La pasión sexual

La pasión sexual es un nivel superior de deseo. Es la excitación que sentimos hacia una persona que, por ciertos momentos, hace que estar con ella, sentirla, se convierta en casi una obsesión. Es esa sensación – fantástica – que nos hace olvidar todo, volar.

De la pasión sexual hablamos la semana pasada en Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García en Radio Nacional. Distinguimos entre pasión, deseo y amor. Hablamos de cómo funciona la pasión y por qué algunas relaciones pasionales pueden volverse tóxicas.

Puedes esucharlo en el siguiente podcast, a partir del minuto 35.

 

Y para ambientar, una canción apasionada: “Je t’aime… moi non plus” (escucha en el podcast la historia de esta canción)

Acaríciame, bésame, lámeme… ahí

erogenasNo descubro nada si digo que los genitales son una zona altamente erógena. Clítoris y vagina en mujeres o pene y testículos en hombres, son consideradas zonas primarias en la estimulación sexual. Pero no son las únicas partes que producen excitación. Ni mucho menos. De hecho, podríamos decir que cuando hablamos de sexo como algo físico, todo nuestro cuerpo disfruta. Y si nos fijamos en la parte psicológica, y la sexualidad tiene mucho de eso, entonces el cerebro es nuestro principal órgano sexual.

Centrándonos en lo físico (aunque nunca hay que dejar de lado la parte psicológica del sexo), el cuerpo humano tiene infinidad de zonas erógenas. Pero como tenemos una sexualidad muy centrada en los genitales (genitocentrismo), a veces pasamos por alto esas otras partes que pueden dar mucho juego en la excitación y el deseo. Como en todo lo referente a la sexualidad, estas zonas pueden ser muy particulares de cada uno. Y también hay que tener presente que aunque tradicionalmente los hombres sean considerados más “genitales”, también ellos tienen sus zonas sexualmente estimulantes fuera del pene y los testículos.

Así que hoy quiero reivindicar esas otras partes del cuerpo, tradicionalmente menos acariciadas, besadas, lamidas…, pero muy agradecidas en lo que a excitación se refiere:

– Los pies pueden ser una zona muy erógena. Sentir una lengua entre los deditos o en el tobillo puede ser altamente placentero. Además la planta del pie tiene infinidad de terminaciones nerviosas, muy receptivas a cualquier estímulo.

– El lóbulo de la oreja responde también muy bien a caricias, besos y pequeños mordiscos.

– El cuello y la nuca son zonas muy estimulantes y, éstas sí son tenidas en cuenta en ocasiones.

– Las axilas, grandes olvidadas en las relaciones sexuales cuando son una zona altamente erógena. Son muy sensibles y excitantes pero muchas veces se dejan de lado por asco, desconocimiento o incomodidad.

– De la misma manera, la zona de detrás de las rodillas resulta muy sensible al tacto.

– Y qué decir de la cara interna del muslo. Un masaje tranquilo con las manos subiendo por las piernas y acariciándolas por su parte interna, sin llegar a la zona genital, puede encender, y mucho, el deseo.

– Se puede empezar acariciando y explorando el vientre y la zona de alrededor del ombligo para ir encendiendo poco a poco la pasión.

– En los hombres, los pezones son una zona altamente sensible. Claro está que en las mujeres, también. Pero en nosotras no es una parte que se olvide habitualmente.

Cada uno tiene sus zonas más sensibles y no necesariamente todos coincidimos. Así que explorad vuestro cuerpo y el de vuestra pareja, guiad y pedid sin miedos y sin prejuicios. A saber qué maravillas podéis descubrir.