La flamenca del WhatsApp consume porno

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En Twitter (que después de wikipedia, es lo más fiable de Internet) mi perfil dice “Amo la libertad y la igualdad. Odio los estereotipos”. Evito la etiqueta feminista pero defiendo los derechos de las mujeres, repudio la superioridad del hombre y denuncio la asignación de roles sociales según género. Dicho esto, no sé si a alguien le sorprenderá que me guste el porno, también en su versión más mainstream, es decir, el más clásico, heteronormativo y patriarcal. Ése que algunas voces critican por tratar a las mujeres como un mero objeto, por violento, por fijar un único tipo de sexualidad estándar, por mantener la norma estética en los cuerpos, por faltar a la ética feminista, por estar hecho por hombres y para hombres. Y sí, en eso les doy la razón pero…

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¿Qué hay de cierto en el porno?

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En el documental “Hablando de sexo con adolescentes”, buena parte de los jóvenes citan como referente informativo internet y la pornografía. Es innegable que internet facilita la información en todos los ámbitos, también en el sexual. El sexo está más accesible que nunca. Y es inevitable que esto sea así, quiero decir, que bloquear el acceso a ciertas páginas es válido para niños pero no funciona para adolescentes. Ante esto, la solución pasa, claramente, por la educación en valores en general y en la sexualidad en particular.

Pues bien, visto que parece que la pornografía parece ser un referente, vamos a ir ahí. ¿Qué hay de cierto en la pornografía? Básicamente una cosa: el sexo que se practica es real. El resto es ficción. Es ficción el físico de los protagonistas, la situación que se produce, el tiempo de duración del coito, las posturas acrobáticas, la imagen general que otorga un rol determinado a cada género.

Si no se ven como ficción estas películas, pueden influenciar a los jóvenes y causar inseguridades. Porque, entre otras cosas, el tamaño medio del pene en erección es de unos 14 centímetros, hay diferentes formas y tamaños de vaginas, de 3 a 7 minutos se considera una duración de coito adecuada y un 45% de mujeres no logran el orgasmo cada vez que tienen sexo. La realidad contrasta con el cine X.

Otro inconveniente de la pornografía es que limita la sexualidad a unos modelos muy definidos. Es cierto que hay diferentes tipos de vídeos: muchos con la pornografía más habitual, algunos con juegos muy específicos, porno para mujeres y vídeos amateurs, entre otros. Pero lo que mayoritariamente se encuentra en Internet de forma más accesible es lo que podríamos denominar un porno más clásico, con unas situaciones y formas de ser muy estereotipadas. Y resulta que nuestra vida real no siempre encaja. Puede que temporalmente perdamos la libido o que nos exciten algunos fetiches menos habituales o que no todo sea tan fluido con la pareja. Y todas son situaciones normales dentro de la sexualidad. Porque la sexualidad humana es variada, rica y compleja, fluctúa y evoluciona igual que cada uno de nosotros evolucionamos. Hay que aceptar con libertad y naturalidad los diferentes momentos y situaciones por los que pasamos y no encasillar la sexualidad en una determinada imagen o estereotipo.

Y que conste que yo no tengo nada en contra del porno. Al contrario. A quien le guste, que consuma pornografía. ¡Claro que sí! Siempre que se vea como lo que es, un juego, una ficción que sirve para excitarnos solos o en pareja. Pero ya está. Ni extrapolar conductas, ni roles de género, ni pensar que sabemos de sexo a través del porno. Al contrario, si solo has visto porno, bien poco sabes de sexo.

 

Confieso que veo porno

Resulta que el porno tradicional está enfocado a hombres. Basta solo con entrar en una página web de vídeos y todos los reclamos van hacia el género masculino. O buscar en las imágenes de google “cine porno” y está claro a quien se dirigen. Pero yo soy mujer y a veces consumo porno. Y no me refiero a porno femenino, que también lo hay, si no porno del tradicional, del que algunos llaman machista. ¿Seré un bicho raro? Algunos estudios muestran que el público femenino cada vez consume más este tipo de género.

porno mujeres

Para quienes dicen que el porno da una visión sexista de los roles de género les diré que tienen razón. Si miramos un vídeo de forma objetiva reproducen unos roles donde impera el macho dominante y la mujer objeto. Pero, ¿es el sexo objetivo? Creo que no. En el sexo pueden y deben salir nuestros instintos y el macho alfa gusta a las mujeres. Por otro lado, el porno es ficción, una película, un juego. Y así es como hay que verlo.

Aunque parece que, en general, a las mujeres nos gusta más una visión menos directa o explícita que la que ofrece el porno para hombres. Preferimos la situación que se nos plantea, las palabras, las tramas. Por ello, existe el llamado porno femenino: películas hechas para mujeres donde nosotras somos el centro de la acción y no simples objetos. Erika Lust es una de las pocas directoras de porno femenino.

Pues quizás sí que soy un bicho raro. Porque confieso que a veces me gustan las escenas más explícitas. Por irreales que sean, o quizás por eso mismo, me pongo en el papel de ella y disfruto (será que soy muy empática). Aunque también valoro en otras ocasiones las situaciones más sutiles. Va por días.

¿Por qué consumimos porno las mujeres? Para masturbarnos, para excitarnos antes de una relación, para divertirnos o incluso coger ideas. Similares motivos a los de los hombres. Como también es igual la reacción fisiológica de hombres y mujeres al ver un vídeo.

Seguro que hay mujeres que son más románticas y detestan el porno. Claro. Todo va por gustos y todos los gustos son respetables. Pero también creo que es bueno romper las ideas preconcebidas. Y el porno no es solo para hombres.