Siete historias de putas

“Si no hubiera miseria, habría menos prostitutas. Pero si no hubiera estigma, habría muchas más”Nadie avisa a una puta

Esta frase la dice Montse, prostituta especializada en personas con discapacidad, y la recoge Samanta Villar en su libro “Nadie avisa a una puta” (Libros del K.O., 2015), donde la periodista cuenta siete historias de otras tantas mujeres. Cada una es diferente y se centra en un aspecto del oficio, pero hay un enfoque común en todas ellas: explicar la prostitución desde dentro, mostrándola tal cual es y huyendo de los dichosos estigmas sociales.

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No soy prostituta ni tomo café

Ésta es una de las fotos que publico.

Ésta es una de las fotos que publico.

Últimamente he recibido algunos mensajes en un mismo sentido. Me preguntan si me interesa ser “dama de compañía”, si quiero mejorar mis ingresos como scort o si me prostituyo porque querrían contratar mis servicios. Más allá de agradecer (¡claro que sí!) que alguien quiera cruzar la península ibérica para contratarme habiendo tanta oferta por el camino, me sorprenden estas propuestas. Cualquiera que vea mi perfil en redes sociales, puede leer que soy bloggera, psicóloga, escribo artículos en mi blog y en otros medios, debato sobre sexualidad

Y publico fotos mías en lencería, sensuales, insinuando mi cuerpo.

¡Ajajá! Ahí estará el quid de la cuestión. Imagino que algunos (y algunas) pensarán que alguien que publica fotos suyas en ropa interior es probable que se dedique a la prostitución. O que busque vender su cuerpo. Digo yo que será eso. Una mentalidad arcaica, pero tristemente aún presente en nuestra sociedad, en la que hay quien piensa que si yo fuera una chica “decente” no me haría ese tipo de fotos. Que si me muestro así , voy provocando. Si además le sumas que hablo abiertamente de sexo, pues ya está, “ésta es una chica fácil”. Puede que algo de esto haya también ante las múltiples peticiones de desconocidos (algunos con nombres como “Macho Ibérico”) que me dicen que vienen a Málaga y podemos quedar para tomar un café. Una educación católica, represora y machista es, en buena parte, culpable de este tipo de mentalidades.

¿Por qué me hago fotos ligera de ropa? Hay una razón simple y poderosa: porque me gusta. Me veo bien. De la misma manera que el chico que va al gimnasio le gusta lucir sus músculos, o que las bloggeras de moda se hacen fotos con su ropa, o que hay quien publican fotos poniendo gestos. Y porque leer las reacciones educadas (la mayoría lo son) de mis amigos y seguidores, me hace sentir bien. Es muy lícito hacer cosas que nos ayuden a querernos más a nosotros mismos.

La prostitución ejercida libremente, me parece una profesión muy respetable. Pero no es la mía. No me ofende que me pregunten si soy scort. Ni tampoco que alguien quiera invitarme a un café, faltaría más. Pero sí me sorprende y, sobre todo, me entristece que se siga llegando a este tipo de conclusiones ante el hecho de que una mujer muestre su cuerpo como quiera. Las mujeres, nadie debería dudarlo ya, también tenemos sexualidad y tenemos derecho a disfrutarla libremente sin que nos juzguen ni nos tilden de… nada.

Pero, visto lo visto, ¿me tapo hasta el cuello para mantener impoluta mi honorabilidad? Pues creo que no. Creo que mejor sería que se fueran cambiando mentalidades. Pero no soy tan ingenua. Soy consciente de que eso es muy complicado porque está arraigado en nuestra sociedad y necesita de un trabajo educativo profundo, desde pequeños y desde todos los agentes. Hay camino hecho, mucha gente compartirá mi razonamiento, pero aún queda por hacer. Por mi parte, seguiré aportando mi granito de arena.