Algunas curiosidades sobre sexo oral

En el programa número 69 de la sección de sexo en Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García., hablamos, claro está, de sexo oral. Lo hicimos comentando algunas informaciones:

1. Hasta mediados del siglo XX eran consideradas una parafilia, es decir una práctica erótica alternativa.

2. El sexo oral se percibe diferente si es hacia el hombre o hacia la mujer.

3. No somos la única especie que hace sexo oral.

4. Hay registros de la práctica de sexo oral desde la antigüedad.

5. En el arte también hay representaciones.

6. Volviendo al 69, número de la sección, fue un símbolo de la liberación sexual.

 

En la historia comentamos un hecho de 1678: Anton van Leeuwenhoek fue la primera persona que vio los espermatozoides.

En la noticia, nos hacemos eco de unas condenas a mil daneses por compartir un vídeo de caracter sexual.

Puedes escuchar el programa en el siguiente podcast. A partir del minuto 30:35

Hombre heterosexual quiere hacer felación

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Hay varias cosas de mi profesión que me agradan, pero hay una que me encanta: las confesiones, muchas veces de forma anónima, que recibo. Me gusta pensar que es porque resulto cercana por mi forma de escribir, de hablar o de interactuar en redes. O puede que sea porque no juzgo los gustos de nadie. O simplemente porque escucho. La cuestión es que muchas personas me explican sus problemas, me plantean sus dudas o me confiesan sus fantasías. Y lo agradezco por la confianza que me transmiten y porque me permiten aprender sobre la sexualidad humana.

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Sexo oral

El sexo oral es una práctica habitual en muchas parejas y común a lo largo de la historia y de las culturas. De sexo oral hablamos en Esto me suena (RNE) en mi sección semanal sobre sexo.

Recordamos una película icónica “Garganta profunda” (1972).

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Y comentamos la práctica sexual de “el muelle” que tanto se ha hablado últimamente.

Pulsando en el enlace inferior puedes escuchar el podcast. A partir del minuto 35.

No solo a los hombres les gusta la felación (y otras confesiones)

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Leyendo artículos por ahí y escuchando opiniones por allá, a veces parece que a las mujeres nos supone un sacrificio hacer una felación y que solo lo hacemos para darles placer a ellos. Yo no concuerdo con esto porque, además de estar siempre en contra de las generalizaciones, creo que hay mujeres a las que sí nos gusta dar sexo oral. El motivo es bien simple: porque nos proporciona placer a nosotras mismas.

Ahondando en los motivos, me preguntaron una vez por qué nos gustaba hacer una felación, ya que hacer un cunnilingus, al fin y al cabo, implica saborear la lubricación vaginal (que, por cierto, hay a quien le encanta). Y como soy una chica obediente, cuando me preguntan respondo. Así que aquí van algunos motivos (pocos pero suficientes) por los que a las mujeres también nos gusta la felación:

– Hay una sensación de control de la situación, de asumir un papel activo en el sexo. De tener, la sartén por el mango.

– Proporcionar placer puede generar placer. O lo que es lo mismo, me excito si te veo excitado. Además es recíproco y alimenta el disfrute propio y ajeno.

– Porque se siente de forma más directa la eyaculación. Os voy a contar una cosa. Durante un tiempo, como joven responsable que era y soy, siempre practiqué la penetración con preservativo. Cuando opté por otros métodos anticonceptivos y con pareja estable, ya lo hice a pelo y erróneamente pensaba que podría notar la eyaculación dentro de mí, tenía curiosidad por sentir el chorro propulsado. En cambio, en el sexo oral, lógicamente, se percibe perfectamente. Además, se nota, ya sea con la boca o con las manos si agarran el pene, como llega ese momento, como el miembro se tensa un poquito más para dar paso al orgasmo. Y ese justo momento, a mi personalmente, me encanta.

– Asociamos a la mujer que hace una felación como más “guarrilla”, como chica mala. Y nos gusta sentirnos así. No entiendo este calificativo como algo despectivo, al contrario, para mi es sinónimo de libertad, de mujer decidida, de mujer que hace lo que quiere. Sí, lo reconozco, me estoy dejando llevar por estereotipos sexuales.

– El sexo oral también tiene su parte más dura. A quien le gusten las emociones más fuertes, disfrutará cuando se sienta usada mientras le follan la boca o al hacer una garganta profunda.

Y como estamos de confesiones, ¿sabéis que preguntaron a un grupo de mujeres en qué pensaban cuando hacían una felación? Algunas respuestas hacían referencia a cuánto les gustaba esa actividad sexual (“Me gusta su polla”, “Me pasaría todo el día haciendo esto”), a dudas respecto a la reacción del acompañante (“¿Le gusta? No reacciona, parece aburrido”), a cuestiones de comodidad y ejecución (“me duele la mandíbula”, “tengo un pelo en la boca”, “cuidado con los dientes”, “¿falta mucho?”) y a reflexiones varias (“Esto sería mejor recíproco”, “Me pregunto hasta donde puede entrar sin que me den nauseas”, “Por qué el sexo dura tan poco y esto lleva tanto tiempo”). Unas veces nos gusta mucho y otras, menos.  Y unas lo disfrutan más que otras. Pues sí, la vida es así.

No creo que en el sexo haya que hacer las cosas para recibir nada a cambio, simplemente se hace porque se quiere hacer. Pero no está de más recordar que el sexo oral es como el respeto, no lo pidas si no eres capaz de darlo. Porque si algo nos gusta también, tanto o más que una felación, es un buen cunnilingus.

¿Hacemos un 69?

¿Hacemos un 69? La gran mayoría de personas que reciban esta proposición sabrán perfectamente de qué están hablando. No en vano, el 69 es una de los términos sexuales más populares. Y para la minoría, que haberla hayla, es la postura en la que dos amantes se proporcionan a la vez sexo oral. Cuesta poco imaginar el por qué del nombre.

Es una práctica popular ahora y ya lo era en tiempos remotos. Se tienen pruebas de ello en el templo Lakshmana de Khajuraho en India, construido en el siglo X A.C. Este templo están profusamente decorado con grabados de diferentes tipos, uno de ellos de figuras humanas en actitudes amatorias. Y entre ellas podemos encontrar la postura “kalila” o “postura del cuervo” que no es otra que la que nos ocupa. En el Kamasutra, libro hindú de la sexualidad escrito en el siglo III d.C., también se hace referencia al 69 con estos nombres.

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Relieve con la postura Kalila en el templo Lakshmana de Khajuraho en India

En Occidente, se tienen pruebas gráficas de la realización de esta postura a mediados del siglo XIX, con las primeras teorías de la igualdad de géneros. De 1848 es la ilustración de Achille Devería para el libro erótico francés “Gamiani” en la que los personajes se proporcionan, uno a otro, sexo oral.

En los años 60 del pasado siglo, con la revolución sexual, se popularizó, ya sí, el nombre de 69 para hacer referencia a la excitación oral recíproca y simultánea. El año 1969 se proclamó, gracias a la canción de Serge Gainsbourg y Jane Birkin, año erótico y la expresión se extiende por todo el mundo y en todos los idiomas.

Entonces, ¿hacemos un 69? Una gran mayoría dirá que sí gustoso a la propuesta, es una práctica sumamente placentera al dar y recibir a la vez. A nivel práctico, lo mejor es encontrar una postura cómoda para ambos. La más habitual es tumbados, con la persona de menor volumen encima. En parejas heterosexuales, además, es más fácil para la mujer hacer una felación estando arriba ya que abajo, con la inclinación del pene, puede resultar más complicada. Otra postura recomendable es tumbados de lado. En parejas homosexuales masculinas me parece que debe ser la más cómoda. Sea cuál sea la postura adoptada, lo fundamental es que sea confortable porque en esos momentos lo importante es poder centrarse plenamente en la faena, en la que damos y en la que recibimos.

Hay quien califica al 69 como una de las posturas más democráticas que existe en el arte amatorio porque ambos miembros de la pareja están en igualdad de condiciones. Puede ser una práctica muy placentera pero yo confieso que no es mi número. A mi me despista. Mientras siento el placer de la lengua en mi clítoris o vagina no me concentro para hacer la parte que me toca. Además, para mi hacer una felación, por si sola, ya me resulta altamente placentera. De todas maneras, no quiero quitarle valor al asunto. Millones de personas a lo largo de la historia no pueden estar equivocadas. Y para sentir y hacer sentir, nada mejor que un 69. ¿Hace?

Los testículos también juegan

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Los testículos, en sus múltiples nomenclaturas, son un elemento muy popular en las expresiones coloquiales (véase como ejemplo “estoy hasta los cojones” o “no me toques los huevos”). Pero en cuestiones de sexo, que ironía, pasan a un segundo plano. Cuando tratamos sobre la estimulación de los órganos sexuales masculinos o sobre la felación pocas veces se tiene en cuenta a los testículos. Incluso en vídeos porno donde esta última práctica es más que habitual, todo el protagonismo se lo lleva, habitualmente, el pene. Y resulta que los testículos son también una parte sexual, muy sensible y placentera para el hombre.

Estas glándulas masculinas son coproductoras de los espermatozoides y de la testosterona (hormona sexual). Generalmente son asimétricos, uno más grande que el otro, y en la mayoría de los varones el izquierdo baja un poco más que el derecho. Los testículos están envueltos por varias capas, la más visible es el escroto, lo que hace que queden dentro de una bolsa. Están situados fuera del cuerpo para poder mantener una temperatura 1,3 grados inferior a la corporal. Esto es necesario para poder producir los espermatozoides.

Aunque el pene es la principal fuente de placer en los genitales masculinos, los testículos también son una zona erógena a tener en cuenta. Además de ser una parte sensible del cuerpo, con numerosas terminaciones nerviosas, hay que añadir el factor psicológico que puede motivar a algunos hombres: los testículos como lugar de origen de la masculinidad, donde se producen los espermatozoides y la testosterona. Por ambos motivos, el físico y el psicológico, acariciarlos, lamerlos o besarlos les puede resultar muy excitante.

Como bien sabemos, los testículos son una zona delicada del cuerpo masculino. Por ello, hay que tratarlos con suavidad. Si los estimulamos manualmente, habrá que tocarlos con cuidado, acariciándolos haciendo un plácido masaje. Puedes empezar el juego sexual con una mano ahí y ver como va reaccionando tu pareja. O, ya en faena, durante la estimulación del pene llevar tu mano un poco más abajo y jugar con ellos. Por otro lado, en el sexo oral son un elemento también importante. Lámelos y bésalos. También puedes succionarlos y morderlos ligeramente, siempre con mucha suavidad. Empieza estimulando los testículos oralmente, para luego ir subiendo poco a poco al pene mientras va aumentando su excitación. También es recomendable combinar la estimulación oral y manual, así, mientras lames o chupas el falo, acaricia con la mano los huevos de tu compañero.

Si te gusta hacer felaciones, también disfrutarás dedicándole atención a los testículos. Sentirás que das placer y que tienes a tu compañero en tus manos o, mejor dicho, en tu boca. Eso sí, para que la experiencia oral sea más agradable para el que da, recomiendo un buen afeitado en las partes bajas ya que quedan más suaves y menos rasposas. Y el que recibe sentirá mejor el tacto de la lengua y los labios.

En definitiva, los testículos también juegan. Así que no hay que olvidar incluirlos en los encuentros sexuales. Aportarán placer a ambos, seguro.