No solo a los hombres les gusta la felación (y otras confesiones)

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Leyendo artículos por ahí y escuchando opiniones por allá, a veces parece que a las mujeres nos supone un sacrificio hacer una felación y que solo lo hacemos para darles placer a ellos. Yo no concuerdo con esto porque, además de estar siempre en contra de las generalizaciones, creo que hay mujeres a las que sí nos gusta dar sexo oral. El motivo es bien simple: porque nos proporciona placer a nosotras mismas.

Ahondando en los motivos, me preguntaron una vez por qué nos gustaba hacer una felación, ya que hacer un cunnilingus, al fin y al cabo, implica saborear la lubricación vaginal (que, por cierto, hay a quien le encanta). Y como soy una chica obediente, cuando me preguntan respondo. Así que aquí van algunos motivos (pocos pero suficientes) por los que a las mujeres también nos gusta la felación:

– Hay una sensación de control de la situación, de asumir un papel activo en el sexo. De tener, la sartén por el mango.

– Proporcionar placer puede generar placer. O lo que es lo mismo, me excito si te veo excitado. Además es recíproco y alimenta el disfrute propio y ajeno.

– Porque se siente de forma más directa la eyaculación. Os voy a contar una cosa. Durante un tiempo, como joven responsable que era y soy, siempre practiqué la penetración con preservativo. Cuando opté por otros métodos anticonceptivos y con pareja estable, ya lo hice a pelo y erróneamente pensaba que podría notar la eyaculación dentro de mí, tenía curiosidad por sentir el chorro propulsado. En cambio, en el sexo oral, lógicamente, se percibe perfectamente. Además, se nota, ya sea con la boca o con las manos si agarran el pene, como llega ese momento, como el miembro se tensa un poquito más para dar paso al orgasmo. Y ese justo momento, a mi personalmente, me encanta.

– Asociamos a la mujer que hace una felación como más “guarrilla”, como chica mala. Y nos gusta sentirnos así. No entiendo este calificativo como algo despectivo, al contrario, para mi es sinónimo de libertad, de mujer decidida, de mujer que hace lo que quiere. Sí, lo reconozco, me estoy dejando llevar por estereotipos sexuales.

– El sexo oral también tiene su parte más dura. A quien le gusten las emociones más fuertes, disfrutará cuando se sienta usada mientras le follan la boca o al hacer una garganta profunda.

Y como estamos de confesiones, ¿sabéis que preguntaron a un grupo de mujeres en qué pensaban cuando hacían una felación? Algunas respuestas hacían referencia a cuánto les gustaba esa actividad sexual (“Me gusta su polla”, “Me pasaría todo el día haciendo esto”), a dudas respecto a la reacción del acompañante (“¿Le gusta? No reacciona, parece aburrido”), a cuestiones de comodidad y ejecución (“me duele la mandíbula”, “tengo un pelo en la boca”, “cuidado con los dientes”, “¿falta mucho?”) y a reflexiones varias (“Esto sería mejor recíproco”, “Me pregunto hasta donde puede entrar sin que me den nauseas”, “Por qué el sexo dura tan poco y esto lleva tanto tiempo”). Unas veces nos gusta mucho y otras, menos.  Y unas lo disfrutan más que otras. Pues sí, la vida es así.

No creo que en el sexo haya que hacer las cosas para recibir nada a cambio, simplemente se hace porque se quiere hacer. Pero no está de más recordar que el sexo oral es como el respeto, no lo pidas si no eres capaz de darlo. Porque si algo nos gusta también, tanto o más que una felación, es un buen cunnilingus.

¿Hacemos un 69?

¿Hacemos un 69? La gran mayoría de personas que reciban esta proposición sabrán perfectamente de qué están hablando. No en vano, el 69 es una de los términos sexuales más populares. Y para la minoría, que haberla hayla, es la postura en la que dos amantes se proporcionan a la vez sexo oral. Cuesta poco imaginar el por qué del nombre.

Es una práctica popular ahora y ya lo era en tiempos remotos. Se tienen pruebas de ello en el templo Lakshmana de Khajuraho en India, construido en el siglo X A.C. Este templo están profusamente decorado con grabados de diferentes tipos, uno de ellos de figuras humanas en actitudes amatorias. Y entre ellas podemos encontrar la postura “kalila” o “postura del cuervo” que no es otra que la que nos ocupa. En el Kamasutra, libro hindú de la sexualidad escrito en el siglo III d.C., también se hace referencia al 69 con estos nombres.

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Relieve con la postura Kalila en el templo Lakshmana de Khajuraho en India

En Occidente, se tienen pruebas gráficas de la realización de esta postura a mediados del siglo XIX, con las primeras teorías de la igualdad de géneros. De 1848 es la ilustración de Achille Devería para el libro erótico francés “Gamiani” en la que los personajes se proporcionan, uno a otro, sexo oral.

En los años 60 del pasado siglo, con la revolución sexual, se popularizó, ya sí, el nombre de 69 para hacer referencia a la excitación oral recíproca y simultánea. El año 1969 se proclamó, gracias a la canción de Serge Gainsbourg y Jane Birkin, año erótico y la expresión se extiende por todo el mundo y en todos los idiomas.

Entonces, ¿hacemos un 69? Una gran mayoría dirá que sí gustoso a la propuesta, es una práctica sumamente placentera al dar y recibir a la vez. A nivel práctico, lo mejor es encontrar una postura cómoda para ambos. La más habitual es tumbados, con la persona de menor volumen encima. En parejas heterosexuales, además, es más fácil para la mujer hacer una felación estando arriba ya que abajo, con la inclinación del pene, puede resultar más complicada. Otra postura recomendable es tumbados de lado. En parejas homosexuales masculinas me parece que debe ser la más cómoda. Sea cuál sea la postura adoptada, lo fundamental es que sea confortable porque en esos momentos lo importante es poder centrarse plenamente en la faena, en la que damos y en la que recibimos.

Hay quien califica al 69 como una de las posturas más democráticas que existe en el arte amatorio porque ambos miembros de la pareja están en igualdad de condiciones. Puede ser una práctica muy placentera pero yo confieso que no es mi número. A mi me despista. Mientras siento el placer de la lengua en mi clítoris o vagina no me concentro para hacer la parte que me toca. Además, para mi hacer una felación, por si sola, ya me resulta altamente placentera. De todas maneras, no quiero quitarle valor al asunto. Millones de personas a lo largo de la historia no pueden estar equivocadas. Y para sentir y hacer sentir, nada mejor que un 69. ¿Hace?

¿Realmente nos gusta el cunnilingus?

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Así formulada, esta pregunta puede inducir a error. Y si no, que levante la mano quien no se haya imaginado pronunciándola a una mujer con gafas de carey, moño en alto y un lápiz apuntando a unos labios fruncidos y reprobadores . A estas alturas de la Historia, en pleno siglo XXI y después de décadas luchando por el conocimiento y reconocimiento de la identidad social, fisiológica y sexual femenina, no deberíamos dejar que ninguna señorita Rottenmeier del tres al cuarto nos mirase por encima del hombro escandalizada al oírnos proclamar a los cuatro vientos que sí, señores, realmente disfrutamos cuando nos practican sexo oral. Claro está, no a toda costa ni por sistema. ¿De qué depende entonces? Seguid leyendo y enseguida lo descubriréis.

Eso sí, antes de pasar al meollo de la cuestión hay un par de puntualizaciones que debo haceros. Para entender la actitud ambivalente de muchas mujeres ante el cunnilingus, no basta solo con hablar del gusto personal de cada una. Muy al contrario, no estaría de más remontarse en el tiempo y ver cómo la mentalidad patriarcal se ha esforzado durante siglos en reprimir el goce sexual femenino. Definida por las Sagradas Escrituras como un “vaso” de la fertilidad, la mujer se ha visto históricamente avocada a un papel secundario en la práctica del sexo. En tanto que receptora del semen fertilizador, de ella se esperaba sumisión, paciencia y disponibilidad. ¿Cuántas no se habrán mordido el labio bajo el peso de sus maridos, cruzando los dedos para que terminara de una vez con sus embestidas epilépticas y las dejara en paz un rato? Está claro que tal panorama no parece el mejor contexto para animarse a guiar a la pareja en la cama y reclamar un poco más de énfasis en la estimulación genital femenina. Resignación, que dirían muchas.

Otro factor a tener en cuenta –siempre en relación con el anterior- es la idea fija que tenemos sobre nuestros órganos sexuales. A menudo nos debatimos entre una visión abiertamente conservadora que los concibe como simples instrumentos reproductivos y una perspectiva moderna y evolucionada que tiende a situarlos en el contexto del placer sin más. Cuando la primera le gana la partida a la segunda, brotan en nosotros miedos irracionales como la fealdad de nuestros labios vaginales, el tamaño de nuestra vulva o el olor de nuestra entrepierna. Si los hombres viven acomplejados por las dimensiones de su “amiguito”, nosotras no nos quedamos atrás. Y, precisamente por eso, a veces nos cuesta dejarnos llevar. Así que optamos por la postura del misionero porque –aunque es rematadamente clásica- está socialmente aceptada y creemos a pies juntillas que es la que más nos favorece ante nuestro(s) chico(s).

Pero, ¡ay!, cuando nos dejamos hacer… ya no hay marcha atrás. El cunnilingus, como el sexo anal, es una punto de no retorno. Una vez nos relajamos y nos sentimos cómodas ante la idea de tenerle a él lamiendo, chupeteando, acariciando y jugando con nuestro sexo hemos fumado la pipa de la paz con nosotras mismas. Es en ese punto cuando entendemos que el placer propio y ajeno no pasa por tamaños y formas, sino por sensaciones; que la intimidad va mucho más allá de la simple penetración, que no hay mejor manera de conocerse y de darse a conocer que recorrerse mutuamente sin dejarse nada, que la confianza es la llave para que todo sea válido y nada nos ruborice. Sí, nos gusta el cunnilingus, Rottenmeier. ¿A ti no?

por Claudia Méndez, Sexualidad X

El placer de un buen cunnilingus

El sexo oral es una maravilla. Tanto darlo como recibirlo. Pero vamos ahora, mujeres, a recibirlo. Un cunnilingus bien hecho, donde quien lo da piensa en el placer de quien lo recibe, es una delicia. En esos casos hay que disfrutar de esa generosidad.

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Cunnilingus viene del latín cunnus: “cuña” o “vulva”, y lingus: “lengua” y se refiere a la práctica de sexo oral donde se lame, chupa o mordisquea los labios de la vulva, la entrada de la vagina y el clítoris. Es una práctica habitual dentro de las relaciones de pareja, aunque algunos puedan tener cierto reparo. Y ese reparo puede venir por parte del que da (apuro de lamer el sexo por su olor o sabor) pero también de la que recibe y por motivos similares. Ante esto solo puedo decir que donde hay confianza, no deberían haber apuros ni reparos. Solo las ganas.

Cuando se hace un cunnilingus no hay que tener prisa. Puede ser muy excitante para la chica comenzar recibiendo unas caricias, quizás empezando por los pies y subiendo por las piernas. Con calma, acercándose a la vagina pero sin llegar (aún) a tocarla. Sintiendo el roce de las manos en la piel. Deseando que esas manos toquen ya el sexo e incrementando la excitación al no hacerlo. Hasta llegar al punto en que sí, en que ya las manos o la boca se acercan a la húmeda vagina. Y entonces hay que dejarse llevar. Relajarse, sentir, gozar.

En numerosos sitios hay consejos sobre cómo hacer un cunnilingus. Aunque la mejor descripción, por detallista, cercana y vivida, la he visto en el artículo: El arte del cunnilingus. Yo, la verdad, técnicamente no sabría darlos. Lo único, es que creo que el mejor consejo es hacerlo con ganas, disfrutar dando placer. En todo caso, la pareja  irá guiando con sus movimientos y sonidos. Eso sí, en el paseo por el sexo femenino no hay que olvidar el clítoris, ese pequeño y mágico órgano. Es también una buena práctica combinar el uso de la boca y los dedos en la estimulación vaginal.

Realizando sexo oral también es posible el contagio de enfermedades de transmisión de sexual, aunque la probabilidad es inferior que en el coito. Por ello los especialistas recomiendan el uso de algún tipo de protección (como el condón femenino) si se practica con desconocidas.

Tanto si das como si recibes, nada mejor que disfrutar del placer de un buen cunnilingus.