en la vagina es limitarlo y causar frustraciones. Hay mujeres que no llegan al clímax por la penetración y que lo ven como algo extraño cuando, de hecho, es lo más habitual. Aunque peor son esas otras que se han quedado ahí y no han llegado a explorar ni descubrir otras posibilidades.

No quiero con esto desprestigiar ahora a la vulva porque la penetración también es muy estimulante y placentera. Pero sigue siendo necesario poner al clítoris en el lugar que le corresponde. No debemos sentir complejo por ser clitorianas ni mucho menos podemos dejar de serlo. Al contrario, deberíamos todas estar enamoradas de nuestro clítoris y de los buenísmos momentos que nos proporciona.

 

¿Realmente nos gusta el cunnilingus?

nosgustacunnilingus

Así formulada, esta pregunta puede inducir a error. Y si no, que levante la mano quien no se haya imaginado pronunciándola a una mujer con gafas de carey, moño en alto y un lápiz apuntando a unos labios fruncidos y reprobadores . A estas alturas de la Historia, en pleno siglo XXI y después de décadas luchando por el conocimiento y reconocimiento de la identidad social, fisiológica y sexual femenina, no deberíamos dejar que ninguna señorita Rottenmeier del tres al cuarto nos mirase por encima del hombro escandalizada al oírnos proclamar a los cuatro vientos que sí, señores, realmente disfrutamos cuando nos practican sexo oral. Claro está, no a toda costa ni por sistema. ¿De qué depende entonces? Seguid leyendo y enseguida lo descubriréis.

Eso sí, antes de pasar al meollo de la cuestión hay un par de puntualizaciones que debo haceros. Para entender la actitud ambivalente de muchas mujeres ante el cunnilingus, no basta solo con hablar del gusto personal de cada una. Muy al contrario, no estaría de más remontarse en el tiempo y ver cómo la mentalidad patriarcal se ha esforzado durante siglos en reprimir el goce sexual femenino. Definida por las Sagradas Escrituras como un “vaso” de la fertilidad, la mujer se ha visto históricamente avocada a un papel secundario en la práctica del sexo. En tanto que receptora del semen fertilizador, de ella se esperaba sumisión, paciencia y disponibilidad. ¿Cuántas no se habrán mordido el labio bajo el peso de sus maridos, cruzando los dedos para que terminara de una vez con sus embestidas epilépticas y las dejara en paz un rato? Está claro que tal panorama no parece el mejor contexto para animarse a guiar a la pareja en la cama y reclamar un poco más de énfasis en la estimulación genital femenina. Resignación, que dirían muchas.

Otro factor a tener en cuenta –siempre en relación con el anterior- es la idea fija que tenemos sobre nuestros órganos sexuales. A menudo nos debatimos entre una visión abiertamente conservadora que los concibe como simples instrumentos reproductivos y una perspectiva moderna y evolucionada que tiende a situarlos en el contexto del placer sin más. Cuando la primera le gana la partida a la segunda, brotan en nosotros miedos irracionales como la fealdad de nuestros labios vaginales, el tamaño de nuestra vulva o el olor de nuestra entrepierna. Si los hombres viven acomplejados por las dimensiones de su “amiguito”, nosotras no nos quedamos atrás. Y, precisamente por eso, a veces nos cuesta dejarnos llevar. Así que optamos por la postura del misionero porque –aunque es rematadamente clásica- está socialmente aceptada y creemos a pies juntillas que es la que más nos favorece ante nuestro(s) chico(s).

Pero, ¡ay!, cuando nos dejamos hacer… ya no hay marcha atrás. El cunnilingus, como el sexo anal, es una punto de no retorno. Una vez nos relajamos y nos sentimos cómodas ante la idea de tenerle a él lamiendo, chupeteando, acariciando y jugando con nuestro sexo hemos fumado la pipa de la paz con nosotras mismas. Es en ese punto cuando entendemos que el placer propio y ajeno no pasa por tamaños y formas, sino por sensaciones; que la intimidad va mucho más allá de la simple penetración, que no hay mejor manera de conocerse y de darse a conocer que recorrerse mutuamente sin dejarse nada, que la confianza es la llave para que todo sea válido y nada nos ruborice. Sí, nos gusta el cunnilingus, Rottenmeier. ¿A ti no?

por Claudia Méndez, Sexualidad X

El placer de un buen cunnilingus

El sexo oral es una maravilla. Tanto darlo como recibirlo. Pero vamos ahora, mujeres, a recibirlo. Un cunnilingus bien hecho, donde quien lo da piensa en el placer de quien lo recibe, es una delicia. En esos casos hay que disfrutar de esa generosidad.

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Cunnilingus viene del latín cunnus: “cuña” o “vulva”, y lingus: “lengua” y se refiere a la práctica de sexo oral donde se lame, chupa o mordisquea los labios de la vulva, la entrada de la vagina y el clítoris. Es una práctica habitual dentro de las relaciones de pareja, aunque algunos puedan tener cierto reparo. Y ese reparo puede venir por parte del que da (apuro de lamer el sexo por su olor o sabor) pero también de la que recibe y por motivos similares. Ante esto solo puedo decir que donde hay confianza, no deberían haber apuros ni reparos. Solo las ganas.

Cuando se hace un cunnilingus no hay que tener prisa. Puede ser muy excitante para la chica comenzar recibiendo unas caricias, quizás empezando por los pies y subiendo por las piernas. Con calma, acercándose a la vagina pero sin llegar (aún) a tocarla. Sintiendo el roce de las manos en la piel. Deseando que esas manos toquen ya el sexo e incrementando la excitación al no hacerlo. Hasta llegar al punto en que sí, en que ya las manos o la boca se acercan a la húmeda vagina. Y entonces hay que dejarse llevar. Relajarse, sentir, gozar.

En numerosos sitios hay consejos sobre cómo hacer un cunnilingus. Aunque la mejor descripción, por detallista, cercana y vivida, la he visto en el artículo: El arte del cunnilingus. Yo, la verdad, técnicamente no sabría darlos. Lo único, es que creo que el mejor consejo es hacerlo con ganas, disfrutar dando placer. En todo caso, la pareja  irá guiando con sus movimientos y sonidos. Eso sí, en el paseo por el sexo femenino no hay que olvidar el clítoris, ese pequeño y mágico órgano. Es también una buena práctica combinar el uso de la boca y los dedos en la estimulación vaginal.

Realizando sexo oral también es posible el contagio de enfermedades de transmisión de sexual, aunque la probabilidad es inferior que en el coito. Por ello los especialistas recomiendan el uso de algún tipo de protección (como el condón femenino) si se practica con desconocidas.

Tanto si das como si recibes, nada mejor que disfrutar del placer de un buen cunnilingus.

Soy clitoriana, ¿y tú?

Mano mujer

Parece que las mujeres nos dividimos entre las que consiguen el orgasmo por estimulación del clítoris o por estimulación de la vagina (es decir, mediante la penetración). Y también parece que todas preferiríamos ser vaginales, supongo que por aquello de llegar al orgasmo a la vez que se es penetrada y si además conseguimos que los orgasmos sean simultáneos ya es el súmum.

Partiendo de la base que no me gusta clasificar a las personas, ni tan siquiera por cómo llega al orgasmo, debo confesar que yo soy clitoriana y, además, no me provoca ningún miedo, complejo, inferioridad o ansia de querer ser vaginal. Y soy muy clitoriana. Mis orgasmos los consigo por estimulación del clítoris y creo (déjame pensar) que bien pocos he conseguido por la penetración.

La estimulación del clítoris me provoca una sensación más explosiva, más fuerte. Y la estimulación vaginal también me produce placer, por supuesto. Pero es un placer más suave, más contenido. Si bien llego al orgasmo por el clítoris, eso no quiere decir que no me guste – me encante – la penetración y las sensaciones que produce. Una cosa, bajo mi punto de vista, no es incompatible con la otra.

El clítoris es un órgano que tiene como única misión proporcionar placer sexual. La punta del clítoris, que mide entre 0,5 y 1 cm en excitación, tiene más de 8.000 terminaciones nerviosas (el doble que el pene). Por ello, no es de extrañar que la mayoría de las mujeres alcancemos el orgasmo más por vía clitoriana que vaginal (aunque no he encontrado datos claros al respecto, en algunos sitios se habla de porcentajes del 85% de clitorianas e incluso más).

Así, es más que posible que todas encontremos la excitación por el clítoris. Si no lo has probado, búscalo tú misma, mastúrbate porque es la mejor manera de conocer tu propio cuerpo para disfrutar al máximo sola y en compañía. Pero, insisto, no sólo de clítoris vive la mujer. La penetración, por supuesto, no está reñida con el orgasmo clitoriano. Y un día apetecerá una cosa, otro, otra y el tercero, las dos.