A mirarse el ombligo

1-ombligo

En uno de los cuentos de Las mil y una noches, la hermosa Budur, quitándose la camisa se acercó al joven Kamaralzamán y le dijo: “¡He aquí mi ombligo, que gusta de la caricia delicada; ven a disfrutar de él!”. Una leyenda dice que un mesonero de Bologna quedó embelesado por el perfecto ombligo de Venus y a partir de esa imagen creó los tortellinis. En Hollywood, de 1934 a 1967 estuvo vigente el Código Hays que determinaba qué se podía ver en pantalla. Entre las muchas condiciones que había, estaba prohibido enseñar el ombligo. Hoy en día ha crecido la demanda de operaciones estéticas para embellecer el ombligo. El centro del cuerpo se ha considerado tradicionalmente un estímulo erótico. Y de ahí al fetichismo, hay un paso.

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Los pies, objeto de deseo

Mis pies.

Mis pies

El fetichismo de pies o, lo que es lo mismo, la excitación que produce esta parte del cuerpo humano, es uno de los más comunes en los hombres. Es decir, hay quien se excita con unos pechos y hay quien lo hace con unos pies (y no son incompatibles, claro).

Los gustos en este asunto pedio es, como en todos, variado. Los hay que prefieren pies pequeños, otros grandes. Egipcios o griegos. Con las uñas pintadas o, por el contrario, naturales. Vestidos con medias o simplemente el pie desnudo. En ocasiones puede ir unido a la atracción por los zapatos (de tacón alto generalmente) pero hay fetichistas de pies a los que no les gustan los tacones.

Acariciar, masajear, oler, lamer, besar y comer los pies femeninos son prácticas muy eróticas para quienes gustan de esta zona. Si los pies están sudados, puede resultar aún más excitante. Puede ser el inicio de otras prácticas sexuales, pero en muchas ocasiones, el fetichista de pies tiene suficiente con ellos para correrse.

Con la adoración del pie se relacionan prácticas de sumisión. Basta con visualizar una mujer con un hombre tendido a sus pies para ver la relación. Pisar, dar patadas, pegar, lamer pies sucios… son prácticas de dominación que provocan humillación, deseo, placer y hasta cierto dolor. De estas, destaco el trampling, término inglés para denominar la acción de pisar o caminar sobre el cuerpo de la persona con los pies desnudos o con zapatos. Hay fanáticos de esta práctica. Una simple búsqueda de este término en youtube devuelve una diversidad de ejemplos: varias personas encima de una alfombra humana, saltando, con zapatos de tacón, con deportivas, sin calzado, con o sin medias, pisando la cara, el pecho, la espalda… Por supuesto, los tacones de aguja causan más dolor que un pie desnudo.

A algunas mujeres les excita que les coman los pies, que recorran con la lengua todos los rincones y recovecos, especialmente el espacio entre los dedos. También las hay a las que no les produce excitación, pero ¿a quién le amarga un buen masajito en los pies con manos o con lengua? Y quienes gustan de dominar, se sentirán poderosos teniendo a un sumiso a sus pies.

En definitiva, los pies dan juego. Si no, que se lo digan a Quentin Tarantino que incluyó la escena más famosa de fetichismo de pies en cine comercial en su película “Abierto hasta el amanecer”. En el minuto 2:22 él mismo, declarado amante de la zona femenina más cercana al suelo, disfrutó de los pies de Salma Hayek.

Piesecitos, dejaos adorar. Después de los largos días soportando vosotros solos todo el peso del cuerpo, bien os merecéis atenciones y mimos. Y hay quien está dispuesto a daroslos gustosamente.

¿Tienes algún fetichismo?

zapatos de tacón

Los zapatos de tacón alto, un fetiche bastante común

Para que partamos todos de una misma idea, el fetichismo se define como la excitación erótica o la facilitación y el logro del orgasmo a través de un talismán u objeto fetiche, sustancia o parte del cuerpo en particular. Habitualmente no provoca ningún problema ni daño, a no ser que afecte a la vida social de la persona. Es entonces cuando se considera una patología.

Resulta que fetichismos hay para todos los gustos. En el siguiente enlace podréis ver un listado de algunos de ellos: fetichismos

Los nombres que se le da a los fetichismos no tienen desperdicio: quinunolagnia, iconofilia que puede ser pasiva o activa, clastomanía, alveofilia o altocalcifilia son algunos de ellos. Os vuelvo a recomendar el diccionario de antes por si queréis saber a qué se refieren.

Algunos de estos fetichismos son bastante comunes. Por ejemplo, la atracción por zapatos de tacón alto (por cierto, uno de los cinco palabrejos de antes), por la lencería, por ciertos juguetes eróticos, por ciertas prendas de vestir, por los pies… Otros son, o a mi me lo parece, menos habituales: atracción por estatuas o maniquíes desnudos, por partes del cuerpo con mucho vello, por las cosquillas…

Partiendo siempre del respeto, la libertad y de no hacer daño a nadie (ni a uno mismo), creo que hay que vivir estos fetichismos con naturalidad y alegría. He conocido personas con un fetichismo de los más comunes, el de pies de mujeres, que no lo habían comentado con su novia o pareja. Aprovechaban para darle algunos besos en los pies pero sin llegar a confesarle que realmente les excitaba esa situación. Pues creo que se equivocaban. En una pareja la comunicación es fundamental en cualquier aspecto de la relación, y por supuesto en el sexo.

Para la pareja del fetichista, puede que no se compartan gustos o aficines, pero abrir la mente a otras ideas aporta mucho, nos hace aprender y crecer. Y hay que valorar la sinceridad y nunca, nunca juzgar o criticar. Por supuesto nadie nos obliga a nada que no nos guste, pero tampoco cohibamos a nadie.

Para gustos, los colores y los fetiches. Como decía, con tolerancia, respeto y libertad.