Érase una vez… la masturbación

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Hace muchos muchos años, una noche, en la cama ya con todas las luces apagadas, hurgué con mi dedo en mi vulva hasta acabar metiéndolo en mi vagina. Fue una acción totalmente consciente, quería saber qué se sentía. Mejor dicho, quería experimentar de alguna manera eso tan maravilloso que había oído que era meter algo por ahí. Me esforcé, de verdad que quise sentir, pero “tan” maravilloso no me pareció. Creo que esa fue mi primera experiencia con la masturbación.

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Hace unos días asistí a una charla en la que el ponente dijo, con toda naturalidad, que antes de dormirse se hacía una pajilla para relajarse. No explicaré, porque estamos en otro asunto, cómo llegamos al punto de hablar de masturbación en una conferencia que llevaba por título “Mejora la comunicación de tu empresa”. Aunque sí diré que para el tipo de charla y comunicador que era, el asunto encajaba. La sorpresa no me viene porque se hable de masturbación en una conferencia sobre comunicación (que también), sino por la reacción del público. Todos adultos, unas risillas se oyeron en el auditorio. Pero, ¿es posible? ¿Aún nos resulta vergonzoso hablar de la masturbación?

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Encontrar datos sobre esta práctica es complicado. Pero me atrevería a decir que la masturbación es muy común entre hombres y mujeres (sí, también nosotras lo hacemos). Se encuentran cifras que, aunque no sé si están suficientemente contrastadas, hablan de entre un 92-94% de hombres y entre 85-93% de mujeres que se proporcionan autoplacer. Es, además, una práctica que se inicia desde pequeños y se mantiene durante toda la vida. Es falso que cuando tenemos relaciones sexuales dejamos de masturbarnos. ¿Por qué habría de ser así?

Masturbarse ayuda a conocer nuestro propio cuerpo, mejora nuestra sexualidad y nos proporciona placer. Además, propicia la segregación de endorfinas (lo que aporta sensación de bienestar), reduce el estrés y facilita el sueño. Quererse a uno mismo es muy recomendable.

La práctica del onanismo no disminuye el deseo sexual, al contrario, lo aumenta. Todo lo que sea estimular la sexualidad va a favor de las relaciones. Y no hay que ofenderse si nuestra pareja se masturba. No implica menos atracción hacia nosotros, simplemente son prácticas diferentes.

Volviendo a la charla que abre este artículo, me pregunto cuál hubiera sido la reacción si hubiera sido una mujer la que hacía el comentario de “una pajilla antes de dormir”. La masturbación masculina, con sus mitos, está comúnmente aceptada. En el caso de las mujeres ya es otra cosa. Por pudor, porque la sexualidad femenina tradicionalmente ha estado más oculta, por cultura, se habla poco de la masturbación femenina.

Los datos dicen que el número de mujeres y hombres que se masturban habitualmente es similar. En cuanto a los beneficios, además de los ya comentados, parece ser que el autoplacer en la mujer alivia los dolores pre y menstruales. Y es una estupenda manera de conocernos, saber qué nos gusta y cómo nos gusta.

Como he leído por ahí: “Masturbarse es sexo con alguien a quien amas