Masoquismo: la fina línea entre el dolor y el placer

Santa María Magdalena de Pazzi, monja del s.XVI, llegaba a los éxtasis místicos a través del dolor. Se dice que Lawrence de Arabia era masoquista. La cantante Rihanna desveló en una entrevista que le gusta ser azotada y atada.

masoquismo

El masoquismo consiste en experimentar placer a través del dolor. Es una tendencia de la sexualidad que siempre ha causado interés. ¿Por qué a alguien le puede gustar el dolor? Hay algunas respuestas de base científica a esa pregunta.

– El dolor y el placer se generan en la misma zona del cerebro. Son extremos de una misma línea continua.

– El cerebro ante estímulos de dolor y de placer genera endorfinas, unos neurotransmisores que tienen un efecto analgésico y de sensación de bienestar.

– Las personas con tendencias masoquistas tienen el umbral del dolor más elevado y hay quien dice, incluso, que sufren una alteración en la modulación del procesamiento de la información somatosensorial.

Tenga una base científica o no, la realidad es que hay personas que disfrutan con el dolor. El dolor, por si solo, puede ser fuente de placer. Pero en muchos casos va unido a la sensación psicológica de sumisión, de estar a las órdenes de otra persona. El placer viene por la humillación, por saber que esos castigos físicos vienen de parte del Amo o Ama (usando el lenguaje propio de Dominación/Sumisión Sado/Masoquismo). El dolor da placer por la situación de entrega y sometimiento.

El masoquismo se construye en un espectro de niveles. Hay personas que pueden disfrutan plenamente con lo que otros considerarían una tortura, hay otras que en una determinada situación sexual pueden gustar de un punto de dolor. La línea que separa el dolor y el placer puede ser fina. Y aunque no seamos masoquistas puros, por qué no pedir un azote, un pellizco fuerte en los pezones o una bofetada si eso nos hace disfrutar aún más del sexo.

Vuelvo al inicio de este artículo para recuperar la, bajo mi punto de vista, interesante figura de Santa María Magdalena de Pazzi. Fue una monja nacida en Florencia (Italia) en 1566. Uno de sus rasgos más destacados fue el desarrollo de un intenso placer por el dolor y el sufrimiento. Se autotorturaba revolcándose en espinas, se hacia rociar con cera caliente sobre su piel, se tiraba al suelo para que la pisaran y se hacia azotar, mientas, según sus biógrafos, decía “¡Oh no más, esto es soportar demasiada bendición, demasiado éxtasis dichoso!” Como buena religiosa, su sufrimiento fue interpretado como una forma de huir de las tentaciones y del diablo y de acercarse a Dios.

Si buscamos la definición de masoquismo en el diccionario de la Real Academia Española lo define con un arcaico “perversión sexual”, pero cuando se trata de una práctica sexual más que no interfiere en nuestra vida cotidiana, ¿por qué hay que hablar de perversiones o incluso de trastornos? Disfrutemos con libertad y sin tabúes de la rica sexualidad humana.

 

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