Poliamor o cómo complicar felizmente las relaciones

María está casada con Javi y tienen dos hijos en común, niño y niña, mellizos. A su vez, mantiene una relación amorosa con Isa. Se conocieron y surgió la chispa entre ellas dos. Javi sabe de su relación y está feliz porque ve que María lo está. Compersión se llama esa sensación. Isa y Javi se conocen, se llevan bien pero no hay una relación amorosa entre ellos. Isa, tiene un amigo íntimo, con quién queda de vez en cuando, no tanto como ella querría porque Iván es pura anarquía. Pero lo han hablado, Iván ha sido claro respecto a lo que busca y ofrece. Isa, a pesar de todo, se siente bien así porque Iván le aporta una chispa de locura a su vida. María se ríe cuando Isa le cuenta sus locuras con Iván. Javi, ya siendo marido de María, fue pareja de Elena pero ya no están juntos. Ambas sabían de la existencia de la otra pero Elena no supo gestionar una relación así. Quería pero no podía. Siguen siendo buenos amigos y a veces, salen a cenar junto con María e Isa. En ocasiones, Elena hace de niñera de los mellizos, a los que adora (y ellos a ella).

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Relaciones a medida

En mi sección semanal de sexo en Radio Nacional en Esto me suena, el programa de las tardes, hablamos la semana pasada de diferentes tipos de relaciones: monogamia, parejas abiertas, poliamor, anarquía relacional…

No hay relaciones buenas ni malas. Se trata de conocer que existen, que son una realidad y que cada uno construya su relación como mejor le convenga, pero no necesariamente ajustada a clichés.

Anaïs Nin, escritora estadounidense, vivió precisamente sus relaciones de pareja y sexuales como quiso. Repasamos un poquito su historia y sus diarios íntimos.

Definimos un par de palabras en la subsección de vocabulario y comentamos una noticia.

¿No pudiste escucharlo en directo y te apetece oírlo? Pulsa en el enlace que encuentras a continuación para acceder al podcast. A partir del minuto 35:30.

La vida es corta y la infidelidad está a la vuelta de la esquina

infidelidad

Si se quiere, ser infiel es fácil. Hoy en día, si cabe, más. Internet y las redes sociales facilitan mucho la labor de contacto y comunicación. Ashley Madison, Victoria Milan, Second Love o Gleeden son algunas de las redes sociales cuyo objetivo es facilitar infidelidades. Es, además, un sector en auge con un creciente volumen de usuarios. Y, por si alguien aún tiene ideas preconcebidas, el 57% de registros pertenecen a mujeres.

“La vida es corta”. “Revive la pasión”. “Rompe con la rutina y haz algo divertido”. “Coquetear no es solo para solteros” son algunos de los lemas que nos animan a unirnos a estas redes, seguras, confidenciales, anónimas y que hasta te pueden facilitar una coartada. Apelan a lo prohibido, a la pasión, a la diversión, a la aventura. Y es que las infidelidades pueden aportan eso y ese es, precisamente, su atractivo. De hecho, aunque Internet hoy en día facilite la tarea, el adulterio es un fenómeno muy antiguo.

Pero, ¿qué es la infidelidad en la pareja? Sería simple decir que es sexo con otra persona fuera de la pareja. Sí, ese es el concepto más habitual pero también puede haber infidelidad en otros aspectos. La escritora y sexóloga Valerie Tasso lo define en mi opinión muy acertadamente cuando dice que la infidelidad es romper los pactos que hay en la pareja. Esos pactos son los que cada pareja decide que sean. Por ejemplo, cuando no tener sexo con otra persona es un pacto, cuando sucede aparece la infidelidad. Pero también cuando una pareja decide que sí puede haber sexo con otras personas pero con la condición de saberlo antes. Si se oculta, entonces habrá infidelidad.

Mucho se ha estudiado si los humanos somos monógamos por naturaleza. Sobre esto se habla de monogamia social y monogamia sexual. La primera se refiere a formar parejas estables y está presente en muchas especies de la naturaleza. La segunda, la sexual, es la relativa a la infidelidad y esa es muy poco habitual. Hay quien dice que los humanos somos monógamos por cultura, pero promiscuos por naturaleza. Los porcentajes de infidelidades en el mundo y a lo largo de la historia parecen reforzar esta idea.

¿Por qué somos infieles? Por salir de la rutina, por vivir algo prohibido, por experimentar aquello que ya no tenemos en casa… Según la red Victoria Milan, “los hombres infieles buscan a mujeres que sean más cariñosas, más apasionadas y más propensas a escucharles que sus parejas. Por otro lado las mujeres infieles por lo general ya sienten que tienen un hombre atractivo en casa, el problema para ellas es que sus parejas dan su relación por hecho, motivo por el que buscan en su amante, un hombre que les haga sentirse deseadas de nuevo, y a alguien que les preste la atención que no están recibiendo de su pareja actual”. Sea como sea, bajo mi punto de vista, no se puede culpar siempre y únicamente al miembro que ha sido infiel porque las relaciones de pareja son más complicadas que todo eso y puede que haya otra causa detrás de todo ello.

Habitualmente se asocia el sexo al amor, cuando son conceptos diferentes. Parece que al amar a alguien ya no se puede desear a nadie más. Pero lo cierto es que se puede tener sexo con un tercero sin dejar de querer a tu pareja. Algunas parejas lo entienden así y separan el amor del sexo. Esa es la base de las relaciones liberales o swinger, parejas que tienen relaciones consentidas con otras personas. Y entonces, la infidelidad nada tiene que ver con el sexo.