La erótica del escenario

groupies

“Fóllate a tu ídolo” era la base de la cultura groupie de los años 60-70, la edad de oro de este fenómeno. Una groupie es una seguidora devota de una banda o de un músico. Es un nivel superior al de fan e implica buscar un contacto más íntimo. Habitualmente adolescentes, las groupies que conseguían serlo seguían a sus ídolos en las giras y formaban parte de sus vidas y de su música. Algunas llegaron a ser famosas, escribiendo libros sobre su experiencia (Pamela Des Barres escribió I’m with the Band: Confessions of a Groupie, en 1987). Indiscutiblemente la calidad de su música era lo fundamental en una banda, pero tener groupies junto con las drogas y las habitaciones de hotel destrozadas, formaba parte de la leyenda. El fenómeno fue a menos porque con la llegada de las enfermedades de transmisión sexual el amor libre se desinfló y porque los músicos empezaron a relacionarse con artistas y actrices, más que con fans anónimas. Aunque es una figura típicamente femenina, hubo algún groupie masculino, como Pleather, que siguió a celebridades mujeres como Courtney Love y miembros del grupo The Bangles.

¿Y tú? ¿Tendrías sexo con alguien solo porque fuera famoso/a? Una que es altamente racional e íntegra a su manera, lo piensa y muy segura dice “No. A mí, por muy famosa que sea, si la persona no me gusta no hay nada que hacer”. Y es entonces cuando alguien me replica, “A ver, bonita, tú como todos, te dejarías llevar por el ‘efecto escenario’”. Es decir, solo por estar sobre las tablas y ser el centro de atención, esa persona se convierte en la más deseada e irradia un sex-appeale irresistible en ese preciso momento. Es importante la delimitación temporal porque citando a Los Secretos en su canción ‘Ojos de gata’, “cómo explicar que me vuelvo vulgar al bajarme de cada escenario”. Complementario aunque diferente sería el ‘efecto famoso’, que es más estable en el tiempo que el primero. Hablando llanamente, es tirarte a alguien por el simple hecho de ser célebre. Es igual que sea alto, bajo, feo, guapo, listo o tonto. No importa si te cae bien o mal. Es famoso. Paso por alto a quienes buscan obtener un beneficio económico del revolcón, si no que me refiero a que el único objetivo de ese encuentro sea la satisfacción personal de ‘haber estado con’.

Como hay estudios científicos para todos los gustos, resulta que hay una explicación a la ‘erótica del escenario’. En el documental “Mi cerebro musical” de National Geographic nos dan pistas del por qué de esa atracción. Los músicos y los bailarines gozan de vigor físico y creativo, que eran dos características fundamentales para la supervivencia hace 50 mil años. Como ciertas teorías dicen que algunas partes de nuestro cerebro moderno siguen conectadas a nuestro cerebro prehistórico, ese sería el motivo por el que las mujeres nos sentimos atraídas por los músicos. Vamos, como los pájaros, donde el macho demuestra su poderío con el canto para atraer a la hembra.

El fenómeno groupie ha perdido esa fuerza de antaño y hoy en día se desarrolla más en las redes sociales, donde el objetivo del fan pasa por publicar una foto con su ídolo o que éste le haga un Retweet o un “Me Gusta”. Claro que siguen existiendo seguidores que buscan follarse al ídolo, pero también están quienes se conforman con el onanismo de verse en un selfie.

Por cierto, en algunos sitios he leído que hoy en día, para poder acercarte a tu ídolo una buena estrategia podría ser tener un blog. Pues nada, ya estoy algo más cerca de ser una groupie.

8 comentarios en “La erótica del escenario

  1. Muy buen post. Pues la verdad que estoy de acuerdo contigo, cuando dices que no que tú no lo harías, pienso igual a mi por muy famosa que sea si no me atrae no hay forma. Pero dicho eso si hay famosas que me atraen mucho, valga el ejemplo: es el caso de Amaral. siempre Eva me pone muchísimo, pero no por ser famosa, es ella en si, por supuesto también me gusta como cantante.
    A ti Arola hay algún ejemplo?
    Besos

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    • Voy a tirar de un clásico: el Brad Pitt de Troya. También Hugh Jackman como Lobezno y Michael Fassbender. Y por hablar de música, durante un tiempo me gustó Larry Mullen Jr, batería de U2. Vaya, si al final voy a tener alma de groupie 😀

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