No todo el monte es orgasmo

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Una mañana de excursión. Un paraje natural precioso, con un río, unas cascadas al final del recorrido donde ya apenas llegaba la numerosa gente que frecuentaba el lugar. Verano. Calor. Calenturas. Sexo al aire libre… Mmmmm…. ¡¡¡Sí!!! Pues, no. “Espera que viene alguien”. “Cuidado que se me clava una piedra”. “¡Ay, un bicho en mi pierna!”. “Me roza un hierbajo en el culo”. “¿Y ese ruido? ¿Son cascabeles?”. Lo eran. Y los llevaban un rebaño de cabras que se acercaron a nosotros con una cara a medio camino entre la intriga y el miedo. Al cabrero no lo llegamos a ver, aunque sospechamos que también estaba por ahí. Así no era plan. Seguimos la excursión. ¡Qué paisaje tan bonito! Eso sí.

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¿Tienes sueños eróticos?

Sueño-sexo

Envidio a quienes tienen sueños eróticos. Envidio a quienes se despiertan excitados y con ganas de sexo porque su subconsciente (o lo que sea) le ha animado a ello. Como deduciréis no me pasa habitualmente, yo diría que nunca he tenido ese placer. He soñado con sexo algunas veces. Hay dos que recuerdo especialmente. En una había un escenario con hombres sentados en sillas y chicas de rodillas haciendo mamadas. Me tocaba subir a mi y me esperaba mi ex-jefe (en aquel momento aún lo era), señalándome con el dedo para que fuera y mirándome con ojos libidinosos y sonrisa dantesca. Estuve varios días perturbada por esa pesadilla. En el otro sueño que recuerdo, me tiraba a un conocido, a quien, sorprendentemente, no había visto jamás desde un punto de vista erótico. Empecé a mirarlo de otra manera, aunque seguí sin encontrarle el sex appeal por ningún lado.

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Te cuento mi fantasía y… ¿qué hacemos?

Este artículo va sobre parejas, parejas que se confían sus fantasías pero en las que hay un desnivel en inquietudes sexuales. Un miembro quiere más, el otro, no tanto. ¿Qué hacer entonces?

Imaginaos la siguiente situación: una pareja en la que uno de los miembros quiere hacer un trío (por buscar una fantasía común) y comparte esta fantasía con su compañero/a. Ante esta muestra de confianza podemos tener dos reacciones:

a) La pareja no quiere ni oír hablar de ello
b) La pareja escucha, parece que no le desagrada la idea pero necesita algo de tiempo para poder hacerlo.

Existe también una tercera reacción en la que el compañero se muestra encantado con la idea, fantasean juntos, buscan a la persona adecuada y hacen ese trío. Y comen perdices. Pero este artículo no va de estos casos.

Tampoco va de las parejas que ni siquiera comentan sus inquietudes. Ahí hay otro trabajo previo, relativo a la mejora de la comunicación y la confianza sexual.

confianza

Vamos a volver a las reacciones a y b, que no son extrañas en una situación como la planteada. Ante la primera, poco puedo decir. Me parece triste, muy triste, que dentro de una pareja no se puedan hablar de estos temas. La persona que se abre al otro y le cuenta sus fantasías está demostrando una confianza que ha de agradecerse, escucharse e, idealmente, convertirse en complicidad para hablar, fantasear e incluso, por qué no, realizar. Pero encontrarse un muro, puede ser decepcionante. Ante esto, que cada uno decida si quiere o no cumplir con sus inquietudes y cómo.

También puede pasar que nuestra pareja nos escuche, pero aún no se atreva, no lo vea claro. Entonces debemos ser flexibles. Podemos estar a diferentes niveles sexuales, pero hay apertura e interés. Puede haber cierta inseguridad que se puede ir hablando y trabajando conjuntamente, siempre respetando los límites y las ideas de cada uno. Nunca hay que forzar nada. Una primera aproximación al tema, quizás menos intensa para uno pero adecuada para el otro será una opción muy válida y que ha de valorarse y agradecerse. Estamos avanzando y puede que poco a poco lleguemos a esa fantasía. O puede que no, que ahora no sea el momento y más adelante sí. Pero se ha hablado y confiado, cosa muy importante en una pareja.

En esta situación b, también se puede dar el caso de que la pareja escuche diga que sí pero luego no se haga nada. Se dan largas, se ponen trabas y no se avanza. Puede, en el fondo, tratarse de una versión de la situación a. O quizás haya una distancia muy grande entre lo que busca uno y lo que puede ofrecer el otro y la aproximación resulta difícil.

El desarrollo y evolución de la sexualidad forma parte de la vida y para algunos, es además, una parte importante de su realización personal. Me parece muy bonito poder compartir esas inquietudes sexuales con la pareja y deberíamos todos ser más abiertos, tanto para confesar nuestras fantasías como para hacer nuestras las del otro. Es cierto que no todas las personas tenemos las mismas inquietudes, que hay para quienes desarrollar la sexualidad es una necesidad vital y para otros no tiene tanta importancia. Sea como sea, una pareja que habla, se cuenta sus fantasías y les presta atención con respeto y sin prejuicios es una pareja más unida y más cómplice. Si luego, además, la ponen en práctica, no tengo duda de que estarán un pasito más cerca de ser felices juntos, al menos felices sexualmente.

Sexo salvaje: deja salir tus instintos

sexosalvajeSi nos atenemos a la mayoría de cine comercial, el mejor sexo es suave, romántico, dulce acompañado de una música de fondo que crea un ambiente maravilloso. Para las mujeres ese es el ideal de una noche de pasión. ¿Si? ¿Seguro?

Hay mujeres, y me aventuraría a decir que no pocas, a las que también nos gusta el sexo algo más duro. Una mirada de deseo, sin necesidad de hablar, él te tira a la cama, te muerde, te arranca la ropa y te penetra fuerte. Unas palabras malsonantes, unos azotes, un “fóllame fuerte”. El sexo salvaje muestra nuestro lado más lujurioso, pasional e incluso animal. Creo que es precisamente por esto por lo que gusta. Sacamos los instintos, nos dejamos llevar y disfrutamos,  vaya si disfrutamos.

En este tipo de relaciones se establece una cierta relación entre el sexo y la agresividad. Según algunos estudios tiene una explicación neurológica. La sexóloga Wanda Smith estudió el sistema límbico (sistema que gestiona respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales) y concluyó que el sexo puede incluir impulsos salvajes, debido a que existe una conexión entre las respuestas cerebrales de la excitación sexual y la agresividad. Es decir, una respuesta sexual y una respuesta agresiva activarían las mismas áreas del sistema límbico.

¿Te gustaría practicar un sexo algo más duro con tu pareja? Háblalo con él o ella. Antes de intentar algo salvaje, has de saber qué le gusta a tu pareja, vaya a ser que la fantaseada noche lujuriosa no acabe como tal. Puede que no le ponga para nada, puede que vayáis probando poco a poco, puede que lo esté deseando. De hecho, el sexo salvaje es una fantasía común entre mujeres.

Quizás alguien puede tener ciertos prejuicios en dejar que su pareja le pegue, le muerda, le empuje o le arañe. Mejor quitárselos de la cabeza. Esa agresividad sexual no implica nada más que pasión. No hay que hacer lecturas sobre si está bien o está mal. Es solo un juego en el que nos dejamos llevar por los instintos. Fuera de ahí, por supuesto, la relación de pareja se fundamenta en otros valores.

Por cierto, y aunque parezca obvio, el sexo salvaje no está reñido con el amor. Una noche pasional con la persona a la que amas, acaba de la mejor manera: con caricias, besos y abrazos.

Más allá de la cama: sexo en lugares públicos

No sé si recordaréis una noticia de hace un par de años: Pillan a una alcaldesa belga practicando sexo en lo alto de un torreón de un castillo navarro. Es que el sexo al aire libre atrae bastante. Bueno, no solo al aire libre sino en diferentes escenarios fuera de la habitual cama. La playa, la montaña o el mar, si hablamos de hacerlo bajo el cielo; los probadores de una tienda, los aseos de un avión o de un tren, un ascensor y hasta en un túnel de lavado de coches para lugares públicos pero más cerrados. Se trata de aportar novedad, pasión y salir de la rutina amorosa.

dogging

Dogging o sexo al aire libre

¿Qué atrae de esta práctica? Por un lado, el riesgo de ser pillados. El saberse haciendo algo prohibido, el tener que reprimir los gemidos, las prisas obligatorias, supone para algunos un extra de morbo y, en consecuencia, de pasión. Por otro lado, están los exhibicionistas que se excitan por el hecho de que alguien les pueda ver. Y por mi parte, creo que la principal baza del sexo en lugares poco habituales es la pasión, el deseo irrefrenable que supone. Un “aquí te pillo aquí te mato” donde salen los instintos más salvajes y placenteros.

El sexo al aire libre se conoce como dogging (del inglés dog, perro, refiriéndose al hecho de que estos animales lo hacen a la vista de todos) o su equivalente en español cancaneo. Tiene múltiples seguidores, tanto es así que se organizan encuentros para practicarlo en espacios públicos. Puede realizarse con tu pareja y que aparezcan algunos voyeurs (mirones) pero en muchas ocasiones se refiere directamente a sexo en grupo con desconocidos. En internet se pueden encontrar grupos y sitios (habitualmente parques, playas, aparcamientos) donde realizar esta práctica sexual.

El cruising, otra palabra relacionada, hace referencia a ver a alguien y que te entren ganas de tener sexo rápido con él, por lo que, sin que sea necesario hablar demasiado, se busca un sitio público pero lejos de miradas extrañas y se procede. Generalmente se usa este término para relaciones homosexuales. Internet también sirve de intermediario para conocer personas y lugares para esta práctica. Aunque el cruising nada tiene que ver con las nuevas tecnologías porque parece que ya se realizaba en la Antigua Roma.

Si haces sexo al aire libre, toma precauciones. Y no me refiero sólo a las propias del acto sexual (que también), si no que tengas en cuenta que hay quien se dedica a grabar a parejas en pleno acto para luego colgarlo en la web. Y también está el asunto de Google Maps. Porque hay casos de parejas que estando en plena faena, han sido sorprendidas por un coche con una cámara en el techo y han acabado en los mapas más visitados de la red. Y resulta que también hay servicio de Google para grabar el interior de tiendas y, como ya sabemos, los probadores pueden ser sitios muy tentadores.

Swingers, relaciones sexuales abiertas dentro de la pareja

Hace un par de días leí un artículo que se titulaba algo así como “Características de las parejas swingers”. Me llamó la atención el titular y entré con la curiosidad de saber cómo definían a este tipo de relaciones. Más allá de decir que las parejas swingers eran personas “normales” (cómo van a ser, digo yo) poco más aportaba. Eso me ha hecho decidirme a escribir sobre este tema.

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Cartel de la película “Dos más dos” que gira alrededor del intercambio de parejas.

Para empezar, aclararé el concepto: swinger hace referencia a las relaciones abiertas sexualmente, donde el sexo no se limita solo a la pareja si no que incluye prácticas diversas con terceras personas. También se conoce como parejas liberales. El intercambio de parejas, las relaciones sexuales entre tres o más personas y cualquier otra variante que pueda surgir, son prácticas de las parejas swinger.

A este tipo de relación se llega para huir de la monotonía sexual en la pareja, para aportar morbo y excitación a la relación. ¿Y cómo son este tipo de parejas? Más allá de decir que son parejas de mentalidad abierta y que entienden el sexo sólo como una relación física, no creo que haya una tipología común que las caracterice a nivel de estatus socioeconómico, profesión, estudios u otros aspectos demográficos. Las parejas que he conocido son, en general, de mediana edad lo que me resulta lógico ya que me parece que a este tipo de madurez sexual se llega tras unos años de recorrido.

Retomo la frase de “sexo sólo como relación física” porque creo que ahí está la clave del asunto. El amor no se pone nunca en duda y los celos no tienen cabida en este tipo de relación. El sexo se concibe como un placer físico y no se le da más importancia que esa. Porque el amor, que es lo que principalmente compartes con tu pareja, es algo que va mucho más allá del sexo.

La confianza mutua es otra característica de este tipo de relación. Sólo en un entorno de apertura, de contarse las fantasías sexuales, las inquietudes, los deseos, es posible una relación swinger.

Hay clubs de intercambio de parejas donde entre copas y charlas se puede llegar a la parte sexual. Y digo “se puede” porque obviamente no hay nada obligatorio y una de las principales reglas en este juego es que un no es un no, sin que sea necesario dar más explicaciones. Tampoco nadie va a presionar porque el respeto y la amabilidad son características de este ambiente. También puede localizarse a otras parejas en múltiples webs de contactos.

Entiendo que a priori puedan surgir dudas: ver a tu marido o mujer con otra/o puede ser difícil de imaginar. Nadie es de piedra. Pero os puedo asegurar que luego no hay para tanto. Sobre todo cuando tienes la seguridad de que sólo es algo físico y que, luego, en casa, se sigue con la misma vida de pareja habitual. Pero si alguna vez mi marido a escondidas se fuera a la cama con otra eso sí me molestaría. Porque entonces, sí me sentiría engañada.