De la anorgasmia a la multiorgasmia

La sección de sexo del pasado viernes en Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García, llevó por título: “De la anorgasmia a la multiorgasmia“. El objetivo era hacer un pequeño recorrido por diferentes opciones alrededor del orgasmo y comentar sus particularidades.

En la historia, conocimos a Marie Bonaparte, una francesa con una hipótesis particular sobre cómo la distancia entre el clítoris y la entrada de la vagina favorecía o no el orgasmo. Hizo un estudio para demostrarlo.

Cerramos la sección con vocabulario y noticias.

Puedes escucharlo pulsando en el siguiente enlace. A partir del minuto 38:45.

El color del orgasmo

Viernes tarde, tras una semana agotadora, me tumbo en el sofá para relajarme un poco. Empiezo a acariciar mi cuerpo produciéndome una sensación agradable, sensación que mis expertas manos van convirtiendo en placentera y acaban consiguiendo un orgasmo. Mi orgasmo, real, se ve y suena así:

MANOS MÁGICAS, ORGASMO REAL2

Así se ve y así suena mi orgasmo. En Libreria de Orgasmos

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Hay vida (sexual) más allá de la penetración

sexualidad

“¿Pero se la metiste o no se la metiste?” Esta frase la escuché el otro día en el metro entre dos chicos de unos 20 y pocos años. Poco importaba el resto de cosas que hubieran hecho. Si no hay penetración, ¿el sexo es incompleto?

Hace poco leía en un periódico la respuesta de una especialista a la consulta de una pareja de más de 50 años que pedía consejo al notar que tenían menos actividad sexual. El motivo, decían, era que la erección del marido duraba poco y eso a ella le hacía pensar que la deseaba menos. La respuesta contenía una frase, al final, que decía: “Me parece muy bien que no dejéis que vuestra vida sexual se marchite, pero me gustaría que empezarais a pensar que cada día las cosas biológicas irán a peor y hay que aprender a vivir con ello”. Si no hay penetración, ¿la vida sexual no puede ser igual de buena?

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No finjas más orgasmos

orgasmo femenino

Mujeres, quien no haya fingido un orgasmo que tire la primera piedra. Para acabar antes, para quedar bien o para no decepcionar al compañero/a. Porque tras un encuentro sexual que se supone satisfactorio es “lo que toca”.

No alcanzar el clímax puede pasar y no hay que preocuparse. Cada encuentro sexual es diferente. El problema viene cuando la falta de orgasmo es recurrente y persistente en el tiempo. Es lo que se conoce por anorgasmia: la repetida ausencia de orgasmo tras encuentros sexuales donde hay una estimulación adecuada que produce excitación. Es, junto con la falta de deseo, la disfunción sexual más frecuente en mujeres. Hay quienes nunca han disfrutado de un orgasmo y otras que han dejado de experimentarlos a partir de un determinado momento. El 95% de los casos es por causas psicológicas.

Una escasa información sexual, alguna experiencia traumática, la falta de conocimiento del propio cuerpo o una educación muy estricta desde el punto de vista religioso que provoque sentimientos de culpa, pueden ser algunas de las causas que provoquen una inhibición del orgasmo. Y hay también otra, quizás menos evidente, pero importante: cuando el orgasmo se convierte en el objetivo único de la relación sexual. Centrar la relación en alcanzar el clímax puede provocar una angustia tal que dificulte conseguirlo. Al pensar y obsesionarnos con el objetivo, nos olvidamos de disfrutar del proceso.

Pensamientos como “si no me corro no he disfrutado” o “he de llegar al orgasmo sí o sí” o “finjo que llego para no decepcionar a mi compañero” no son los más recomendables. Se puede disfrutar y mucho, durante todo el proceso, de una forma más contenida, más mantenida. Y si no se llega al orgasmo en un encuentro sexual, no pasa nada. No hay que sentirse mal por ello. Si la ausencia persiste en todos los encuentros, ya sí habrá que pensar en soluciones.

Volviendo al tema que abre este artículo, fingir que se alcanza el orgasmo es engañar a nuestro compañero/a y a nosotras mismas. Pienso que incluso apuntala la decepción o frustración. Puede que no nos sintamos bien si no llegamos al clímax, pero seguro que ese sentimiento no mejorará si encima fingimos. Y nuestro amante no ha de sentirse mal o pensar que no lo ha hecho lo suficientemente bien ya que cada encuentro puede acabar de forma diferente, incluso aunque hagamos lo mismo con la misma persona.

El orgasmo es un momento maravilloso, para que voy a negarlo, pero no hay que menospreciar el proceso para llegar a él. Si disfrutamos del proceso y de las sensaciones que nos provoca, nos relajaremos y nos quitaremos presión. Por supuesto, no pienso que ésta sea la solución para todos los casos, otros necesitarán de tratamiento especializado que analice bien las causas y encuentre las soluciones adecuadas.

En cualquier caso, no finjas más orgasmos. Explora tu cuerpo, mastúrbate, quítate prejuicios, pierde el control, déjate llevar y sobre todo, no te presiones. Goza del camino, de las sensaciones. El orgasmo no es el objetivo. El objetivo es disfrutar.

Para ampliar la información, os recomiendo el siguiente artículo: Cinco requisitos fundamentales para vencer la anorgasmia femenina

¿Realmente nos gusta el cunnilingus?

nosgustacunnilingus

Así formulada, esta pregunta puede inducir a error. Y si no, que levante la mano quien no se haya imaginado pronunciándola a una mujer con gafas de carey, moño en alto y un lápiz apuntando a unos labios fruncidos y reprobadores . A estas alturas de la Historia, en pleno siglo XXI y después de décadas luchando por el conocimiento y reconocimiento de la identidad social, fisiológica y sexual femenina, no deberíamos dejar que ninguna señorita Rottenmeier del tres al cuarto nos mirase por encima del hombro escandalizada al oírnos proclamar a los cuatro vientos que sí, señores, realmente disfrutamos cuando nos practican sexo oral. Claro está, no a toda costa ni por sistema. ¿De qué depende entonces? Seguid leyendo y enseguida lo descubriréis.

Eso sí, antes de pasar al meollo de la cuestión hay un par de puntualizaciones que debo haceros. Para entender la actitud ambivalente de muchas mujeres ante el cunnilingus, no basta solo con hablar del gusto personal de cada una. Muy al contrario, no estaría de más remontarse en el tiempo y ver cómo la mentalidad patriarcal se ha esforzado durante siglos en reprimir el goce sexual femenino. Definida por las Sagradas Escrituras como un “vaso” de la fertilidad, la mujer se ha visto históricamente avocada a un papel secundario en la práctica del sexo. En tanto que receptora del semen fertilizador, de ella se esperaba sumisión, paciencia y disponibilidad. ¿Cuántas no se habrán mordido el labio bajo el peso de sus maridos, cruzando los dedos para que terminara de una vez con sus embestidas epilépticas y las dejara en paz un rato? Está claro que tal panorama no parece el mejor contexto para animarse a guiar a la pareja en la cama y reclamar un poco más de énfasis en la estimulación genital femenina. Resignación, que dirían muchas.

Otro factor a tener en cuenta –siempre en relación con el anterior- es la idea fija que tenemos sobre nuestros órganos sexuales. A menudo nos debatimos entre una visión abiertamente conservadora que los concibe como simples instrumentos reproductivos y una perspectiva moderna y evolucionada que tiende a situarlos en el contexto del placer sin más. Cuando la primera le gana la partida a la segunda, brotan en nosotros miedos irracionales como la fealdad de nuestros labios vaginales, el tamaño de nuestra vulva o el olor de nuestra entrepierna. Si los hombres viven acomplejados por las dimensiones de su “amiguito”, nosotras no nos quedamos atrás. Y, precisamente por eso, a veces nos cuesta dejarnos llevar. Así que optamos por la postura del misionero porque –aunque es rematadamente clásica- está socialmente aceptada y creemos a pies juntillas que es la que más nos favorece ante nuestro(s) chico(s).

Pero, ¡ay!, cuando nos dejamos hacer… ya no hay marcha atrás. El cunnilingus, como el sexo anal, es una punto de no retorno. Una vez nos relajamos y nos sentimos cómodas ante la idea de tenerle a él lamiendo, chupeteando, acariciando y jugando con nuestro sexo hemos fumado la pipa de la paz con nosotras mismas. Es en ese punto cuando entendemos que el placer propio y ajeno no pasa por tamaños y formas, sino por sensaciones; que la intimidad va mucho más allá de la simple penetración, que no hay mejor manera de conocerse y de darse a conocer que recorrerse mutuamente sin dejarse nada, que la confianza es la llave para que todo sea válido y nada nos ruborice. Sí, nos gusta el cunnilingus, Rottenmeier. ¿A ti no?

por Claudia Méndez, Sexualidad X

Soy clitoriana, ¿y tú?

Mano mujer

Parece que las mujeres nos dividimos entre las que consiguen el orgasmo por estimulación del clítoris o por estimulación de la vagina (es decir, mediante la penetración). Y también parece que todas preferiríamos ser vaginales, supongo que por aquello de llegar al orgasmo a la vez que se es penetrada y si además conseguimos que los orgasmos sean simultáneos ya es el súmum.

Partiendo de la base que no me gusta clasificar a las personas, ni tan siquiera por cómo llega al orgasmo, debo confesar que yo soy clitoriana y, además, no me provoca ningún miedo, complejo, inferioridad o ansia de querer ser vaginal. Y soy muy clitoriana. Mis orgasmos los consigo por estimulación del clítoris y creo (déjame pensar) que bien pocos he conseguido por la penetración.

La estimulación del clítoris me provoca una sensación más explosiva, más fuerte. Y la estimulación vaginal también me produce placer, por supuesto. Pero es un placer más suave, más contenido. Si bien llego al orgasmo por el clítoris, eso no quiere decir que no me guste – me encante – la penetración y las sensaciones que produce. Una cosa, bajo mi punto de vista, no es incompatible con la otra.

El clítoris es un órgano que tiene como única misión proporcionar placer sexual. La punta del clítoris, que mide entre 0,5 y 1 cm en excitación, tiene más de 8.000 terminaciones nerviosas (el doble que el pene). Por ello, no es de extrañar que la mayoría de las mujeres alcancemos el orgasmo más por vía clitoriana que vaginal (aunque no he encontrado datos claros al respecto, en algunos sitios se habla de porcentajes del 85% de clitorianas e incluso más).

Así, es más que posible que todas encontremos la excitación por el clítoris. Si no lo has probado, búscalo tú misma, mastúrbate porque es la mejor manera de conocer tu propio cuerpo para disfrutar al máximo sola y en compañía. Pero, insisto, no sólo de clítoris vive la mujer. La penetración, por supuesto, no está reñida con el orgasmo clitoriano. Y un día apetecerá una cosa, otro, otra y el tercero, las dos.