Sociedad y fetichismos compartidos

“¿Podrías presentarme a alguna chica que le guste el fetichismo de pies?” Ésta es una pregunta que recibo con bastante frecuencia. Como es fácil de entender, no facilito contactos de amigas mías a desconocidos. Si acaso, puedo facilitar perfiles de profesionales de mi confianza que sé que hacen buenas sesiones foot fetish.

Pero ello me hace pensar, ¿tan difícil es encontrar personas con las que compartir los gustos sexuales? ¿Tan cerrados de mente seguimos siendo como para no comprender las peculiaridades eróticas? ¿O es que es uno mismo quién se autocensura y piensa que lo van a señalar?

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Te cuento mi fantasía y… ¿qué hacemos?

Este artículo va sobre parejas, parejas que se confían sus fantasías pero en las que hay un desnivel en inquietudes sexuales. Un miembro quiere más, el otro, no tanto. ¿Qué hacer entonces?

Imaginaos la siguiente situación: una pareja en la que uno de los miembros quiere hacer un trío (por buscar una fantasía común) y comparte esta fantasía con su compañero/a. Ante esta muestra de confianza podemos tener dos reacciones:

a) La pareja no quiere ni oír hablar de ello
b) La pareja escucha, parece que no le desagrada la idea pero necesita algo de tiempo para poder hacerlo.

Existe también una tercera reacción en la que el compañero se muestra encantado con la idea, fantasean juntos, buscan a la persona adecuada y hacen ese trío. Y comen perdices. Pero este artículo no va de estos casos.

Tampoco va de las parejas que ni siquiera comentan sus inquietudes. Ahí hay otro trabajo previo, relativo a la mejora de la comunicación y la confianza sexual.

confianza

Vamos a volver a las reacciones a y b, que no son extrañas en una situación como la planteada. Ante la primera, poco puedo decir. Me parece triste, muy triste, que dentro de una pareja no se puedan hablar de estos temas. La persona que se abre al otro y le cuenta sus fantasías está demostrando una confianza que ha de agradecerse, escucharse e, idealmente, convertirse en complicidad para hablar, fantasear e incluso, por qué no, realizar. Pero encontrarse un muro, puede ser decepcionante. Ante esto, que cada uno decida si quiere o no cumplir con sus inquietudes y cómo.

También puede pasar que nuestra pareja nos escuche, pero aún no se atreva, no lo vea claro. Entonces debemos ser flexibles. Podemos estar a diferentes niveles sexuales, pero hay apertura e interés. Puede haber cierta inseguridad que se puede ir hablando y trabajando conjuntamente, siempre respetando los límites y las ideas de cada uno. Nunca hay que forzar nada. Una primera aproximación al tema, quizás menos intensa para uno pero adecuada para el otro será una opción muy válida y que ha de valorarse y agradecerse. Estamos avanzando y puede que poco a poco lleguemos a esa fantasía. O puede que no, que ahora no sea el momento y más adelante sí. Pero se ha hablado y confiado, cosa muy importante en una pareja.

En esta situación b, también se puede dar el caso de que la pareja escuche diga que sí pero luego no se haga nada. Se dan largas, se ponen trabas y no se avanza. Puede, en el fondo, tratarse de una versión de la situación a. O quizás haya una distancia muy grande entre lo que busca uno y lo que puede ofrecer el otro y la aproximación resulta difícil.

El desarrollo y evolución de la sexualidad forma parte de la vida y para algunos, es además, una parte importante de su realización personal. Me parece muy bonito poder compartir esas inquietudes sexuales con la pareja y deberíamos todos ser más abiertos, tanto para confesar nuestras fantasías como para hacer nuestras las del otro. Es cierto que no todas las personas tenemos las mismas inquietudes, que hay para quienes desarrollar la sexualidad es una necesidad vital y para otros no tiene tanta importancia. Sea como sea, una pareja que habla, se cuenta sus fantasías y les presta atención con respeto y sin prejuicios es una pareja más unida y más cómplice. Si luego, además, la ponen en práctica, no tengo duda de que estarán un pasito más cerca de ser felices juntos, al menos felices sexualmente.