Orgía para todas

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Alucinada a la par que indignada.

La semana pasada varios medios se hicieron eco de una fiesta de carácter sexual y elitista que se celebró en Madrid. Organizada por una empresa británica que se dedica a ello desde hace años, la gracia del asunto es que solo se puede asistir si te admiten y que la mujer es la que manda. Pero no hablamos necesariamente de FemDom (sumisos míos no empecéis a salivar), sino de que son las mujeres las que eligen con quien jugar. Respecto al “si te admiten”, solo pueden asistir personas “guapas”. No se exige un físico en las mujeres pero sí algo tan eufemístico como que “se cuiden”, la media de edad está entre 25 y 40 años. No se admiten hombres que sean calvos, gordos o mayores de 45 años. Pueden entrar parejas o mujeres solas.

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¿Ha tenido deseos de realizar con alguna amiga goces homosexuales?

DSC_0669-001Por razones que carecen de interés, me encontraba yo en una habitación de una casa vacía rodeada de libros antiguos. Varios llamaron mi atención, entre ellos uno titulado “La sexualidad femenina”. Como eran textos huérfanos, en busca de lector, me lo llevé para echarle una ojeada, pensando en que daría una visión como mínimo curiosa por la perspectiva del tiempo.

Ya en casa, repaso la portada y leo el subtítulo “Una investigación estadística”. ¿Datos estadísticos sobre sexualidad? Me recuerda a los conocidos estudios de Alfred Kinsey o de Shere Hite. ¡Resulta que eso es! Una investigación sobre sexualidad femenina, similar a las que hicieron estos investigadores norteamericanos, pero anterior y a nivel español. El autor del estudio fue el doctor Ramón Serrano Vicens (Zaragoza 1908, Valencia 1978) el cual, entre 1932 y 1961, estudió de forma sistemática la sexualidad a través de entrevistas a 1.417 mujeres. El libro permaneció inédito hasta 1971 ya que en la época franquista era complicado publicar un libro de semejante temática.

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Ojalá todas seamos un poco más putas

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María, veintidós años, califica a Elena de puta porque una noche de fiesta coqueteó con todos los chicos y se enrolló con un par. Como Juan, a pesar de sus encantos de macho, no consiguió nada con Eli, dice que ésta es una frígida. Javier se queja de que su jefa es una amargada y que le falta un buen polvo.

La sexualidad femenina sigue siendo juzgada, tanto por hombres como por mujeres, también en generaciones jóvenes. Se nos llama putas o frígidas, de forma despectiva y ¿bajo qué criterio? ¿En qué nivel ponemos el listón para ser puta o para ser frígida? En muchas ocasiones, adoptando un punto de vista de hombre heterosexual extendido a toda la sociedad. Es curioso, por ejemplo, que la palabra ninfómana, que se define como mujer que sufre un deseo sexual intenso e insaciable, no tenga versión masculina.

Es esa tradición patriarcal, que antes incluso negaba la sexualidad y el deseo femenino, la que marca lo que es aceptable. Y lo socialmente adecuado, en general, aún no es que las mujeres tengamos una vida sexual libre y además lo comentemos abiertamente.

Pero voy a ir un paso más allá. Creo que alguien que opta por vivir su vida sexual de forma activa está escogiendo lo que quiere hacer. De la misma forma que quien decide libremente ser monja y hacer voto de castidad. Lo triste es el caso de mujeres que no escogen, que se dejan llevar por aquello que “toca”, por las convenciones sociales y que sienten que la vida las está llevando. Que querrían ser más putas pero no se atreven. Y no me refiero solo a lo estrictamente sexual. Hablo en general, de escoger, de decidir, de equivocarse y también de acertar, de ser dueñas de su propio destino. Entonces, si ser puta es ser o sentirse libre, ojalá todas lo fuéramos un poco más.

En esta sociedad subyacen ideas patriarcales y las mujeres seguimos con prejuicios y recelos. Ya va siendo hora de que nos acerquemos a la sexualidad y a la vida con seguridad, con apertura y buscando y pidiendo lo que queremos. Y también va tocando ya que nos dejen de juzgar por ello.