El placer del sexo sin prisas

Slow sex

La actriz Mae West dijo en cierta ocasión “Cualquier cosa que merezca la pena hacer, hay que hacerla lentamente”. Y éste podría ser el leitmotiv del movimiento slow. La filosofía slow (lento, en inglés) se basa en la posibilidad de llevar una vida más plena controlando el propio tiempo, sin ser esclavos del reloj. Vivimos en un mundo acelerado, en el que saltamos de un tema a otro y controlamos al minuto nuestro tiempo para llegar a todas partes y a ninguna. Un mundo donde, además, la lentitud se asocia con valores negativos como torpeza, desinterés o tedio. Este movimiento se planta en contra de esta tendencia vertiginosa y defiende los efectos beneficiosos de una actitud pausada y que disfruta plenamente de cada momento. Manifiesta que “se debe poder correr cuando las circunstancias apremian y soportar el temido estrés que en demasiadas ocasiones nos embarga; pero a la vez saber detenerse y disfrutar de un presente prolongado que en demasiados casos queda sepultado por las obligaciones del futuro más inmediato”.

El primer asunto slow fue la comida. La slow-food, surgida como contraste a la fast-food, reivindica el placer de la comida empezando por la preparación de los ingredientes, la cocción, la presentación del plato, la degustación… todo a su debido ritmo. A partir de aquí surgieron otros conceptos como viajes slow, moda slow, educación slow e incluso hay ciudades slow. Y entre todos ellos, también existe el sexo slow.

El sexo lento, sin prisa, implica dedicar tiempo a cada momento del encuentro sexual, desde los preliminares hasta el coito. Disfrutar de cada instante sin pensar en el siguiente, sin estar ansioso por llegar a la penetración o al orgasmo. De esta manera, se mejora la intimidad de la pareja, se genera deseo y placer.

Los juegos previos tienen una enorme importancia en las relaciones sexuales y el slow sex propone detenerse en ellos. Se puede empezar mirándose a los ojos para crear complicidad, acariciándose para disfrutar del tacto del otro, besándose tierna y apasionadamente, abrazándose y estrechándose. El sexo lento comienza creando intimidad. Luego, sin prisa, se quita la ropa y se pasa a caricias más íntimas, a masturbaciones mutuas, al sexo oral… Y cuando llegue el momento de la penetración (si llega, se puede tener una sesión sexual muy placentera sin coito) disfrutarla plena y conscientemente. Se pueden probar diferentes posturas, ritmos lentos y moderados y jugar con la pareja sin pensar en el orgasmo. Éste ya llegará.

El slow sex reivindica también estar totalmente atentos a lo que estamos haciendo. Hoy en día tenemos tendencia a hacer varias cosas a la vez, a hacer una cosa mientras pensamos en otra, y eso disminuye nuestro nivel de atención. Incluso alguna encuesta ha aportado el dato de que un 9% de los entrevistados afirmaron haber utilizado sus smartphones mientras tenían sexo. Pensar en lo que hacemos a cada momento, concentrarnos y abrir todos nuestros sentidos a cada acción aumenta nuestra satisfacción y hace que disfrutemos más de cada encuentro.

La pasión y el desenfreno de un sexo rápido y pasional no está reñido con el slow sex. Son estilos diferentes pero ambos placenteros. Todo depende de la situación, del momento y del acompañante. Es más, en una relación de pareja seguramente se pasarán por ambos momentos. Uno inicial más pasional donde los prolegómenos son menos necesarios porque se vive en casi permanente estado de activación y otro, ya con la relación más consolidada, donde será necesario buscar la intimidad, el conocimiento, la confianza y el placer de un encuentro pausado.

El slow sex implica dedicar tiempo a nuestras relaciones. Un tiempo, sin duda, bien invertido.

Hay quien dice que las mujeres aprecian más el slow sex. No necesariamente. Lee como sería un encuentro de slow sex desde un punto de vista masculino: Disfrutando del sexo sin penetración

Desmontando el mito de la primera vez (y II)

Segunda parte del artículo sobre los mitos de la primera vez a cargo del blog amigo Sexos Opuestos. No te pierdas los primeros mitos desmontados.

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La primera vez, ese momento que todos/as esperamos con ilusión pero también con miedo, temor y dudas. Antes de esa primera vez las chicas se preguntan si les dolerá o si sangrarán, y los chicos sufren por si no dan la talla.

Las inseguridades y los miedos juegan un papel fundamental y hacen que nuestra primera experiencia sea maravillosa (casi nunca lo es) o un desastre.

En cualquiera de los dos casos, tanto si la experiencia es positiva como si es negativa, seguro que hay una serie de ideas y mitos que se derrumban en el momento que pasamos por la prueba de fuego. En ese momento descubrimos que todas las leyendas que hay alrededor del sexo y sobre la primera vez no son como nos las cuentan, porque por desgracia el sexo continúa siendo, en pleno siglo XXI, un tabú.

La primera vez tardas en eyacular

Quizás por las películas más que por las leyendas urbanas, esa es una idea que muchos llevan en la cabeza antes de tener su primera relación sexual.

Siento ser yo quien os dé esta noticia, pero muchos hombres ni tan siquiera después de años practicando sexo aguantan más de un minuto sin eyacular.

Quitando el problema de la eyaculación precoz, que sería un tema aparte, habitualmente los hombres suelen correrse rápido. El “aguante” suele darse con la experiencia a base de voluntad.

En casi el 100% de los casos, se suele perder la virginidad en la adolescencia, así que la falta de experiencia y la juventud son dos ingredientes que aseguran un coito de estos que yo llamo “visto y no visto”. Tranquilos, es lo normal.

Pero aunque sea lo más habitual, esta rapidez puede generar mucha frustración, al menos en aquellos que desean satisfacer a sus parejas y cumplir con las expectativas (irreales) que se habían formado.

Lo de las películas no es verdad. Aguantar durante horas y horas “dale que te pego” es ciencia ficción. Lo de hacer un polvo detrás de otro, tres cuartos de lo mismo. Esta imagen es falsa, totalmente alejada de la realidad. Pero ¿Quien es el guapo que se atreve a desmentirla?. Difícilmente los hombres van a contar que no han podido dar el máximo placer a su pareja porque no han durado más de un minuto. Eso no se cuenta. Y claro, la falta de comunicación unida a las expectativas que genera Hollywood dan como resultado experiencias traumáticas.

Chicos, no os preocupéis. Si ponéis de vuestra parte iréis mejorando. Además, nadie dijo que a una mujer sólo se le pueda dar placer con el pene ¿no?

Orgasmo sí, orgasmo no

“La primera vez no sientes nada”. Otra afirmación que no siempre se cumple.

Aunque los chicos tiene la suerte de experimentar orgasmos sin mucho esfuerzo, nosotras nos lo tenemos que “currar” un poco más. Se trata de una simple cuestión anatómica, no fisiológica.

Nuestros órganos del placer no están tan expuestos y por tanto, la duración del coito y la habilidad de la persona que nos hace el amor, tendrán un papel decisivo a la hora de experimentar un orgasmo.

No voy a negar que es complicado que una chica se corra sólo con la penetración la primera vez que hace el amor. Pero tampoco podemos decir que eso no pase. Cada mujer es un mundo. Y como en el orgasmo tiene mucho que ver la mente, pues hay mujeres con más facilidad que otras para llegar al clímax.

Una buena estimulación genital, por ejemplo con sexo oral, antes de la penetración puede conseguir que, aunque el coito sea breve, llegues al orgasmo.

Conclusiones finales

La primera vez, sólo tiene de especial que es la primera. Así que aunque sea un desastre completo, te duela, lo hagas con la persona menos adecuada, no sientas nada… aunque pase todo esto, siempre, siempre debes tener presente que habrá muchas más veces y que casi todas serán mucho mejor que la primera.

¡Disfruta del sexo y del amor sin miedos!

Por Sexos Opuestos

Habla con tu pareja

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Parejas, por supuesto, de cualquier tipo

Conocí a un chico que era fetichista de pies. Le encantaba esa parte de la anatomía femenina y se excitaba solo con ellos, comiéndolos, lamiéndolos, adorándolos. Había tenido varias parejas pero a ninguna le había comentado su fetichismo. Tan solo había aprovechado para dar algunos besos fugaces en los pies de sus novias, como un gesto cariñoso más que sexual. ¿Vergüenza? ¿Falta de confianza?

Tristemente este no es un caso atípico ni mucho menos. Hay parejas que no hablan de sexo y eso que la comunicación en este aspecto de la vida (como en todos) es fundamental. Quizás por esa vergüenza o esa falta de confianza que apuntaba antes o quizás porque alguna vez alguno lo intentó y no recibió respuesta o fue una respuesta desalentadora.

Comentar con la pareja nuestros deseos, nuestras fantasías, qué nos gusta… va a mejorar, seguro, nuestra relación sexual. Va a proporcionarnos una confianza y una intimidad que va a resultar excitante y morbosa. La sexualidad es algo que todos tenemos y hablar de ella con naturalidad y sin complejos servirá, también, para una mayor compenetración con la pareja.

Una situación tranquila, relajada, con la pareja puede ser un buen momento para iniciar una conversación sobre sexo. Si hay algo que mejorar, no se ha de enfocar como un reproche o una queja, ¿por qué no tratarlo desde un punto positivo? Si hay una fantasía, se puede comentar como lo que es, una imaginación. En este caso, como interlocutores, no hay que valorarla o sentirnos mal porque nuestra pareja tenga una fantasía que, quizás, no nos incluya. Hay que agradecer la apertura, la confianza, el regalo de compartir esa confidencia. Porque, al fin y al cabo, sólo es algo que está en la mente. Y, por supuesto, nunca hay que juzgar. La sexualidad humana es muy rica y diversa.

Mi amigo adorador de pies veía su fetichismo como algo “poco normal” y pensaba que no le iban a entender. Pero, ¿qué es normal y qué no lo es? No debemos avergonzarnos de nuestra sexualidad porque todas las formas (por supuesto con consentimiento y libertad) son respetables.

También puede ser que nuestro interlocutor no quiera hablar de ese tema porque, por ejemplo, le incomode. Podemos, entonces, ir a poco a poco, manejando los tiempos en la comunicación. Quizás se puede empezar compartiendo alguna lectura erótica o un vídeo subido de tono. Puede que así vayamos consiguiendo esa apertura y confianza que creo que es beneficiosa para cualquier pareja.

¿Hablas de sexo con tu pareja? ¿No? Pruébalo, a lo mejor te sorprende y gratamente.