¡Fuera presiones sexuales!

Arola Poch (foto Xabi Berné)

Un encuentro sexual debería ser un momento de relax, liberación y confianza, para desconectar un poco del día a día. Entonces, ¿por qué cojones nos cargamos a nosotros mismos de presiones que nos condicionan y dificultan el disfrute?

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El sexo es lo de menos (o no)

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Las parejas swingers o liberales se definen como aquellas que tienen relaciones sexuales abiertas y consentidas con otras personas. ¡Qué maravilla!, pensarán algunos. Pues sí, eso está muy bien. Pero para mi el sexo no es lo más importante en este tipo de relaciones. ¿Cómo que no?, preguntarán entonces. Porque me parece que hay otros aspectos, más importantes, que pueden caracterizar a una pareja que opta por este estilo de vida.

En una pareja abierta hay confianza, intimidad y complicidad porque se comparten deseos y fantasías. Quiero decir, no es necesario esconder las revistas porno en el altillo.

A una relación swinger se llega en un momento de madurez en la pareja, de seguridad en los sentimientos. Esto no quiere decir que en algunos momentos no pueda haber ciertos celos, como en cualquier relación entre personas.

Hay respeto, sinceridad y comunicación. Hablar sobre cómo se vive, se siente, se disfruta, se duda… es la mejor manera de que fluya. De esta manera se define el tipo de relación que se quiere tener, ya que dentro del ser swinger hay mucha variabilidad. Hay parejas que hacen intercambios simultáneos, otras que añaden una tercera persona en sus relaciones, quienes no llegan a la penetración pero sí otros juegos sexuales, quienes libremente pueden tener relaciones con otras personas sin mayor condicionante…. Se dice que cada pareja es un mundo y en este caso también es así, cualquier posibilidad aceptada por ambos es perfectamente válida.

En una relación swinger hay amor, por eso mismo, quieres que la persona a la que amas se lo pase bien. Como hay generosidad, te alegras cuando ves disfrutar a tu pareja, cuando ves que cumple una fantasía.

No hay un sentido de la propiedad ajena en lo físico, con lo que no pasa nada por gozar con otra persona. El acto sexual es algo simplemente físico y la relación de pareja se sustenta en sentimientos.

En una relación swinger no necesariamente se folla cada semana con alguien diferente (aunque alguna pareja he conocido que parece obsesionada con batir records). Habrá épocas de más y de menos actividad. Momentos que apetecerá salir de la rutina y otras en que se disfruta de la buena sexualidad en la propia pareja. Además, no siempre el sexo con otros es más satisfactorio.

Muchas parejas manifiestan un antes y un después de haber adoptado un estilo de vida liberal. Pero, ojo, ser swinger no es la solución a todos los problemas. Ni pienso que ser sexualmente abiertos sea mejor que no serlo. No defiendo que todo el mundo tenga que ser liberal. Cada uno que siga sus valores y forma de ver la vida. Tampoco creo que sea recomendable llegar a una relación swinger sin estar convencidos, simplemente porque se cede ante las insistencias del otro. Pero sí opino que hay aspectos que mejoran en una relación de pareja que libre y convencidamente adopta este tipo de prácticas. Es más, me parece que una vez vives de manera swinger, debe resultar muy difícil tener después una relación convencional. Y no por el sexo (que también), quizás por todo lo demás.

Mejor solo que mal acompañado

Si las relaciones sexuales con otra persona no nos satisfacen totalmente, ¿es preferible una buena masturbación? Esta reflexión nos la plantea @ilovelingerie_ en este artículo.

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Don Jon¿Es posible que algún hombre prefiera masturbarse viendo pornografía en lugar de tener relaciones sexuales con Scarlett Johansson? Sinceramente parece difícil, pero el protagonista de la película Don Jon plantea este interesante dilema.

Don Jon es un hombre joven y tremendamente exitoso con las mujeres, capaz de llevarse a la cama, sin apenas esfuerzo, a las féminas más atractivas. Sin embargo, es incapaz de disfrutar de sus relaciones sexuales.

Él concibe el sexo como si fuese una película porno (en su mente sólo hay chicas contorsionistas, con pechos enormes dispuestas, a ser penetradas en todo tipo de posiciones, tanto vaginal como analmente, y adictas a practicar felaciones en los lugares más insólitos, recibiendo gustosamente el semen en sus bocas) y, claro, las “chicas reales” le decepcionan.

Esto no quiere decir que no haya chicas que encajen con este perfil tan atrevido, pero según mi experiencia, e imagino que de la gran mayoría de los hombres, no es lo más habitual. Por lo tanto, insatisfecho y decepcionado después de completar el acto sexual y mientras su amante duerme plácidamente, Don Jon acude a escondidas a masturbarse delante del ordenador, saciando rápidamente su sed de placer. En ese preciso instante es completamente feliz.

Aunque parezca sorprendente, debo admitir que decir que, en parte, empatizo con el comportamiento del personaje de esta película, ya que a mí también me encanta masturbarme y la idea sumergirme en el universo erótico de internet para evadirme de la realidad cotidiana es muy estimulante. En mi caso, por ejemplo, el equivalente sería algo parecido a contemplar a dos chicas guapas vestidas con unas lindas braguitas y dándose tiernos besitos.

Tal vez fuese porque yo no di la talla como amante, pero, al igual que Don Jon, he experimentado relaciones sexuales reales que me han dejado completamente indiferente. Cuando dos, o más personas, tienen una buena compenetración, el sexo real es mucho más interesante que el virtual, pero cuando esto no sucede, una buena masturbación también puede llevarte al cielo.

Escrito por @ilovelingerie_ 

Otros artículos de @ilovelingerie_ :
La mejor hora para disfrutar del sexo
Una mañana cualquiera (I, II y III)
La seducción también es cosa de hombres
Disfrutando del sexo sin penetración

 

De muñecas a robots sexuales… y llegando a sistemas operativos

Hace poco escribía sobre muñecas y robots sexuales, que aportan sexo solo pero “acompañado”. Ahora me surge la necesidad de completar ese entrada hablando de sistemas operativos. Por si a alguien le suena el tema, sí, este artículo está relacionado con la película “Her” de Spinke Jonce.

No pretendo hablar de la película, más bien reflexionar a partir de ella. Pero, creo que, inevitablemente, debo avisar de que lo que sigue puede ser spoiler.

En Her se plantea un romance entre Theodore y su sistema operativo inteligente, Samantha. Y no es para menos. Samantha es inteligente, aguda, oportuna, divertida y hasta sensible. Es una voz ( ¡y vaya voz! En la versión original, sensual voz la de Scarlet Johanson). Y no sólo eso, también tiene personalidad.

Si en el artículo citado al inicio de éste hablaba de relaciones sexuales, aquí hablo de relaciones sentimentales. ¿Sería posible enamorarse de un sistema operativo? Se adapta a nosotros, nos entiende, nos escucha, nos hace reír, nos hace sentir bien, nos crea una dependencia emocional. Pero, ¿puede considerarse realmente una relación?

Y luego está el tema sexual. En toda (bueno, por no generalizar, en casi toda) relación de pareja hay sexo. Entre Theodore y Samantha también lo hay, hablado, estilo telefónico. Es genial la primera escena de sexo entre ellos, pantalla en negro con las dos voces en off excitadas y excitándose. El plano sexual es importante y ella tiene la inseguridad de no tener un cuerpo físico que le haga sentir y haga gozar a su compañero. Pero, si una relación te aporta mucho a nivel sentimental o intelectual, ¿podemos concebirla sin sexo?

La historia reflexiona sobre las relaciones de pareja, sobre otro tipo de relaciones de pareja. Sobre qué relación estamos estableciendo con la tecnología. Y también habla de aceptar lo diferente, de huir de prejuicios, de disfrutar de aquello que nos hace felices, de sentir, de vivir.

Los robots sexuales son una realidad. Los sistemas operativos ultrainteligentes, de momento, ciencia ficción. Pero quién sabe donde llegaremos. Y si llegamos, ¿qué pasará? Hace años nadie pensaba que pudiera ser masturbado por un robot.

Desmontando el mito de la primera vez (I)

Contamos con un artículo en dos partes sobre los mitos de la primera vez a cargo del blog amigo Sexos Opuestos

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La primera vez, ese momento que todos/as esperamos con ilusión pero también con miedo, temor y dudas. Antes de esa primera vez las chicas se preguntan si les dolerá o si sangrarán, y los chicos sufren por si no dan la talla.

Las inseguridades y los miedos juegan un papel fundamental y hacen que nuestra primera experiencia sea maravillosa (casi nunca lo es) o un desastre.

En cualquiera de los dos casos, tanto si la experiencia es positiva como si es negativa, seguro que hay una serie de ideas y mitos que se derrumban en el momento que pasamos por la prueba de fuego. En ese momento descubrimos que todas las leyendas que hay alrededor del sexo y sobre la primera vez no son como nos las cuentan, porque por desgracia el sexo continúa siendo, en pleno siglo XXI, un tabú.

La primera vez que una chica hace el amor le duele

Esa es una idea que todas llevamos grabada a fuego y es el primer mito que vamos a tirar por los suelos. Si bien es cierto que algunas mujeres experimentan dolor durante las relaciones sexuales, esto no tiene porque estar relacionado con la primera vez.

Algunos problema psicológicos pueden hacer que la mujer contraiga los músculos de la vagina de forma involuntaria durante la penetración, y eso puede producir molestias e incluso dolor en casos extremos.

El dolor y las molestias también pueden estar causados por una escasa lubricación. Si durante el coito no hay excitación suficiente, las paredes vaginales pueden estar secas y dificultar la penetración. Y aunque el problema también puede ser de origen orgánico, debido a desajustes hormonales, en la mayoría de casos se debe al miedo que produce perder la virginidad.
Para que no se produzca ni dispareunia (coito doloroso) ni sequedad vaginal, es fundamental que estés relajada y sobretodo excitada.

Preparar la primera vez como algo especial puede parecer muy romántico, pero a veces es un error. Si preparas el momento con antelación, lo más probable es que los juegos preliminares no te exciten ni te lubriquen, pues tu cabeza va a estar pensando en el momento de la penetración, y automáticamente el miedo va a hacer mella. Lo mejor es que la primera vez surja de forma natural y sin presiones. Los juegos sexuales están presentes en las relaciones de pareja mucho antes de tener relaciones íntimas completas. Si estos juegos son agradables y te ponen caliente, llegará un día, que de forma natural vas a querer más. Y en ese momento te aseguro que vas a estar lubricada, excitada y desinhibida.

Aunque también es cierto que la delicadeza y sensibilidad del chico es importante esa primera vez, si tu estás bien, todo va a ir mejor. Hacer el amor no es una obligación, así que si ves que la persona que va a compartir ese momento especial contigo no es delicada y no te trata como te mereces, déjalo para otra ocasión.

Ah, y si quieres estar más tranquila, también puedes utilizar algún tipo de gel lubricante para que todo sea más fluido y suave (los lubricantes también se pueden usar sobre los preservativos).

Cuando una chica pierde la virginidad sangra

¡Falso! No siempre.

La entrada de la vagina está sellada total o parcialmente por una membrana que se llama himen. Esta membrana se rompe en el momento de la penetración. Pero también puede romperse antes de la primera relación sexual por causas diversas, por ejemplo debido a traumatismos.

El himen de cada mujer es distinto. Algunos son bastante gruesos, otros son más delgados. Unos son más flexibles, otros son más rígidos. Así que cada mujer experimentará sensaciones distintas en el momento de romperse esta membrana.
Suponiendo que el himen esté intacto en la primera relación sexual que tengas, puede que al romperse sangre. Debes tener en cuenta que la membrana es un tejido vivo y que está vascularizada. Pero la sangre no siempre es sinónimo de dolor. También puede darse el caso que no sangre. Bien porque el himen ya esté roto previamente (puede que tu ni lo sepas) o bien porque no se rompa del todo con la penetración (Recuerda que hay membranas muy elásticas). O incluso puede que al ser muy fino, casi no te des ni cuenta si hay sangre.

La experiencia y las charlas que he tenido con muchas amigas me llevan a pensar que cada experiencia es única, y que la vivencia, más o menos positiva, depende principalmente de como te encuentres psicológicamente en el momento de la penetración. La mayoría ha experimentado su primera vez sin sangre y sin dolor. Otras han sangrado mucho pero no les ha dolido. Otras han experimentado pequeñas molestias pero no han sangrado nada, etc… Lo que sí te puedo asegurar es que no he conocido a ninguna mujer que me haya explicado que su primera vez fue muy dolorosa. ¡Ninguna!

Por Sexos Opuestos

Si quieres seguir desmontando mitos, lee la segunda parte del artículo.