Compartiendo cama con una muñeca sexual

Kanda y yo

Kanda y yo

En marzo de 2014 publiqué un inocente artículo sobre muñecas sexuales. Quién me iba a decir a mi que tres años más tarde estaría compartiendo cama con una de ellas.

Hace un par de meses, la noticia de que abría en Barcelona un burdel de muñecas sexuales corrió como la pólvora por medios españoles e internacionales. Era el primer establecimiento en ofrecer servicios de este tipo y la expectación mediática desbordó a los responsables de la iniciativa. De todos, hubo dos artículos que me llamaron especialmente la atención. El primero, con el que saltó la liebre, era de un reportero que simulaba tener un encuentro con Liby, una de las muñecas. Contrató sus servicios pero no para tener sexo con ella, sino que se encerró en la habitación y le hizo fotos. El artículo y las imágenes que le acompañaba era, honestamente, muy divertido. Y entre eso y la novedad del tema, se hizo viral. Ante tanta repercusión, las lumidolls – que así se llaman las muñecas – tuvieron que dejar el lugar donde prestaban sus servicios por motivos burocráticos. Fueron acogidas por Apricots, una empresa de prostitución, que vio en ellas una posibilidad de ampliar sus servicios, no una competencia a sus chicas. Ya situadas en su nuevo lugar de trabajo, llegó el segundo artículo que me llamó la atención. Se trataba de un reportero que sí había probado las muñecas en el uso para el que están concebidas. Acabó definiendo la experiencia como una masturbación de lujo. Esta es la historia resumida, quedaos con los dos artículos porque volveré a ellos.

Hace unos días tuve la oportunidad de conocer a dos de los responsables de la empresa Lumidolls y a Kanda, una de sus “chicas”. Me acompañaron a una habitación donde la muñeca estaba preparada para recibir al cliente: vestida con lencería y medias y en posición bastante explícita. He de reconocer que a primera vista, me impresionó por lo real que me pareció. ¡Incluso pedí permiso para tocarla! “Claro, no te va a decir nada”, me respondieron. Es verdad, no se quejó cuando le bajé el sujetador para mirarle el pezón y tocarle una teta. El tacto es suave y flexible, los detalles (pies, manos, uñas, pelo…) bien acabados y el peso considerable. Son unos 40 kilos de peso muerto que cuesta manipular, hasta que uno se acostumbra a ello. En definitiva, su presencia se notaba en la habitación.

El primer artículo que leí, si recordáis, lo he calificado de divertido. Reconozco que me lo pareció pero he cambiado de opinión. El periodista había jugado con la muñeca, fotografiándola en muchas posturas absurdas, quitándole la peluca, destacando sus defectos… Cuando conoces la otra parte de la historia, ves a unos emprendedores jóvenes que han decidido hacer una inversión para ofrecer un servicio que no existía porque piensan que puede tener su público. Tal y como me dijeron, “si lo que buscas es ridiculizar un objeto puedes hacerlo, ella no se va a quejar”. Puede que el servicio no guste o no se entienda pero, siendo legal y honesto, no es necesario desacreditarlo.

Con la noticia, saltó el debate sobre si las muñecas suponían el ejemplo máximo de la mujer como objeto sexual. Es cierto que tendemos a humanizar a las lumidolls. Su aspecto, tamaño, peso, forma, tacto… nos ayuda a ello. ¡Incluso tienen nombre! Pero no son personas, son un objeto erótico. Por ello me gustó el segundo artículo, el que definía la experiencia como un acto de onanismo con glamour. Me parece una buena definición: no se interactúa con una persona, no se puede esperar eso ni compararlo. Se trata de hacerse una paja con un juguete de alta gama. Igual que usamos dildos y no pensamos que son penes. Alguien podrá argumentar que con esa forma tan humana se da la imagen de la mujer como objeto sexual. Bueno, realmente esa imagen se da muchas veces en publicidad, moda, películas… Pero ese es otro debate.

Me alegró saber que pronto las lumidolls van a tener un compañero masculino. Piensan que sus servicios van a ser más requeridos por el público homosexual que por mujeres. Sea para quién sea, allí están ellas y estará él. Pienso que pueden tener su público en fetichistas de estas muñecas, en personas que no se atrevan a decirle a una mujer su fantasía o en quienes quieran, simplemente, probar una experiencia nueva.

El sector del sexo de pago tiene muchos tabúes, prejuicios e hipocresías. Kanda y sus compañeras, al menos, no sufrirán por ello.

8 comentarios en “Compartiendo cama con una muñeca sexual

  1. Muchas veces tomamos cariño,casi podemos decir que nos enamoramos de algunos objetos y jamás nos podemos desprender de ellos.¿Crees que podría pasarle esto a alguien con estas muñecas?.Gracias por el estupendo artículo y saludos.

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