En busca del orgasmo perfecto

Yo misma fotografiada por Xabi Berné

Hasta doce tipos diferentes de orgasmos he encontrado. También simultáneos, múltiples, sucesivos, expandidos y hasta fingidos. Con eyaculación y sin ella. Trigasmos y cómo conseguirlos en siete pasos. Me imagino a alguien que, teniendo sus más que correctos orgasmos, pero con ganas de explorar su sexualidad, se encuentre ante tal despliegue de posibilidades y pueda llegar a agobiarse. “¿Estoy disfrutando lo suficiente? ¿Me estoy perdiendo algo? ¿Qué más puedo hacer? ¿Y si estimulo aquí? ¿Pruebo aquel juguete sexual? ¿Un gel vibrador? ¿Efecto frío/calor que intensifica las sensaciones?” Y luego, una vez probado, si no se consigue la explosión incontrolable de placer prometida (porque no a todos nos sirven las mismas cosas en el sexo), temo que pueda incluso causar cierta frustración.

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Empoderarse sexualmente

sombra

Empoderarse sexualmente. ¡Menuda expresión! La primera parte por si sola es potente, implica una transformación propia hacia un yo más fuerte. Si le sumamos el adverbio, el cambio adquiere un interesante matiz. El sexo es así, focaliza la atención en aquello donde se posa. Pero, ¿qué significa empoderarse sexualmente? No hay una única definición, así que aquí va mi humilde forma de entenderlo.

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Feminista y sumisa

Arola Poch por Xabier BernéSi soy mujer y me gusta que en la cama un hombre me domine o que me use como objeto o que me eyacule en la cara, habrá quién diga que mi deseo está influido por la sociedad heteropatriarcal en la que vivimos. Es decir, una sociedad que beneficia al hombre, que lo pone en un nivel superior respecto a la mujer, es la que hace que como mujeres nos guste una determinada visión del sexo donde se reproducen estos papeles. Esta idea, que a mi particularmente me sorprende, la he escuchado recientemente en algunos debates sobre feminismo. Y no se queda ahí, si no que remata el asunto añadiendo que las mujeres que buscamos la igualdad deberíamos renegar de este tipo de fantasías.

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El clítoris, un placer conocerte

Clitoris_Revisando el otro día las estadísticas de este blog me encontré, entre los términos de búsqueda usados para llegar a él, varios conceptos relacionados con el clítoris. Bien, es un órgano que sigue planteándonos ciertas dudas. Lo llamativo vino cuando entre las búsquedas aparecían (y no una ni dos veces) expresiones del tipo “como dejar de ser clitoriana”, “complejo de ser clitoriana” o “como conseguir orgasmo vaginal”. ¿¡Cómo!? Esto se merecía un artículo.

La gran mayoría de mujeres (se habla de un 75% o más) consigue sus orgasmos a través del clítoris, ese pequeño pero maravilloso órgano cuya función es dar placer. En total puede tener un tamaño de unos 13 centímetros aunque solo vemos una pequeñísima parte, el resto se encuentra en el interior del cuerpo. Su punta mide normalmente entre 0,5 y 1 cm en excitación y tiene más de 8.000 terminaciones nerviosas (similar al pene, lógico si pensamos que ambos órganos se desarrollan a partir de la misma zona embrionaria). Por el otro lado, está unido a la vulva con lo que también se llega a estimular a través de ella.

Masters & Johnson fueron de los primeros en reivindicar el papel del clítoris en el orgasmo femenino. Sus estudios sobre la respuesta sexual humana (1966) definían el clímax femenino por su estimulación directa o indirecta (a través de la vagina).

mano clitorisPero cierto es que en muchas ocasiones se sigue dejando de lado o devaluando a este pequeño gran órgano. Quizás es la cultura popular que nos hace pensar que al clímax se llega por la penetración y que si además llegas a la vez que tu acompañante es lo más. O teorías como la de Freud, que divulgó que el orgasmo clitorial era inmaduro y que una mujer adulta debía tener orgasmos vaginales. O la tradición falocéntrica en la que lo importante es el pene y, por ende, su interacción con la vagina. O el porno que nos muestra a mujeres que disfrutan como locas de la penetración. Sea por todo esto o no, centrar el placer femenino en la vagina es limitarlo y causar frustraciones. Hay mujeres que no llegan al clímax por la penetración y que lo ven como algo extraño cuando, de hecho, es lo más habitual. Aunque peor son esas otras que se han quedado ahí y no han llegado a explorar ni descubrir otras posibilidades.

No quiero con esto desprestigiar ahora a la vulva porque la penetración también es muy estimulante y placentera. Pero sigue siendo necesario poner al clítoris en el lugar que le corresponde. No debemos sentir complejo por ser clitorianas ni mucho menos podemos dejar de serlo. Al contrario, deberíamos todas estar enamoradas de nuestro clítoris y de los buenísmos momentos que nos proporciona.

 

Disfrutando del sexo sin penetración

Me alegra contar con la colaboración de @ilovelingerie_ , un lector del blog, que aporta su visión personal sobre el sexo. En este artículo trata un tema que me interesa mucho: Disfrutando del sexo sin penetración. Tenemos tendencia a limitar el sexo al coito y a los genitales, cuando el sexo es algo mucho más rico y variado. Este artículo muestra sensibilidad y detalle y es un buen ejemplo de lo que se conoce como “slow sex”, una forma de practicar el sexo sin prisas, disfrutando de cada caricia, cada beso, descubriendo nuestro cuerpo y el de nuestro acompañante, deleitándonos de cada momento previo.

Gracias @ilovelingerie_  por compartir tu artículo con nosotros/as

Slow sex

Disfrutando del sexo sin penetración

Soy un chico treintañero y me encanta el sexo sin penetración vaginal o anal. Puede que esta afirmación resulte sorprendente, pero lo cierto es que cada vez son más los hombres que viven su sexualidad de una manera más abierta y placentera, liberados de las restricciones impuestas por las costumbres sociales y la pornografía tradicional, según las cuales el hombre debe demostrar su virilidad penetrando bruscamente a una mujer hasta eyacular, sin preocuparse por el placer de su compañera sexual.

Afortunadamente, hay otra manera de vivir la sexualidad masculina, disfrutando de cada detalle, ya sea un beso, una caricia, un abrazo o una mirada de complicidad, y es que dos (o más) cuerpos pueden proporcionarse un tremendo bienestar y placer, mucho más duradero que los breves segundos que dura un orgasmo, por intenso que este sea.

Se acerca el invierno y es un buen momento para disfrutar de una lluviosa tarde de domingo en la comodidad del hogar. Estamos los dos juntitos en la cama, cubiertos por un edredón y una manta, yo en bóxer y tú en camiseta de tirantes y braguitas, ya tendremos tiempo de desnudarnos. No tenemos prisa ni presión por alcanzar un orgasmo genital, nuestra única meta es disfrutar de nosotros mismos, el uno del otro.

Mi placer es tu placer y para mí esto es lo más importante cada vez que hacemos el amor. Que yo tenga un pene no significa que debas someterte a mí. Tal vez incluso te apetezca a ti llevar la iniciativa, por mi genial. El pene es una poderosa fuente de placer para un hombre, pero no es la única ni mucho menos, la sexualidad masculina es más rica y compleja de lo que parece. En este sentido, es importante desmitificar el rol, hasta ahora preponderante, del miembro masculino en las relaciones sexuales, así que por favor, no te olvides de acariciarme el pelo, besarme los pezones, acariciarme el culo o, por qué no, experimentar con mi punto G.

Me desnudas, nos abrazamos, nos besamos. Sientes mi erección completa, te ríes. Acaricias mi pene, sabes que te pertenece, pero ahora mismo no te apetece ir más allá. Necesitas sentirte querida, te beso y te doy todo mi cariño, te sientes muy a gusto y deseas prolongar el instante. Tienes los pies fríos, no te apetece desnudarte del todo. Disfrutas estando semivestida y teniendo a tu chico desnudo. La tarde es larga, habrá tiempo de todo…

Escrito por @ilovelingerie_ 

Masoquismo: la fina línea entre el dolor y el placer

Santa María Magdalena de Pazzi, monja del s.XVI, llegaba a los éxtasis místicos a través del dolor. Se dice que Lawrence de Arabia era masoquista. La cantante Rihanna desveló en una entrevista que le gusta ser azotada y atada.

masoquismo

El masoquismo consiste en experimentar placer a través del dolor. Es una tendencia de la sexualidad que siempre ha causado interés. ¿Por qué a alguien le puede gustar el dolor? Hay algunas respuestas de base científica a esa pregunta.

– El dolor y el placer se generan en la misma zona del cerebro. Son extremos de una misma línea continua.

– El cerebro ante estímulos de dolor y de placer genera endorfinas, unos neurotransmisores que tienen un efecto analgésico y de sensación de bienestar.

– Las personas con tendencias masoquistas tienen el umbral del dolor más elevado y hay quien dice, incluso, que sufren una alteración en la modulación del procesamiento de la información somatosensorial.

Tenga una base científica o no, la realidad es que hay personas que disfrutan con el dolor. El dolor, por si solo, puede ser fuente de placer. Pero en muchos casos va unido a la sensación psicológica de sumisión, de estar a las órdenes de otra persona. El placer viene por la humillación, por saber que esos castigos físicos vienen de parte del Amo o Ama (usando el lenguaje propio de Dominación/Sumisión Sado/Masoquismo). El dolor da placer por la situación de entrega y sometimiento.

El masoquismo se construye en un espectro de niveles. Hay personas que pueden disfrutan plenamente con lo que otros considerarían una tortura, hay otras que en una determinada situación sexual pueden gustar de un punto de dolor. La línea que separa el dolor y el placer puede ser fina. Y aunque no seamos masoquistas puros, por qué no pedir un azote, un pellizco fuerte en los pezones o una bofetada si eso nos hace disfrutar aún más del sexo.

Vuelvo al inicio de este artículo para recuperar la, bajo mi punto de vista, interesante figura de Santa María Magdalena de Pazzi. Fue una monja nacida en Florencia (Italia) en 1566. Uno de sus rasgos más destacados fue el desarrollo de un intenso placer por el dolor y el sufrimiento. Se autotorturaba revolcándose en espinas, se hacia rociar con cera caliente sobre su piel, se tiraba al suelo para que la pisaran y se hacia azotar, mientas, según sus biógrafos, decía “¡Oh no más, esto es soportar demasiada bendición, demasiado éxtasis dichoso!” Como buena religiosa, su sufrimiento fue interpretado como una forma de huir de las tentaciones y del diablo y de acercarse a Dios.

Si buscamos la definición de masoquismo en el diccionario de la Real Academia Española lo define con un arcaico “perversión sexual”, pero cuando se trata de una práctica sexual más que no interfiere en nuestra vida cotidiana, ¿por qué hay que hablar de perversiones o incluso de trastornos? Disfrutemos con libertad y sin tabúes de la rica sexualidad humana.