¡Písame! o el placer del trampling

trampling

En mi postura favorita.

Empezamos con clases de inglés, imprescindibles en el argot sexual. “Trample” es un verbo que significa pisar fuerte, pisotear. El gerundio, “trampling”, se traduciría por pisoteando. Y a nivel sexual identifica la acción de pisar sobre el cuerpo de una persona con los pies desnudos o calzados. Esta práctica tiene bastantes adeptos (basta con hacer una búsqueda del término en youtube para ver el volumen de resultados) y es para algunos sumisos y fetichistas de pies sumamente excitante. Lo más habitual es que sea la mujer quien pise al hombre o que se practique entre dos hombres.

El trampling se realiza, generalmente, en juegos de dominación. El placer que obtiene la persona pisada se relaciona con la sumisión y la humillación de estar bajo los pies de su Ama/o. Un entusiasta de esta práctica me comentó en cierta ocasión: “Cuando ella está arriba siento todo su poder.”

Cuando tienes a una feliz alfombra humana tendida a tus pies, deseosa de ser pisada, y es la primera vez que te vas a subir encima de una persona, pueden surgir algunas dudas:

¿Le haré daño? Si el estado físico es correcto y los pesos son proporcionados no tiene por qué haber ningún problema. También hay que tener presente que cuando la persona sabe que va a ser pisada, contrae los músculos para hacer fuerza, protegiéndose así. Con cuidado y destreza puedes subirte incluso a la cara del pisado, aunque esto mejor dejarlo para cuando tengas más experiencia.

¿Dónde puedo subirme? Puedes pisar en todo el cuerpo con especial atención a las zonas sensibles como las costillas flotantes o los genitales. Evita también las articulaciones (rodillas, tobillos..). La cara o el cuello también pueden ser pisados, pero lo dejaría para cuando se tiene mayor pericia. Para empezar en el trampling, puedes subir al pecho o al estómago. Son dos zonas fáciles.

¿Y cómo piso? A la hora de pisar ten presente distribuir el peso de forma equilibrada y no hacer toda la presión en un mismo punto. Puede que haya cierta tendencia a cargar el peso en los talones. Esto producirá más dolor en tu pareja, así que procura equilibrar el peso en todo el pie.

¿Con o sin zapatos? El trampling puede practicarse con los pies descalzos o con zapatos, muchas veces se usan de tacón. Para empezar, prueba a pisar con el pie desnudo. Es más sencillo para el equilibrio y te dará más seguridad. También porque con el tacón, obviamente, puedes hacer más daño (se clava y deja marcas temporales) y eso puede causarte cierto temor. Cuando ya tengas más experiencia y tu pareja de juego también, puedes probar con los tacones. Pero siempre con cuidado.

¡Uy, que me caigo! Es fácil perder el equilibrio las primeras veces que se hace trampling. Para más seguridad, coloca al sumiso al lado de un punto de apoyo (la pared, un sofá, un mueble cercano). Caminar sobre un cuerpo puede resultar bastante complicado en lo que respecta al equilibrio. De todas maneras, basta con tener ese apoyo e ir con cuidado de donde se pisa.

A partir de aquí, hay numerosas variantes y posturas de pisoteado: boca arriba, boca abajo, sobre el pecho, sobre el estómago, sobre las piernas, sobre la espalda, una persona o varias pisando al mismo individuo (multitrampling)… Mi preferida es con un pie en el pecho y el otro, en punta, dentro de la boca. Es fácil mantener el equilibrio, disfrutas de la lengua en los deditos y a la vez que tú estás arriba, dominante, tienes a un sumiso muy feliz de poder estar bajo tus pies.

Quiero ser cornudo

cornudoconsentidoHola, tengo la fantasía de ver a mi mujer en brazos de otro disfrutando. Ella cuando jugamos y se lo imagina se pone a cien pensando que otro se la folla, pero no acaba de atreverse a real. ¿Alguien me ayuda? ¿Como la puedo convencer? ¿Tenéis alguna idea? Me gustaría conocer también experiencias de parejas que hallan pasado por mi misma situación Muchas gracias.

Éste es un anuncio real sacado de una página de contactos. A algunos les puede chocar que alguien quiera ser cornudo porque, según las convenciones sociales imperantes, es poco menos que una aberración. ¿Qué tu mujer tenga sexo con otro? ¿Además de forma consentida y viéndolo? Pero como por suerte hay quien se salta las (a veces estrictas) convenciones sociales en pro de una vida más acorde a su forma de ser y disfrutar, hay hombres que buscan sentirse “cornudos” porque les excita esa situación.

Los motivos que pueden llevar a alguien a disfrutar viendo a su mujer con otro pueden ser variados y muy personales. Algunos posibles:

– La que quizás sea la principal motivación: sentir placer a través del placer de su mujer.

– La propia visión de su mujer realizando sexo. Salir por un momento de la relación sexual y situarse como espectador puede ser una visión muy erótica y placentera.

– Relacionado con la sumisión y la humillación. Y también con las convenciones sociales que he comentado al principio. En un papel sumiso del hombre, éste se pliega a la “humillación” de ver a su mujer con otro hombre, a la “humillación” de ser cornudo. En los juegos de dominación, la humillación es un aspecto más de placer y excitación psicológica para el sumiso.

– Disfrutar con la sensación de que su mujer es la “más zorra”. Desde una perspectiva pornográfica del sexo, a algunos hombres les gusta esa sensación de sentir a su mujer como la protagonista de la película X.

Algunas parejas quieren pero no se deciden. Surgen miedos, tanto de él como de ella: “como fantasía está bien, pero…”, “no sé si podré estar con otro”, “¿qué sentiré al ver a mi mujer con otro hombre?” son algunas cuestiones comunes. Id poco a poco, comentando y superando juntos vuestros temores o reticencias. Si os lanzáis a la acción, podrá resultar una mejor o peor experiencia, pero no sufrirá vuestra relación. Al contrario, lo más probable es que salga reforzada porque este tipo de situaciones vividas juntos fortalecen la complicidad.

Esta práctica sexual es una fantasía relativamente común en hombres y, como realidad, tiene bastantes adeptos. En internet hay páginas y foros sobre el tema. Os enlazo a un blog donde una mujer explica su experiencia como hotwife (término anglosajón para denominar a las mujeres de hombres “cornudos”): Cornudo Científicamente. Me parece muy interesante poder leer sensaciones y emociones de quien directamente vive la experiencia.

Masoquismo: la fina línea entre el dolor y el placer

Santa María Magdalena de Pazzi, monja del s.XVI, llegaba a los éxtasis místicos a través del dolor. Se dice que Lawrence de Arabia era masoquista. La cantante Rihanna desveló en una entrevista que le gusta ser azotada y atada.

masoquismo

El masoquismo consiste en experimentar placer a través del dolor. Es una tendencia de la sexualidad que siempre ha causado interés. ¿Por qué a alguien le puede gustar el dolor? Hay algunas respuestas de base científica a esa pregunta.

– El dolor y el placer se generan en la misma zona del cerebro. Son extremos de una misma línea continua.

– El cerebro ante estímulos de dolor y de placer genera endorfinas, unos neurotransmisores que tienen un efecto analgésico y de sensación de bienestar.

– Las personas con tendencias masoquistas tienen el umbral del dolor más elevado y hay quien dice, incluso, que sufren una alteración en la modulación del procesamiento de la información somatosensorial.

Tenga una base científica o no, la realidad es que hay personas que disfrutan con el dolor. El dolor, por si solo, puede ser fuente de placer. Pero en muchos casos va unido a la sensación psicológica de sumisión, de estar a las órdenes de otra persona. El placer viene por la humillación, por saber que esos castigos físicos vienen de parte del Amo o Ama (usando el lenguaje propio de Dominación/Sumisión Sado/Masoquismo). El dolor da placer por la situación de entrega y sometimiento.

El masoquismo se construye en un espectro de niveles. Hay personas que pueden disfrutan plenamente con lo que otros considerarían una tortura, hay otras que en una determinada situación sexual pueden gustar de un punto de dolor. La línea que separa el dolor y el placer puede ser fina. Y aunque no seamos masoquistas puros, por qué no pedir un azote, un pellizco fuerte en los pezones o una bofetada si eso nos hace disfrutar aún más del sexo.

Vuelvo al inicio de este artículo para recuperar la, bajo mi punto de vista, interesante figura de Santa María Magdalena de Pazzi. Fue una monja nacida en Florencia (Italia) en 1566. Uno de sus rasgos más destacados fue el desarrollo de un intenso placer por el dolor y el sufrimiento. Se autotorturaba revolcándose en espinas, se hacia rociar con cera caliente sobre su piel, se tiraba al suelo para que la pisaran y se hacia azotar, mientas, según sus biógrafos, decía “¡Oh no más, esto es soportar demasiada bendición, demasiado éxtasis dichoso!” Como buena religiosa, su sufrimiento fue interpretado como una forma de huir de las tentaciones y del diablo y de acercarse a Dios.

Si buscamos la definición de masoquismo en el diccionario de la Real Academia Española lo define con un arcaico “perversión sexual”, pero cuando se trata de una práctica sexual más que no interfiere en nuestra vida cotidiana, ¿por qué hay que hablar de perversiones o incluso de trastornos? Disfrutemos con libertad y sin tabúes de la rica sexualidad humana.

 

Los pies, objeto de deseo

Mis pies.

Mis pies

El fetichismo de pies o, lo que es lo mismo, la excitación que produce esta parte del cuerpo humano, es uno de los más comunes en los hombres. Es decir, hay quien se excita con unos pechos y hay quien lo hace con unos pies (y no son incompatibles, claro).

Los gustos en este asunto pedio es, como en todos, variado. Los hay que prefieren pies pequeños, otros grandes. Egipcios o griegos. Con las uñas pintadas o, por el contrario, naturales. Vestidos con medias o simplemente el pie desnudo. En ocasiones puede ir unido a la atracción por los zapatos (de tacón alto generalmente) pero hay fetichistas de pies a los que no les gustan los tacones.

Acariciar, masajear, oler, lamer, besar y comer los pies femeninos son prácticas muy eróticas para quienes gustan de esta zona. Si los pies están sudados, puede resultar aún más excitante. Puede ser el inicio de otras prácticas sexuales, pero en muchas ocasiones, el fetichista de pies tiene suficiente con ellos para correrse.

Con la adoración del pie se relacionan prácticas de sumisión. Basta con visualizar una mujer con un hombre tendido a sus pies para ver la relación. Pisar, dar patadas, pegar, lamer pies sucios… son prácticas de dominación que provocan humillación, deseo, placer y hasta cierto dolor. De estas, destaco el trampling, término inglés para denominar la acción de pisar o caminar sobre el cuerpo de la persona con los pies desnudos o con zapatos. Hay fanáticos de esta práctica. Una simple búsqueda de este término en youtube devuelve una diversidad de ejemplos: varias personas encima de una alfombra humana, saltando, con zapatos de tacón, con deportivas, sin calzado, con o sin medias, pisando la cara, el pecho, la espalda… Por supuesto, los tacones de aguja causan más dolor que un pie desnudo.

A algunas mujeres les excita que les coman los pies, que recorran con la lengua todos los rincones y recovecos, especialmente el espacio entre los dedos. También las hay a las que no les produce excitación, pero ¿a quién le amarga un buen masajito en los pies con manos o con lengua? Y quienes gustan de dominar, se sentirán poderosos teniendo a un sumiso a sus pies.

En definitiva, los pies dan juego. Si no, que se lo digan a Quentin Tarantino que incluyó la escena más famosa de fetichismo de pies en cine comercial en su película “Abierto hasta el amanecer”. En el minuto 2:22 él mismo, declarado amante de la zona femenina más cercana al suelo, disfrutó de los pies de Salma Hayek.

Piesecitos, dejaos adorar. Después de los largos días soportando vosotros solos todo el peso del cuerpo, bien os merecéis atenciones y mimos. Y hay quien está dispuesto a daroslos gustosamente.