Sexo anal: ¿agujero o virtud?

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Miranda: La cuestión es, si te da por detrás, ¿te respetará más o te respetará menos? Esa es la cuestión.
Samantha: Qué más da por donde sea, un agujero es un agujero.
Charlotte: ¡No soy un agujero!
Samantha: Lo único que digo es que es solo una práctica física, que el cuerpo está diseñado para experimentarla y, postdata, es fabuloso.
Charlotte: Pero de qué hablas, ¡soy una chica bien!
Samantha: Solo digo que con un hombre especial y un buen lubricante…

La anterior es una conversación sobre sexo anal extraída de un capítulo de la serie de TV ‘Sexo en Nueva York’. La cuestión del respeto o de que eso no lo hacen las “chicas bien” o de si simplemente es algo físico, rodean a esta práctica y no solo en la ficción.

El sexo anal ha estado y está vinculado a muchos tabúes. Se considera algo sucio, doloroso, incluso depravado y, en hombres, unido con ciertas tendencias sexuales. Si a eso le añadimos la religión que tradicionalmente lo ha clasificado como una práctica “no natural”, hace que el “griego” o hacerlo “por detrás” sea, en general, visto con bastantes prejuicios negativos. Pero, ¿es para tanto?

Desmitificando el sexo anal

¿Es antinatural? Desde un punto de vista reproductivo, es innegable que el sentido está en la penetración pene-vagina. Pero el sexo anal se ha observado entre machos de oveja, de jirafa y de bisonte, y también entre machos de delfín mular, que se penetran mutuamente.

¿Es doloroso? Bien practicado, no tiene por qué serlo. El ano se dilata aunque no tiene la misma flexibilidad que la vagina, con lo que hay que trabajarlo con calma y paciencia, respetando los tiempos. Además, no tiene lubricación natural con lo que siempre es aconsejable usar un lubricante de base agua.

¿Es sucio?  El ano tiene bacterias y por eso, y por cuestiones de seguridad ante enfermedades de transmisión sexual, es recomendable siempre protegerse usando un preservativo. Respecto a la higiene íntima, hay quien opta por ponerse un enema para una limpieza más profunda pero no es conveniente abusar de esta medida.

Aunque quizás suene ridículo plantearlo… ¿tienen los hombres ciertas tendencias ocultas? Por supuesto, no. Ni por darlo ni por recibirlo. Es más, cuando es el hombre quien recibe puede resultarle muy placentero al sentir la estimulación del punto G.

Y dejo para el final mi mito favorito: ¿es de depravados? El sexo anal no es de chicas buenas ni de chicas malas. Una determinada práctica no nos hace mejores o peores, ni más o menos sexuales, ni más o menos audaces. De la misma manera que no hace que nos respeten más o menos. Simplemente es cuestión de gustos y placer.

Entonces, que cada uno juegue, experimente, disfrute, haga o deshaga como le apetezca. Sin prejuicios ni tabúes; con apertura y total libertad. Al fin y al cabo, solo es un agujero. ¿O no?