Tres mujeres liberándonos de estereotipos

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Si algo no soporto en esta sociedad son los estereotipos, de ningún tipo, pero de género mucho menos. Hay uno que me atañe especialmente: por ser mujer, hablar abiertamente de sexo y publicar fotos eróticas, entonces debo ser una “chica fácil”. Sé que muchos no pensáis así, pero también tengo claro que esta imagen preconcebida sigue vigente.

En relación a esto, un lector me planteó tres preguntas. Como el tema me parece interesante, no he querido que se quede solo con mi opinión así que contacté con mis amigas Noemí Casquet (periodista especializada en sexualidad y viajes. Preparando una vuelta al mundo en moto) y Magela Gracia (escritora de literatura erótica o, como ella misma define, pornográfica) que también están relacionadas con el mundo de la sexualidad y el erotismo.

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Ser “sex positive”

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Ser “sex positive” no significa que yo quiera tener sexo contigo, con todo el mundo o con nadie.

Hace unos días me preguntaron si tenía algún artículo escrito sobre el movimiento “sex positive”. Mi respuesta fue que todo mi blog es “sex positive”. Pero no tenía nada en concreto que describiese este movimiento, que es una forma de entender la sexualidad, que es como yo la entiendo y como intento transmitirla en mis artículos.

El movimiento “sex-positive”, la expresión sexo positivo apenas se usa para este concepto, promueve una visión de la sexualidad abierta, libre, respetuosa, que anima a la experimentación basándose en el sexo seguro y en el consentimiento. Quienes convenimos con este movimiento no juzgamos las prácticas de los demás, al contrario, aplaudimos que cada uno pueda buscar el placer de manera libre y siguiendo sus propias preferencias, superando, cuando así sea, la norma social.

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No soy prostituta ni tomo café

Ésta es una de las fotos que publico.

Ésta es una de las fotos que publico.

Últimamente he recibido algunos mensajes en un mismo sentido. Me preguntan si me interesa ser “dama de compañía”, si quiero mejorar mis ingresos como scort o si me prostituyo porque querrían contratar mis servicios. Más allá de agradecer (¡claro que sí!) que alguien quiera cruzar la península ibérica para contratarme habiendo tanta oferta por el camino, me sorprenden estas propuestas. Cualquiera que vea mi perfil en redes sociales, puede leer que soy bloggera, psicóloga, escribo artículos en mi blog y en otros medios, debato sobre sexualidad

Y publico fotos mías en lencería, sensuales, insinuando mi cuerpo.

¡Ajajá! Ahí estará el quid de la cuestión. Imagino que algunos (y algunas) pensarán que alguien que publica fotos suyas en ropa interior es probable que se dedique a la prostitución. O que busque vender su cuerpo. Digo yo que será eso. Una mentalidad arcaica, pero tristemente aún presente en nuestra sociedad, en la que hay quien piensa que si yo fuera una chica “decente” no me haría ese tipo de fotos. Que si me muestro así , voy provocando. Si además le sumas que hablo abiertamente de sexo, pues ya está, “ésta es una chica fácil”. Puede que algo de esto haya también ante las múltiples peticiones de desconocidos (algunos con nombres como “Macho Ibérico”) que me dicen que vienen a Málaga y podemos quedar para tomar un café. Una educación católica, represora y machista es, en buena parte, culpable de este tipo de mentalidades.

¿Por qué me hago fotos ligera de ropa? Hay una razón simple y poderosa: porque me gusta. Me veo bien. De la misma manera que el chico que va al gimnasio le gusta lucir sus músculos, o que las bloggeras de moda se hacen fotos con su ropa, o que hay quien publican fotos poniendo gestos. Y porque leer las reacciones educadas (la mayoría lo son) de mis amigos y seguidores, me hace sentir bien. Es muy lícito hacer cosas que nos ayuden a querernos más a nosotros mismos.

La prostitución ejercida libremente, me parece una profesión muy respetable. Pero no es la mía. No me ofende que me pregunten si soy scort. Ni tampoco que alguien quiera invitarme a un café, faltaría más. Pero sí me sorprende y, sobre todo, me entristece que se siga llegando a este tipo de conclusiones ante el hecho de que una mujer muestre su cuerpo como quiera. Las mujeres, nadie debería dudarlo ya, también tenemos sexualidad y tenemos derecho a disfrutarla libremente sin que nos juzguen ni nos tilden de… nada.

Pero, visto lo visto, ¿me tapo hasta el cuello para mantener impoluta mi honorabilidad? Pues creo que no. Creo que mejor sería que se fueran cambiando mentalidades. Pero no soy tan ingenua. Soy consciente de que eso es muy complicado porque está arraigado en nuestra sociedad y necesita de un trabajo educativo profundo, desde pequeños y desde todos los agentes. Hay camino hecho, mucha gente compartirá mi razonamiento, pero aún queda por hacer. Por mi parte, seguiré aportando mi granito de arena.

Ojalá todas seamos un poco más putas

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María, veintidós años, califica a Elena de puta porque una noche de fiesta coqueteó con todos los chicos y se enrolló con un par. Como Juan, a pesar de sus encantos de macho, no consiguió nada con Eli, dice que ésta es una frígida. Javier se queja de que su jefa es una amargada y que le falta un buen polvo.

La sexualidad femenina sigue siendo juzgada, tanto por hombres como por mujeres, también en generaciones jóvenes. Se nos llama putas o frígidas, de forma despectiva y ¿bajo qué criterio? ¿En qué nivel ponemos el listón para ser puta o para ser frígida? En muchas ocasiones, adoptando un punto de vista de hombre heterosexual extendido a toda la sociedad. Es curioso, por ejemplo, que la palabra ninfómana, que se define como mujer que sufre un deseo sexual intenso e insaciable, no tenga versión masculina.

Es esa tradición patriarcal, que antes incluso negaba la sexualidad y el deseo femenino, la que marca lo que es aceptable. Y lo socialmente adecuado, en general, aún no es que las mujeres tengamos una vida sexual libre y además lo comentemos abiertamente.

Pero voy a ir un paso más allá. Creo que alguien que opta por vivir su vida sexual de forma activa está escogiendo lo que quiere hacer. De la misma forma que quien decide libremente ser monja y hacer voto de castidad. Lo triste es el caso de mujeres que no escogen, que se dejan llevar por aquello que “toca”, por las convenciones sociales y que sienten que la vida las está llevando. Que querrían ser más putas pero no se atreven. Y no me refiero solo a lo estrictamente sexual. Hablo en general, de escoger, de decidir, de equivocarse y también de acertar, de ser dueñas de su propio destino. Entonces, si ser puta es ser o sentirse libre, ojalá todas lo fuéramos un poco más.

En esta sociedad subyacen ideas patriarcales y las mujeres seguimos con prejuicios y recelos. Ya va siendo hora de que nos acerquemos a la sexualidad y a la vida con seguridad, con apertura y buscando y pidiendo lo que queremos. Y también va tocando ya que nos dejen de juzgar por ello.