Preliminares, carteles de la Guerra Civil y leones homosexuales

En mi más reciente sección de sexo en Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García, el programa de las tardes de Radio Nacional de España, empezamos hablando del mito de los preliminares. Nos han vendido los preliminares como la solución definitiva e indispensable que va a mejorar tu vida sexual. Pero los mal llamados preliminares esconden algunas ideas inexactas y estereotipos.

En la subsección de historia comentamos la cruzada que durante la Guerra Civil española (1936-1939) se hizo contra las enfermedades venéreas que se convirtieron en un problema de salud pública.

 

Finalmente, comentamos una noticia que puede sonar a broma pero es real: Kenia culpa al turismo gay de un encuentro sexual entre dos leones macho.

 

Puedes escuchar el podcast a través del siguiente enlace (a partir del minuto 31:37)

 

 

Hay vida (sexual) más allá de la penetración

sexualidad

“¿Pero se la metiste o no se la metiste?” Esta frase la escuché el otro día en el metro entre dos chicos de unos 20 y pocos años. Poco importaba el resto de cosas que hubieran hecho. Si no hay penetración, ¿el sexo es incompleto?

Hace poco leía en un periódico la respuesta de una especialista a la consulta de una pareja de más de 50 años que pedía consejo al notar que tenían menos actividad sexual. El motivo, decían, era que la erección del marido duraba poco y eso a ella le hacía pensar que la deseaba menos. La respuesta contenía una frase, al final, que decía: “Me parece muy bien que no dejéis que vuestra vida sexual se marchite, pero me gustaría que empezarais a pensar que cada día las cosas biológicas irán a peor y hay que aprender a vivir con ello”. Si no hay penetración, ¿la vida sexual no puede ser igual de buena?

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El placer del sexo sin prisas

Slow sex

La actriz Mae West dijo en cierta ocasión “Cualquier cosa que merezca la pena hacer, hay que hacerla lentamente”. Y éste podría ser el leitmotiv del movimiento slow. La filosofía slow (lento, en inglés) se basa en la posibilidad de llevar una vida más plena controlando el propio tiempo, sin ser esclavos del reloj. Vivimos en un mundo acelerado, en el que saltamos de un tema a otro y controlamos al minuto nuestro tiempo para llegar a todas partes y a ninguna. Un mundo donde, además, la lentitud se asocia con valores negativos como torpeza, desinterés o tedio. Este movimiento se planta en contra de esta tendencia vertiginosa y defiende los efectos beneficiosos de una actitud pausada y que disfruta plenamente de cada momento. Manifiesta que “se debe poder correr cuando las circunstancias apremian y soportar el temido estrés que en demasiadas ocasiones nos embarga; pero a la vez saber detenerse y disfrutar de un presente prolongado que en demasiados casos queda sepultado por las obligaciones del futuro más inmediato”.

El primer asunto slow fue la comida. La slow-food, surgida como contraste a la fast-food, reivindica el placer de la comida empezando por la preparación de los ingredientes, la cocción, la presentación del plato, la degustación… todo a su debido ritmo. A partir de aquí surgieron otros conceptos como viajes slow, moda slow, educación slow e incluso hay ciudades slow. Y entre todos ellos, también existe el sexo slow.

El sexo lento, sin prisa, implica dedicar tiempo a cada momento del encuentro sexual, desde los preliminares hasta el coito. Disfrutar de cada instante sin pensar en el siguiente, sin estar ansioso por llegar a la penetración o al orgasmo. De esta manera, se mejora la intimidad de la pareja, se genera deseo y placer.

Los juegos previos tienen una enorme importancia en las relaciones sexuales y el slow sex propone detenerse en ellos. Se puede empezar mirándose a los ojos para crear complicidad, acariciándose para disfrutar del tacto del otro, besándose tierna y apasionadamente, abrazándose y estrechándose. El sexo lento comienza creando intimidad. Luego, sin prisa, se quita la ropa y se pasa a caricias más íntimas, a masturbaciones mutuas, al sexo oral… Y cuando llegue el momento de la penetración (si llega, se puede tener una sesión sexual muy placentera sin coito) disfrutarla plena y conscientemente. Se pueden probar diferentes posturas, ritmos lentos y moderados y jugar con la pareja sin pensar en el orgasmo. Éste ya llegará.

El slow sex reivindica también estar totalmente atentos a lo que estamos haciendo. Hoy en día tenemos tendencia a hacer varias cosas a la vez, a hacer una cosa mientras pensamos en otra, y eso disminuye nuestro nivel de atención. Incluso alguna encuesta ha aportado el dato de que un 9% de los entrevistados afirmaron haber utilizado sus smartphones mientras tenían sexo. Pensar en lo que hacemos a cada momento, concentrarnos y abrir todos nuestros sentidos a cada acción aumenta nuestra satisfacción y hace que disfrutemos más de cada encuentro.

La pasión y el desenfreno de un sexo rápido y pasional no está reñido con el slow sex. Son estilos diferentes pero ambos placenteros. Todo depende de la situación, del momento y del acompañante. Es más, en una relación de pareja seguramente se pasarán por ambos momentos. Uno inicial más pasional donde los prolegómenos son menos necesarios porque se vive en casi permanente estado de activación y otro, ya con la relación más consolidada, donde será necesario buscar la intimidad, el conocimiento, la confianza y el placer de un encuentro pausado.

El slow sex implica dedicar tiempo a nuestras relaciones. Un tiempo, sin duda, bien invertido.

Hay quien dice que las mujeres aprecian más el slow sex. No necesariamente. Lee como sería un encuentro de slow sex desde un punto de vista masculino: Disfrutando del sexo sin penetración

Lencería sexy para un buen preludio

Hace poco leí un dato: aunque digan que les da igual, al 87% de los hombres no le es indiferente la ropa interior de una mujer. La lencería siempre ha sido una parte fundamental del sexo seguramente porque es el preludio a lo que vendrá después. Insinúa un cuerpo deseado y para los hombres, que son muy visuales, es una imagen sugerente, excitante y que deja volar la imaginación (y buena parte del sexo está en la mente). Pero no sólo nos ponemos lencería sexy para ellos. Las mujeres con una prenda sexy nos sentimos guapas, atractivas, deseadas y ésta, es una sensación fantástica.

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Hay numerosas opciones de lencería, cada una escogerá aquella con la que mejor se sienta.

Entrar en el mundo de la lencería es descubrir muchas posibilidades de formas, materiales, colores… Cuál escoger dependerá de nuestro gusto y de nuestra personalidad. Si somos más atrevidas podemos probar con babydolls sexys, corsés, ligueros, transparencias, rejillas o, por qué no, estampados de leopardo. Si preferimos algo más sencillo, un conjunto de tanga y sujetador con encaje será perfecto. ¿Os gusta jugar? Hay lencería de colegiala, de enfermera, de criada… todo depende del rol que queramos adoptar. Y, para quienes dicen aquello de “te comería enterita” pueden empezar por la ropa interior, la hay comestible.

Sobre colores, el más usado para excitar es (como seguro imagináis) el negro, después le sigue el rojo. Aunque yo considero que cualquier color puede ser bueno, menos el carne que es fantástico para que no se transparente con la ropa pero erótico, lo que se dice erótico, no lo es mucho.

Y un apunte para ellos, obvio quizás, pero que no está de más recordar. Los hombres no han de descuidar tampoco su ropa interior porque también pasan por esa fase preliminar ante los ojos de la pareja. No digo yo que se pongan un tanga (a la mayoría de hombres les diría: no, por favor) pero, para mi gusto, unos boxers ajustaditos sí son de agradecer.

Aunque tampoco hay que darle al tema de la lencería más importancia de la que tiene. Una ropa interior cuidada y sexy nos puede ayudar a sentirnos bien, a provocar un ambiente, a excitar, pero luego, ¿cuánto rato dura puesta? Al final, lo fundamental es la actitud de quien lleva esa ropa. Unas bragas de algodón con una camiseta de tirantes pueden ser muy eróticas si van acompañadas de ganas, pasión, deseo y provocación. Vístete pero, sobre todo, siéntete sexy.