Los sentidos en el sexo: el tacto

El tacto es el sentido al que le damos más importancia en las relaciones sexuales.

Pero, ¿lo usamos bien? Algunas parejas convierten este sentido en algo rutinario también, unas caricias rápidas, casi sin pensarlas y de la misma manera siempre. Así nos perdemos posibilidades.

Del sentido del tacto hablamos en mi sección semanal en RNE, dentro del programa “Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García”.

Completamos la sección hablando de la literatura erótica que existía en España a principios del siglo XX. También hablamos de vocabulario y de noticias.

En el siguiente podcast, a partir del minuto 8:30h

Cuando el sexo entra por los ojos

El pasado viernes, en Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García, hablamos del sentido de la vista relacionado con el sexo. Tratamos sobre su importancia, los mitos alrededor de este sentido, sobre el voyeurismo y el exhibicionismo.

En la historia, recordamos las primera películas pornográficas que son de principios de siglo XX. En este enlace encontráis un ejemplo: “Golfos y picardías”, porno a ritmo de piano.

Completamos la sección con la historia y las noticias.

Puedes escucharlo en el siguiente podcast, a partir del minuto 35:10. 

Sexo y oído

Los sentidos son muy importantes en el sexo. Entre ellos destaca el oído. ¿Por qué nos excitan los estímulos auditivos? ¿Qué podemos decir durante el sexo? ¿Qué es el dirty talk? ¿Cómo afecta la música? ¿Y los gemidos?

El oído fue el tema principal de la pasada sección de sexo del programa de Radio Nacional de España, Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García.

También hablamos de Helmut Newton, reconocido fotógrafo erótico del siglo XX que nos estimuló la vista.

Autorretrato con esposa y modelos (Helmunt Newton, 1981)

Autorretrato con esposa y modelos (Helmunt Newton, 1981)

Y más cosas que puedes escuchar en el podcast que encuentras pulsando en el siguiente enlace. A partir del minuto 37:20.

Mindful Sex, sexo conscientemente

Arola Poch por Xabier BernéConfieso que tengo un problema de atención. No creo estar sola en esto, con la cantidad de estimulos que nos rodean y el volumen de cosas que nos empeñamos en hacer, me parece que es un problema habitual de nuestro tiempo. Nos despistamos con internet, entramos “solo un momento” a las redes sociales, estamos concentrados en algo pero nos ponemos a pensar en la compra de mañana o en cómo ha ido la reunión de la tarde. Y aunque “mal de muchos, consuelo de tontos”, eso no evita que sea así: me cuesta focalizar y mantener la atención.

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Con la luz encendida

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Me gusta ver. Así que cuando me preguntan si me gusta hacerlo con la luz apagada o encendida, yo me apunto a la segunda opción. Ya sé que el tópico dice que las mujeres preferimos la luz tenue o la oscuridad, y que los hombres son más visuales. Pero no me gustan los estereotipos. Además, ¿por qué un sentido debería tener más impacto en un sexo que en otro? Algunos ven una herencia de cuando el hombre era cazador y la mujer cuidaba a los niños (por eso nosotras, dicen, respondemos más al oído y al olfato). Puede que haya esa memoria (pre)histórica, no digo yo que no. Sin embargo, también hay estudios que han aportado datos desmintiendo esa diferencia y apuntado que hombres y mujeres responden igual ante determinados estímulos visuales, por ejemplo, ante películas con besos y caricias. No así ante imágenes más pornográficas, con las que los hombres se excitan en mayor medida. Lo importante, en cualquier caso, es que las mujeres también tenemos vista, para nuestro uso y disfrute.

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Sexo al oído

Estaban teniendo relaciones sexuales y ella preguntó “¿estamos haciendo el amor o follando?”, él dijo “qué más da como lo llamemos”. Y siguieron, sin hablar. Pero no daba igual. Ella se quedó con ganas de que él le hablara sucio.

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El oído, como órgano sensorial que es, nos hace sentir. Usar determinadas palabras puede resultar excitante al conseguir estimular la liberación de dopamina, neurotransmisor que juega un papel importante en la excitación sexual. Así que en las artes amatorias es importante qué se dice, cómo y cuándo. Parece que las mujeres nos excitamos más por el oído que los hombres. Y que ellos son más visuales. Sea en mayor o menor porcentaje, todos los sentidos juegan en el sexo.

Desde palabras cariñosas hasta un lenguaje más vulgar. Dicen que a los hombres les excita que se diga su nombre. Y que a las mujeres nos gustan los halagos sinceros o que nos digan cuánto nos desean. Todo tiene cabida. Incluso hay quien especifica que es mejor susurrar al oído izquierdo, ya que ciertos estudios señalan que se recuerdan más de un 70% de términos emocionales cuando se escuchan con el oído izquierdo y un 58% cuando es con el derecho. Esto es así porque el lado izquierdo está controlado por la parte emocional del cerebro.

Si de hablar y sexo se trata, quiero recuperar la petición de ella al inicio de este artículo: el hablar sucio o dirty talk. Se trata de usar un lenguaje soez durante el sexo. Las palabras tienen connotaciones y aunque sean sinónimas, no significan exactamente lo mismo. Precisamente ese matiz es el que potencia la excitación. Y es importante el momento en que se usan. Así, llamar “puta”, puede agudizar la experiencia. Pero dicho inoportunamente, puede convertirse, en un potente inhibidor.

Si uno busca dirty talk en internet, aparecen bastantes artículos, dirigidos a mujeres, con expresiones a usar para hablar sucio en la cama y hacerlo bien. Yo me imagino a esa chica, cohibida pero con ganas, memorizando la frase, pensando (y agobiándose), “¿La digo ahora? ¿Mejor más adelante?” Y deshaciéndose de ella cuando puede, sintiéndose, quizás, ridícula. A mi me parece que todo ha de ser más natural y fluido. Si te apetece y te gusta déjate llevar y saldrá. A lo mejor no dices esa frase de manual, pero será una frase tuya. Y no hay nada más sexy que ser uno mismo.

Los estereotipos nos dicen que ellos están deseosos siempre de que la mujer use determinado lenguaje. Y somos nosotras las que tenemos más reparos. Pero no siempre es así y, por ejemplo, la conversación del principio está basada en hechos reales.

En definitiva, habla sucio, romántico, tierno o apasionado. Pero habla. O gime o jadea. Porque el oído es importante en el sexo. Aunque tampoco hay que pasarse. En el punto medio está la virtud.