Sexo y verano

Julio, verano, calor, sol… en general, estamos más predispuestos a las relaciones sexuales. De por qué pasa eso y de opciones de sexo refrescante, hablamos en Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García, el programa de las tardes de Radio Nacional de España.

En la historia de la sexualidad nos fuimos a conocer Bayas, una ciudad de libertinaje de la Antigua Roma.

Puedes oírlo en el siguiente podcast. A partir del minuto 24.

No todo el monte es orgasmo

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Una mañana de excursión. Un paraje natural precioso, con un río, unas cascadas al final del recorrido donde ya apenas llegaba la numerosa gente que frecuentaba el lugar. Verano. Calor. Calenturas. Sexo al aire libre… Mmmmm…. ¡¡¡Sí!!! Pues, no. “Espera que viene alguien”. “Cuidado que se me clava una piedra”. “¡Ay, un bicho en mi pierna!”. “Me roza un hierbajo en el culo”. “¿Y ese ruido? ¿Son cascabeles?”. Lo eran. Y los llevaban un rebaño de cabras que se acercaron a nosotros con una cara a medio camino entre la intriga y el miedo. Al cabrero no lo llegamos a ver, aunque sospechamos que también estaba por ahí. Así no era plan. Seguimos la excursión. ¡Qué paisaje tan bonito! Eso sí.

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Más allá de la cama: sexo en lugares públicos

No sé si recordaréis una noticia de hace un par de años: Pillan a una alcaldesa belga practicando sexo en lo alto de un torreón de un castillo navarro. Es que el sexo al aire libre atrae bastante. Bueno, no solo al aire libre sino en diferentes escenarios fuera de la habitual cama. La playa, la montaña o el mar, si hablamos de hacerlo bajo el cielo; los probadores de una tienda, los aseos de un avión o de un tren, un ascensor y hasta en un túnel de lavado de coches para lugares públicos pero más cerrados. Se trata de aportar novedad, pasión y salir de la rutina amorosa.

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Dogging o sexo al aire libre

¿Qué atrae de esta práctica? Por un lado, el riesgo de ser pillados. El saberse haciendo algo prohibido, el tener que reprimir los gemidos, las prisas obligatorias, supone para algunos un extra de morbo y, en consecuencia, de pasión. Por otro lado, están los exhibicionistas que se excitan por el hecho de que alguien les pueda ver. Y por mi parte, creo que la principal baza del sexo en lugares poco habituales es la pasión, el deseo irrefrenable que supone. Un “aquí te pillo aquí te mato” donde salen los instintos más salvajes y placenteros.

El sexo al aire libre se conoce como dogging (del inglés dog, perro, refiriéndose al hecho de que estos animales lo hacen a la vista de todos) o su equivalente en español cancaneo. Tiene múltiples seguidores, tanto es así que se organizan encuentros para practicarlo en espacios públicos. Puede realizarse con tu pareja y que aparezcan algunos voyeurs (mirones) pero en muchas ocasiones se refiere directamente a sexo en grupo con desconocidos. En internet se pueden encontrar grupos y sitios (habitualmente parques, playas, aparcamientos) donde realizar esta práctica sexual.

El cruising, otra palabra relacionada, hace referencia a ver a alguien y que te entren ganas de tener sexo rápido con él, por lo que, sin que sea necesario hablar demasiado, se busca un sitio público pero lejos de miradas extrañas y se procede. Generalmente se usa este término para relaciones homosexuales. Internet también sirve de intermediario para conocer personas y lugares para esta práctica. Aunque el cruising nada tiene que ver con las nuevas tecnologías porque parece que ya se realizaba en la Antigua Roma.

Si haces sexo al aire libre, toma precauciones. Y no me refiero sólo a las propias del acto sexual (que también), si no que tengas en cuenta que hay quien se dedica a grabar a parejas en pleno acto para luego colgarlo en la web. Y también está el asunto de Google Maps. Porque hay casos de parejas que estando en plena faena, han sido sorprendidas por un coche con una cámara en el techo y han acabado en los mapas más visitados de la red. Y resulta que también hay servicio de Google para grabar el interior de tiendas y, como ya sabemos, los probadores pueden ser sitios muy tentadores.