El color del orgasmo

Viernes tarde, tras una semana agotadora, me tumbo en el sofá para relajarme un poco. Empiezo a acariciar mi cuerpo produciéndome una sensación agradable, sensación que mis expertas manos van convirtiendo en placentera y acaban consiguiendo un orgasmo. Mi orgasmo, real, se ve y suena así:

MANOS MÁGICAS, ORGASMO REAL2

Así se ve y así suena mi orgasmo. En Libreria de Orgasmos

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El clítoris, un placer conocerte

Clitoris_Revisando el otro día las estadísticas de este blog me encontré, entre los términos de búsqueda usados para llegar a él, varios conceptos relacionados con el clítoris. Bien, es un órgano que sigue planteándonos ciertas dudas. Lo llamativo vino cuando entre las búsquedas aparecían (y no una ni dos veces) expresiones del tipo “como dejar de ser clitoriana”, “complejo de ser clitoriana” o “como conseguir orgasmo vaginal”. ¿¡Cómo!? Esto se merecía un artículo.

La gran mayoría de mujeres (se habla de un 75% o más) consigue sus orgasmos a través del clítoris, ese pequeño pero maravilloso órgano cuya función es dar placer. En total puede tener un tamaño de unos 13 centímetros aunque solo vemos una pequeñísima parte, el resto se encuentra en el interior del cuerpo. Su punta mide normalmente entre 0,5 y 1 cm en excitación y tiene más de 8.000 terminaciones nerviosas (similar al pene, lógico si pensamos que ambos órganos se desarrollan a partir de la misma zona embrionaria). Por el otro lado, está unido a la vulva con lo que también se llega a estimular a través de ella.

Masters & Johnson fueron de los primeros en reivindicar el papel del clítoris en el orgasmo femenino. Sus estudios sobre la respuesta sexual humana (1966) definían el clímax femenino por su estimulación directa o indirecta (a través de la vagina).

mano clitorisPero cierto es que en muchas ocasiones se sigue dejando de lado o devaluando a este pequeño gran órgano. Quizás es la cultura popular que nos hace pensar que al clímax se llega por la penetración y que si además llegas a la vez que tu acompañante es lo más. O teorías como la de Freud, que divulgó que el orgasmo clitorial era inmaduro y que una mujer adulta debía tener orgasmos vaginales. O la tradición falocéntrica en la que lo importante es el pene y, por ende, su interacción con la vagina. O el porno que nos muestra a mujeres que disfrutan como locas de la penetración. Sea por todo esto o no, centrar el placer femenino en la vagina es limitarlo y causar frustraciones. Hay mujeres que no llegan al clímax por la penetración y que lo ven como algo extraño cuando, de hecho, es lo más habitual. Aunque peor son esas otras que se han quedado ahí y no han llegado a explorar ni descubrir otras posibilidades.

No quiero con esto desprestigiar ahora a la vulva porque la penetración también es muy estimulante y placentera. Pero sigue siendo necesario poner al clítoris en el lugar que le corresponde. No debemos sentir complejo por ser clitorianas ni mucho menos podemos dejar de serlo. Al contrario, deberíamos todas estar enamoradas de nuestro clítoris y de los buenísmos momentos que nos proporciona.

 

Los vibradores y el derecho al orgasmo

Me resulta curiosa la historia de los vibradores. Se inventaron en la segunda mitad del siglo XIX como tratamiento para la histeria femenina, una patología que englobaba aspectos tan diversos como problemas de nervios, apatía, frigidez, irritabilidad y cualquier dolencia leve que afectara a las mujeres burguesas de la época y que no tuviera otra causa clara. La mayor parte de los médicos creía que el 75% de las mujeres sufría histeria crónica. El tratamiento para tal mal consistía en masajes pélvicos manuales, más tarde se añadió la hidroterapia íntima (estimular el sexo femenino con un potente chorro de agua). Finalmente se inventó un ingenio mecánico que resultó más efectivo que los métodos anteriores ya que conseguía su objetivo en mucho menos tiempo. Ese ingenio mecánico fue el primer vibrador, fabricado con fines meramente terapéuticos. No se le entendía un uso sexual al no haber contacto con la vagina. La película Hysteria lo retrata cómicamente bien.

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También es interesante que la reacción al tratamiento con el vibrador, véase gemidos, espasmos musculares, contracción del útero, segregación de fluidos vaginales entre otros, era catalogado por los médicos de “crisis histérica”. No de orgasmo. De hecho, en aquella época no se consideraba a las mujeres como seres sexuales y se creía que los problemas psiquiátricos femeninos procedían del útero.

Para rematar el asunto de la negación del clímax femenino, aparece Freud que, a principios del siglo XX, dijo que los orgasmos clitorianos eran un fenómeno puramente adolescente y que al llegar la pubertad, la respuesta adecuada de una mujer madura era tender hacia los orgasmos vaginales, sin ninguna estimulación del clítoris. Es decir, centrar la sexualidad en la interacción pene-vagina, genitalizando las relaciones e iniciando, así, frustraciones e incomodidades en mujeres.

Con estos antecedentes históricos, basados en un punto de vista androcéntrico, y con la influencia religiosa, no es de extrañar que haya mujeres que, aún hoy, no experimenten orgasmos y en algunos casos se deba a una mal entendida concepción de la sexualidad o del papel de la mujer en la sexualidad.

El tema del placer femenino y del orgasmo ha sido tradicionalmente ocultado, censurado. Por supuesto estas teorías se han superado (¡faltaría más!) pero sigue subyaciendo esa idea de que la sexualidad en las mujeres es más relativa, que tenemos menos impulso sexual que los hombres o que ciertas cosas no están bien vistas y eso afecta a la forma en que algunas mujeres viven – y disfrutan de – su sexualidad.

Y retomando la historia de los vibradores, en los años 20 del siglo pasado fueron dejando su papel médico y se comenzaron a usar en películas eróticas. Empezaron entonces a coger “mala fama” al no ser vistos ya como instrumentos terapéuticos, sino de lujuria. En los años 70, el movimiento feminista los reivindicó y recuperó como lo que son, instrumentos para el placer femenino. Porque las mujeres tenemos derecho, también, al orgasmo.

 

No finjas más orgasmos

orgasmo femenino

Mujeres, quien no haya fingido un orgasmo que tire la primera piedra. Para acabar antes, para quedar bien o para no decepcionar al compañero/a. Porque tras un encuentro sexual que se supone satisfactorio es “lo que toca”.

No alcanzar el clímax puede pasar y no hay que preocuparse. Cada encuentro sexual es diferente. El problema viene cuando la falta de orgasmo es recurrente y persistente en el tiempo. Es lo que se conoce por anorgasmia: la repetida ausencia de orgasmo tras encuentros sexuales donde hay una estimulación adecuada que produce excitación. Es, junto con la falta de deseo, la disfunción sexual más frecuente en mujeres. Hay quienes nunca han disfrutado de un orgasmo y otras que han dejado de experimentarlos a partir de un determinado momento. El 95% de los casos es por causas psicológicas.

Una escasa información sexual, alguna experiencia traumática, la falta de conocimiento del propio cuerpo o una educación muy estricta desde el punto de vista religioso que provoque sentimientos de culpa, pueden ser algunas de las causas que provoquen una inhibición del orgasmo. Y hay también otra, quizás menos evidente, pero importante: cuando el orgasmo se convierte en el objetivo único de la relación sexual. Centrar la relación en alcanzar el clímax puede provocar una angustia tal que dificulte conseguirlo. Al pensar y obsesionarnos con el objetivo, nos olvidamos de disfrutar del proceso.

Pensamientos como “si no me corro no he disfrutado” o “he de llegar al orgasmo sí o sí” o “finjo que llego para no decepcionar a mi compañero” no son los más recomendables. Se puede disfrutar y mucho, durante todo el proceso, de una forma más contenida, más mantenida. Y si no se llega al orgasmo en un encuentro sexual, no pasa nada. No hay que sentirse mal por ello. Si la ausencia persiste en todos los encuentros, ya sí habrá que pensar en soluciones.

Volviendo al tema que abre este artículo, fingir que se alcanza el orgasmo es engañar a nuestro compañero/a y a nosotras mismas. Pienso que incluso apuntala la decepción o frustración. Puede que no nos sintamos bien si no llegamos al clímax, pero seguro que ese sentimiento no mejorará si encima fingimos. Y nuestro amante no ha de sentirse mal o pensar que no lo ha hecho lo suficientemente bien ya que cada encuentro puede acabar de forma diferente, incluso aunque hagamos lo mismo con la misma persona.

El orgasmo es un momento maravilloso, para que voy a negarlo, pero no hay que menospreciar el proceso para llegar a él. Si disfrutamos del proceso y de las sensaciones que nos provoca, nos relajaremos y nos quitaremos presión. Por supuesto, no pienso que ésta sea la solución para todos los casos, otros necesitarán de tratamiento especializado que analice bien las causas y encuentre las soluciones adecuadas.

En cualquier caso, no finjas más orgasmos. Explora tu cuerpo, mastúrbate, quítate prejuicios, pierde el control, déjate llevar y sobre todo, no te presiones. Goza del camino, de las sensaciones. El orgasmo no es el objetivo. El objetivo es disfrutar.

Para ampliar la información, os recomiendo el siguiente artículo: Cinco requisitos fundamentales para vencer la anorgasmia femenina

El placer de un buen cunnilingus

El sexo oral es una maravilla. Tanto darlo como recibirlo. Pero vamos ahora, mujeres, a recibirlo. Un cunnilingus bien hecho, donde quien lo da piensa en el placer de quien lo recibe, es una delicia. En esos casos hay que disfrutar de esa generosidad.

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Cunnilingus viene del latín cunnus: “cuña” o “vulva”, y lingus: “lengua” y se refiere a la práctica de sexo oral donde se lame, chupa o mordisquea los labios de la vulva, la entrada de la vagina y el clítoris. Es una práctica habitual dentro de las relaciones de pareja, aunque algunos puedan tener cierto reparo. Y ese reparo puede venir por parte del que da (apuro de lamer el sexo por su olor o sabor) pero también de la que recibe y por motivos similares. Ante esto solo puedo decir que donde hay confianza, no deberían haber apuros ni reparos. Solo las ganas.

Cuando se hace un cunnilingus no hay que tener prisa. Puede ser muy excitante para la chica comenzar recibiendo unas caricias, quizás empezando por los pies y subiendo por las piernas. Con calma, acercándose a la vagina pero sin llegar (aún) a tocarla. Sintiendo el roce de las manos en la piel. Deseando que esas manos toquen ya el sexo e incrementando la excitación al no hacerlo. Hasta llegar al punto en que sí, en que ya las manos o la boca se acercan a la húmeda vagina. Y entonces hay que dejarse llevar. Relajarse, sentir, gozar.

En numerosos sitios hay consejos sobre cómo hacer un cunnilingus. Aunque la mejor descripción, por detallista, cercana y vivida, la he visto en el artículo: El arte del cunnilingus. Yo, la verdad, técnicamente no sabría darlos. Lo único, es que creo que el mejor consejo es hacerlo con ganas, disfrutar dando placer. En todo caso, la pareja  irá guiando con sus movimientos y sonidos. Eso sí, en el paseo por el sexo femenino no hay que olvidar el clítoris, ese pequeño y mágico órgano. Es también una buena práctica combinar el uso de la boca y los dedos en la estimulación vaginal.

Realizando sexo oral también es posible el contagio de enfermedades de transmisión de sexual, aunque la probabilidad es inferior que en el coito. Por ello los especialistas recomiendan el uso de algún tipo de protección (como el condón femenino) si se practica con desconocidas.

Tanto si das como si recibes, nada mejor que disfrutar del placer de un buen cunnilingus.