El misionero mola

misionero

Un amigo me comentó en cierta ocasión que había conocido a una chica que le gustaba pero que el sexo había sido para olvidar, ya que ella había adoptado las maneras de una “rana disecada”. Con esta gráfica descripción, no es de extrañar que la postura del misionero tenga fama de aburrida.

El sexo, como todo en esta vida, es cuestión de actitud. Si una se tumba boca arriba a esperar que se lo hagan todo, no le auguro mucho éxito. Primero porque en las cosas del placer hay que ser activas, nadie nos conoce como nosotras mismas. Si te gusta algo, pídelo, búscalo, hazlo. Y segundo porque dejar en manos de otro nuestro propio disfrute es – y tradicionalmente ha sido – una fuente de insatisfacciones.

Pero yo he venido aquí a hablar de la postura del misionero. La más tradicional, conservadora, clásica… y por ello se puede considerar “sosa”. Un buen polvo incluye acrobacias miles pero no algo como el misionero. Imagino que el porno también influye en esta percepción, ya que se ven pocas escenas cinematográficas en esa postura, seguramente por algo tan simple como que los actores y actrices follan para la cámara.

Siempre he pensado que hay cosas a reivindicar en el sexo (ya hablé de los besos profundos) y esta postura me parece una de ellas. Tiene mala fama pero se le puede sacar mucho partido. Por ejemplo, imagino… Tumbados, con él entre tus muslos. Te penetra y tú contraes los músculos internos de la vagina para estrecharlo dentro de ti, para notarlo más. Le hablas, te habla. Al estar cara a cara se genera una intimidad y una conexión especial. En ese momento vale verbalizar todo aquello que en otro contexto no diríais. El oído es tan excitante… Le rodeas con tus piernas, para atraerlo hacía ti. Y entonces él coloca sus manos bajo tus nalgas para aumentar un poco la curvatura de tu espalda y, con un mínimo gesto, conseguir una penetración más profunda. Se nota, vaya si se nota. Su miembro puede llegar a estimular tu punto G y el movimiento, tu clítoris. Le agarras el culo con las manos y aprietas para guiar su ritmo mientras profundiza en ti. Le muerdes ligeramente en el hombro. Jugáis con vuestras lenguas. Subes las piernas hacia arriba, apoyándolas en sus hombros, consiguiendo más profundidad. Crean una distancia entre los dos, suficiente para separar vuestras bocas pero no vuestras miradas que se pierden una en la otra, que se desafían. Y si gustáis, puedes jugar con los pies en su boca, que mejor que sentir al unísono su penetración y su lengua entre tus deditos.

Cuenta la leyenda que cuando los misioneros llegaron a territorios indígenas recién conquistados, vieron como los nativos tenían sexo con la mujer arriba, en cuclillas o en la postura del perrito. Asociaban – fíjate tú que cosas – el sexo con el placer. Entonces – siempre con ánimo de protegerlos del pecado – intentaron enseñarles las virtudes del coito “natural” que era el del varón arriba y con finalidad meramente reproductiva. Los nativos llamaron a ese modo coital “la posición del misionero”.

En las múltiples encuestas existentes sobre preferencias sexuales, la postura del misionero no sale mal parada. Aunque, en general, la que habitualmente acaba posicionándose en puestos de medalla de oro es la del perrito. Claro, es que esa también mola. Y la de la mujer arriba, de lado, sentados… Porque no es la postura, como os decía, es la actitud.

18 comentarios en “El misionero mola

  1. Totalmente de acuerdo. Durante años la consideré una postura aburrida, hasta que encontré a mi pareja ideal y, aunque vamos variando y planeamos esta posición o aquella, siempre recalamos en algún momento en el misionero, donde nos regalamos el sentir nuestros pubis rozando al unísono y con la presión y profundidad adecuada, besos sin fin y al final, mirarnos a los ojos en el momento de nuestro orgasmo. Es LA postura romántica por excelencia

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  2. Muy buen post como siempre. Me encanta leerte y la naturalidad con la que tratas los temas, misionero si por supuesto la verdad parece que leyeras mi pensamiento, veo que coincidimos en muchas cosas, peto una en particular, los pies en los hombros y chupar el pie, dedos y punta del pie,… jugar, imaginar lo es todo
    Saludos y repito disfruto leyéndote

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  3. Soy una firme defensora del “sex sano = mens sana + corpore sano” así que me parece fundamental estar en forma, y tener flexibilidad (hay misioneros que parecen momias y otros son acróbatas) y sin duda tener actitud, e inventiva, y ganas de jugar, y pasión, y…

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  4. Desde luego la actitud es un ingrediente indispensable en esta receta, a mi particularmente el misionero no me parece aburrido y es una de las posturas en las que la mujer puede acertar más con el orgasmo, pero siempre y cuando, como tú dices, no sea una tumba boca arriba.
    Feliz martes corazon!! muaaaak

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