Siete historias de putas

“Si no hubiera miseria, habría menos prostitutas. Pero si no hubiera estigma, habría muchas más”Nadie avisa a una puta

Esta frase la dice Montse, prostituta especializada en personas con discapacidad, y la recoge Samanta Villar en su libro “Nadie avisa a una puta” (Libros del K.O., 2015), donde la periodista cuenta siete historias de otras tantas mujeres. Cada una es diferente y se centra en un aspecto del oficio, pero hay un enfoque común en todas ellas: explicar la prostitución desde dentro, mostrándola tal cual es y huyendo de los dichosos estigmas sociales.

“Dicen que la prostitución te merma la autoestima. Hay que saber cómo vive la gente antes.”

Es fácil criticar a las putas. Pero hay que entenderlas y conocer su punto de vista. Villar, conocida por hacer reportajes sumergida en cada situación, se sitúa al lado de las mujeres para contarnos cómo llegaron a esta profesión, qué opinan, qué sienten, cómo lo viven, su día a día…

Entre otras historias, acompañamos a Montse en su visita a Carlos, un hombre que sufre discapacidad física severa. Le cambian los pañales, le dan de comer, tiene dificultad para hablar pero mantiene el impulso sexual. Y también estamos con la Maña y Paquita, dos prostitutas mayores que siguen ejerciendo en el barcelonés barrio del Raval y nos darán su punto de vista de tantos años en el negocio.

“Si crees que es humillante tener que prostituirte para vivir, mucho más humillante es ponerte y que no te desee ningún hombre.”

Entramos en el piso de Tania y las chicas que allí ejercen la prostitución. Descubrimos cómo se vive allí: cómo pasan su tiempo libre, cómo se organizan, las horas que dedican y las que libran… Cómo se ofrecen a los hombres – ¿se cosifica a la mujer? – y las artes que despliegan.

“Uno de cada tres hombres españoles han acudido a prostitutas al menos una vez en su vida, según una encuesta de 2010 del Ministerio de Sanidad.”

Si hay prostitución es porque hay clientes, eso es obvio. Pedro es un chico joven que frecuenta servicios de pago y los foros de internet dedicados a comentar y puntuar a las “lumis” (las chicas). ¿Enamorarse de una puta? Pedro y Verónica vivieron su particular “pretty woman”.

“La ONU dice que una de cada siete mujeres que trabajan en la prostitución es víctima de las redes de trata de personas.”

Si bien la trata existe, no hay que generalizar pensando que todas las prostitutas lo son por obligación. Al contrario, la mayoría lo hacen porque es su mejor opción. Pero para mostrar esta situación que sí existe, y siguiendo la proporción de la ONU, de los siete capítulos del libro, hay uno dedicado a Doris, una nigeriana que llegó a Europa buscando una vida mejor y acabó, por deuda contraída y amenazas, en la calle.

“- ¿Tendría que pagar impuestos?
– Sí, claro. Se te garantizarían unos derechos y unas obligaciones. Entre ellas, pagar impuestos.
– Entonces, prefiero que no se legalice
– Pero todos pagamos impuestos
– ¿Y que el estado sea mi chulo? No, gracias. El dinero que yo gano trabajando es para mi”

Según Samanta Villar, en sus entrevistas la mayoría de respuestas por parte de las prostitutas fue similar a ésta que reproduzco. Además de las propias trabajadoras, hay otra cuestión a legislar: los clubes. En el libro conocemos el funcionamiento del New Scandalo, un “hotel” en Málaga. Excepto en Cataluña, en España no está regulado el negocio de los clubes, que hacen rodeos para evitar ser acusados de proxenetismo u otras ilegalidades. El habitual debate sobre la legalización queda abierto.

“No voy a estar diez horas trabajando de dependienta por 1000 euros. Ya me explotaron y no lo volverán a hacer. Porque ahora hago un trabajo digno y gano mucho dinero. Me he acostumbrado a este ritmo”.

Brenda, scort de lujo, no cobra menos de 300 euros la hora y ha llegado a ganar 2.000 euros en una noche. Si se adquiere cierta fama, esta cifra puede subir y mucho. El negocio mueve dinero a todos los niveles, pero en determinados ámbitos hablamos de cantidades realmente elevadas.

Nadie avisa a una puta habla de miseria, lujo, prejuicios, trata, estigma social, legalización, sexo… Pero también hay miedo, ilusión, amor, injusticias, alegrías, tristezas, nostalgia… Siete capítulos: Montse, la Maña y Paquita, Tania y sus chicas, Pedro y Verónica, Doris, las chicas del club y Brenda. Cada puta tiene su historia. Igual que cada uno de nosotros.

12 thoughts on “Siete historias de putas

  1. Es increíble como en esta sociedad nuestra tomamos decisiones por otros alegremente sin contar con lo que opinan los demás. Cada uno obra como desea o en el peor de los casos como precisa, pero es su cuerpo y su alma no la del vecino
    Un abrazo.
    efe

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  2. El tema de la prostitución me pilla un poco lejos. Nunca me “han apetecido” sus servicios. Nunca los he necesitado. Soy afortunado y aunque no soy precisamente guapo, creo que nunca he estado más de una semana sin sexo desde que a los 14 años Ana decidió estrenarme.
    Pero he de decir que hace un mes tuve un accidente. Me atropelló un coche y aunque el golpe del vehículo, voltereta y posterior golpe contra el suelo fue muy fuerte, tan solo me rompí una mano, además de las múltiples contusiones y abrasiones cutáneas. Pero estando hospitalizado pensé… ¿Y si me hubiera quedado tetraplejico?
    Leeré el libro. Creo que mi visión de la prostitución debe mejorar su enfoque y tal vez este libro me ayude.
    Nunca digas de este agua no beberé.
    Perdón por el rollo.
    Besitos.

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  3. El libro parece bastante interesante, es un tema cargado de estigmas y de mitos.
    Sobre este tema, el blog de mamánoleas realizó una entrevista muy interesante a una prostituta (Natalia) por el día internacinal de la trabajadora sexual: http://www.mamanoleas.com/2015/06/entrevista-dia-internacional-de-la.html
    P.d.: he puesto el enlace porque realmente pienso que la entrevista merece ser leída, no por hacer “spam”, entre otras cosas, porque ni siquiera es mi blog ;P

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  4. Interesante libro.
    Yo pienso que si no fuera por las prostitutas el mundo (de los hombres) estaría perdido.
    Pero lo lamentable sigue siendo la falta de respeto hacia la mujer que sigue existiendo por parte de los hombres, y no solo en el ámbito de la prostitución, sino en el doméstico, en el laboral.
    En fin, que como en todo, y el bdsm da un buen ejemplo de ello, siempre debe existir un acurdo mutuo, un consenso previo, un respeto a los límites y gustos de cada una, de cada uno…
    Buen finde! Y gracias por tus continuas aportaciones al blog!

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