Sociedad y fetichismos compartidos

“¿Podrías presentarme a alguna chica que le guste el fetichismo de pies?” Ésta es una pregunta que recibo con bastante frecuencia. Como es fácil de entender, no facilito contactos de amigas mías a desconocidos. Si acaso, puedo facilitar perfiles de profesionales de mi confianza que sé que hacen buenas sesiones foot fetish.

Pero ello me hace pensar, ¿tan difícil es encontrar personas con las que compartir los gustos sexuales? ¿Tan cerrados de mente seguimos siendo como para no comprender las peculiaridades eróticas? ¿O es que es uno mismo quién se autocensura y piensa que lo van a señalar?

Sigue leyendo

El deseo en la pareja estable

En la última sección de sexo dentro del programa de Radio Nacional de España, Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García, hablamos del deseo en la pareja estable: cómo evoluciona, cómo gestionarlo. Un tema frecuente en las parejas.

Siguiendo con el deseo femenino, repasamos la historia de la mal llamada “viagra rosa” y cómo se gestó su creación y aprobación.

Portada de la revista “El Jueves” del año 2015, cuando se aprobó la comercialización del medicamento en EEUU.

 

Puedes escucharlo pulsando en el siguiente enlace. A partir del minuto 36.

¿Cómo le digo a mi pareja que soy …?

Footfetish (Arola Poch)

¿Cómo le digo a mi pareja que soy fetichista? Ésta es una pregunta que me hacen frecuentemente. Hay otra: ¿cuándo empezaste a jugar con los pies?. En mi caso ambas están relacionadas, porque empecé en esto del fetichismo cuando mi pareja me habló de este gusto. Y lo hizo, nada más conocernos, de la forma más natural y sencilla posible. ¿Me enseñas tus pies? Me gustan, son muy bonitos. Les dio sendos besos, a mi me encantaron porque venían de él y a partir de ahí siguió todo.

Sigue leyendo

El sexo es lo de menos (o no)

intercambio3

Las parejas swingers o liberales se definen como aquellas que tienen relaciones sexuales abiertas y consentidas con otras personas. ¡Qué maravilla!, pensarán algunos. Pues sí, eso está muy bien. Pero para mi el sexo no es lo más importante en este tipo de relaciones. ¿Cómo que no?, preguntarán entonces. Porque me parece que hay otros aspectos, más importantes, que pueden caracterizar a una pareja que opta por este estilo de vida.

En una pareja abierta hay confianza, intimidad y complicidad porque se comparten deseos y fantasías. Quiero decir, no es necesario esconder las revistas porno en el altillo.

A una relación swinger se llega en un momento de madurez en la pareja, de seguridad en los sentimientos. Esto no quiere decir que en algunos momentos no pueda haber ciertos celos, como en cualquier relación entre personas.

Hay respeto, sinceridad y comunicación. Hablar sobre cómo se vive, se siente, se disfruta, se duda… es la mejor manera de que fluya. De esta manera se define el tipo de relación que se quiere tener, ya que dentro del ser swinger hay mucha variabilidad. Hay parejas que hacen intercambios simultáneos, otras que añaden una tercera persona en sus relaciones, quienes no llegan a la penetración pero sí otros juegos sexuales, quienes libremente pueden tener relaciones con otras personas sin mayor condicionante…. Se dice que cada pareja es un mundo y en este caso también es así, cualquier posibilidad aceptada por ambos es perfectamente válida.

En una relación swinger hay amor, por eso mismo, quieres que la persona a la que amas se lo pase bien. Como hay generosidad, te alegras cuando ves disfrutar a tu pareja, cuando ves que cumple una fantasía.

No hay un sentido de la propiedad ajena en lo físico, con lo que no pasa nada por gozar con otra persona. El acto sexual es algo simplemente físico y la relación de pareja se sustenta en sentimientos.

En una relación swinger no necesariamente se folla cada semana con alguien diferente (aunque alguna pareja he conocido que parece obsesionada con batir records). Habrá épocas de más y de menos actividad. Momentos que apetecerá salir de la rutina y otras en que se disfruta de la buena sexualidad en la propia pareja. Además, no siempre el sexo con otros es más satisfactorio.

Muchas parejas manifiestan un antes y un después de haber adoptado un estilo de vida liberal. Pero, ojo, ser swinger no es la solución a todos los problemas. Ni pienso que ser sexualmente abiertos sea mejor que no serlo. No defiendo que todo el mundo tenga que ser liberal. Cada uno que siga sus valores y forma de ver la vida. Tampoco creo que sea recomendable llegar a una relación swinger sin estar convencidos, simplemente porque se cede ante las insistencias del otro. Pero sí opino que hay aspectos que mejoran en una relación de pareja que libre y convencidamente adopta este tipo de prácticas. Es más, me parece que una vez vives de manera swinger, debe resultar muy difícil tener después una relación convencional. Y no por el sexo (que también), quizás por todo lo demás.

SeXvolución

crop

Tengo una amiga que hace unos años mantenía una relación “tradicional” y ni se le ocurría pensar en libertinajes. Pero ahora es bastante abierta de mente y con ganas de experimentar en el sexo. ¿Y esto a qué viene?. A que últimamente he oído opiniones del tipo: “Si tu pareja es convencional no conseguirás que cambie. Siento decirte que nada te saciará esas ganas de más. Y al final, por amor a ella, acabarás siendo un aburrido más. O eso o tendrás que llevar una doble vida perpetua”. Apocalíptico.

¿Es imposible cambiar? En el caso de mi amiga, tenía una inquietud latente y conoció a la persona adecuada para desarrollarla. Yo creo que igual que evolucionamos como personas, también evolucionamos en nuestra sexualidad, que cambia, que se ajusta, que se adapta a nuevos gustos e intereses. Por eso me niego a tener la visión de que una persona no puede cambiar jamás. En relación a esto, me viene a la mente lo que me escribió un lector: “¿Recuerdas que te conté que tenía pareja pero no conocía mis tendencias? Pues me decidí a abrirme y contarle todo… bueno, despacito, no todo, pero le voy dando información. Yo ya confiaba en su madurez, y, efectivamente, no sólo NO me trató de degenerado, sino que le interesó el tema quería saber más y le pareció interesante la idea de tener un sumiso… ¡Estoy contentísimo!”

Claro está que cada persona es diferente y no soy tan ingenua como para pensar que todo será “happy”, soy consciente de que hay parejas en las que uno está a años luz del otro en sus inquietudes sexuales. Recuerdo el caso de otro lector de este blog que me explicaba con pesar que su mujer le había tirado a la basura unos juegos eróticos que él había descargado para avivar su relación, bajo el pretexto de que eso eran rarezas. Con ese punto de partida, difícil parece seguir hablando del tema. Porque es necesario que haya una buena predisposición, un interés por ambas partes en construir una relación de pareja de forma generosa, respetuosa y pensando también en las necesidades del otro.

Pienso que una sexualidad rica es aquella que cambia, que evoluciona. Y, a pesar de que cada uno es como es, todos somos seres sexuados desde que nacemos, con lo que estamos expuestos a esa evolución. Exploramos nuestro cuerpo, nuestros gustos, nuestros intereses y éstos van cambiando. Seguramente esta transformación está relacionada en cierto grado con la personalidad. Hay quienes somos más inquietos respecto al saber y al conocer.

El interés sexual en la especie humana está determinado por influencias culturales. Llevamos muchos años de educación represora, que valora la norma y el qué dirán. Que señala a quien se sale de las convenciones. Y eso lastra. Pero afortunadamente cada vez más voces claman por desarrollar la sexualidad de forma libre y plena. Y yo me sumo a ellas, para que exploremos, descubramos y SeXvolucionemos.

De muñecas a robots sexuales… y llegando a sistemas operativos

Hace poco escribía sobre muñecas y robots sexuales, que aportan sexo solo pero “acompañado”. Ahora me surge la necesidad de completar ese entrada hablando de sistemas operativos. Por si a alguien le suena el tema, sí, este artículo está relacionado con la película “Her” de Spinke Jonce.

No pretendo hablar de la película, más bien reflexionar a partir de ella. Pero, creo que, inevitablemente, debo avisar de que lo que sigue puede ser spoiler.

En Her se plantea un romance entre Theodore y su sistema operativo inteligente, Samantha. Y no es para menos. Samantha es inteligente, aguda, oportuna, divertida y hasta sensible. Es una voz ( ¡y vaya voz! En la versión original, sensual voz la de Scarlet Johanson). Y no sólo eso, también tiene personalidad.

Si en el artículo citado al inicio de éste hablaba de relaciones sexuales, aquí hablo de relaciones sentimentales. ¿Sería posible enamorarse de un sistema operativo? Se adapta a nosotros, nos entiende, nos escucha, nos hace reír, nos hace sentir bien, nos crea una dependencia emocional. Pero, ¿puede considerarse realmente una relación?

Y luego está el tema sexual. En toda (bueno, por no generalizar, en casi toda) relación de pareja hay sexo. Entre Theodore y Samantha también lo hay, hablado, estilo telefónico. Es genial la primera escena de sexo entre ellos, pantalla en negro con las dos voces en off excitadas y excitándose. El plano sexual es importante y ella tiene la inseguridad de no tener un cuerpo físico que le haga sentir y haga gozar a su compañero. Pero, si una relación te aporta mucho a nivel sentimental o intelectual, ¿podemos concebirla sin sexo?

La historia reflexiona sobre las relaciones de pareja, sobre otro tipo de relaciones de pareja. Sobre qué relación estamos estableciendo con la tecnología. Y también habla de aceptar lo diferente, de huir de prejuicios, de disfrutar de aquello que nos hace felices, de sentir, de vivir.

Los robots sexuales son una realidad. Los sistemas operativos ultrainteligentes, de momento, ciencia ficción. Pero quién sabe donde llegaremos. Y si llegamos, ¿qué pasará? Hace años nadie pensaba que pudiera ser masturbado por un robot.

Te cuento mi fantasía y… ¿qué hacemos?

Este artículo va sobre parejas, parejas que se confían sus fantasías pero en las que hay un desnivel en inquietudes sexuales. Un miembro quiere más, el otro, no tanto. ¿Qué hacer entonces?

Imaginaos la siguiente situación: una pareja en la que uno de los miembros quiere hacer un trío (por buscar una fantasía común) y comparte esta fantasía con su compañero/a. Ante esta muestra de confianza podemos tener dos reacciones:

a) La pareja no quiere ni oír hablar de ello
b) La pareja escucha, parece que no le desagrada la idea pero necesita algo de tiempo para poder hacerlo.

Existe también una tercera reacción en la que el compañero se muestra encantado con la idea, fantasean juntos, buscan a la persona adecuada y hacen ese trío. Y comen perdices. Pero este artículo no va de estos casos.

Tampoco va de las parejas que ni siquiera comentan sus inquietudes. Ahí hay otro trabajo previo, relativo a la mejora de la comunicación y la confianza sexual.

confianza

Vamos a volver a las reacciones a y b, que no son extrañas en una situación como la planteada. Ante la primera, poco puedo decir. Me parece triste, muy triste, que dentro de una pareja no se puedan hablar de estos temas. La persona que se abre al otro y le cuenta sus fantasías está demostrando una confianza que ha de agradecerse, escucharse e, idealmente, convertirse en complicidad para hablar, fantasear e incluso, por qué no, realizar. Pero encontrarse un muro, puede ser decepcionante. Ante esto, que cada uno decida si quiere o no cumplir con sus inquietudes y cómo.

También puede pasar que nuestra pareja nos escuche, pero aún no se atreva, no lo vea claro. Entonces debemos ser flexibles. Podemos estar a diferentes niveles sexuales, pero hay apertura e interés. Puede haber cierta inseguridad que se puede ir hablando y trabajando conjuntamente, siempre respetando los límites y las ideas de cada uno. Nunca hay que forzar nada. Una primera aproximación al tema, quizás menos intensa para uno pero adecuada para el otro será una opción muy válida y que ha de valorarse y agradecerse. Estamos avanzando y puede que poco a poco lleguemos a esa fantasía. O puede que no, que ahora no sea el momento y más adelante sí. Pero se ha hablado y confiado, cosa muy importante en una pareja.

En esta situación b, también se puede dar el caso de que la pareja escuche diga que sí pero luego no se haga nada. Se dan largas, se ponen trabas y no se avanza. Puede, en el fondo, tratarse de una versión de la situación a. O quizás haya una distancia muy grande entre lo que busca uno y lo que puede ofrecer el otro y la aproximación resulta difícil.

El desarrollo y evolución de la sexualidad forma parte de la vida y para algunos, es además, una parte importante de su realización personal. Me parece muy bonito poder compartir esas inquietudes sexuales con la pareja y deberíamos todos ser más abiertos, tanto para confesar nuestras fantasías como para hacer nuestras las del otro. Es cierto que no todas las personas tenemos las mismas inquietudes, que hay para quienes desarrollar la sexualidad es una necesidad vital y para otros no tiene tanta importancia. Sea como sea, una pareja que habla, se cuenta sus fantasías y les presta atención con respeto y sin prejuicios es una pareja más unida y más cómplice. Si luego, además, la ponen en práctica, no tengo duda de que estarán un pasito más cerca de ser felices juntos, al menos felices sexualmente.

La vida es corta y la infidelidad está a la vuelta de la esquina

infidelidad

Si se quiere, ser infiel es fácil. Hoy en día, si cabe, más. Internet y las redes sociales facilitan mucho la labor de contacto y comunicación. Ashley Madison, Victoria Milan, Second Love o Gleeden son algunas de las redes sociales cuyo objetivo es facilitar infidelidades. Es, además, un sector en auge con un creciente volumen de usuarios. Y, por si alguien aún tiene ideas preconcebidas, el 57% de registros pertenecen a mujeres.

“La vida es corta”. “Revive la pasión”. “Rompe con la rutina y haz algo divertido”. “Coquetear no es solo para solteros” son algunos de los lemas que nos animan a unirnos a estas redes, seguras, confidenciales, anónimas y que hasta te pueden facilitar una coartada. Apelan a lo prohibido, a la pasión, a la diversión, a la aventura. Y es que las infidelidades pueden aportan eso y ese es, precisamente, su atractivo. De hecho, aunque Internet hoy en día facilite la tarea, el adulterio es un fenómeno muy antiguo.

Pero, ¿qué es la infidelidad en la pareja? Sería simple decir que es sexo con otra persona fuera de la pareja. Sí, ese es el concepto más habitual pero también puede haber infidelidad en otros aspectos. La escritora y sexóloga Valerie Tasso lo define en mi opinión muy acertadamente cuando dice que la infidelidad es romper los pactos que hay en la pareja. Esos pactos son los que cada pareja decide que sean. Por ejemplo, cuando no tener sexo con otra persona es un pacto, cuando sucede aparece la infidelidad. Pero también cuando una pareja decide que sí puede haber sexo con otras personas pero con la condición de saberlo antes. Si se oculta, entonces habrá infidelidad.

Mucho se ha estudiado si los humanos somos monógamos por naturaleza. Sobre esto se habla de monogamia social y monogamia sexual. La primera se refiere a formar parejas estables y está presente en muchas especies de la naturaleza. La segunda, la sexual, es la relativa a la infidelidad y esa es muy poco habitual. Hay quien dice que los humanos somos monógamos por cultura, pero promiscuos por naturaleza. Los porcentajes de infidelidades en el mundo y a lo largo de la historia parecen reforzar esta idea.

¿Por qué somos infieles? Por salir de la rutina, por vivir algo prohibido, por experimentar aquello que ya no tenemos en casa… Según la red Victoria Milan, “los hombres infieles buscan a mujeres que sean más cariñosas, más apasionadas y más propensas a escucharles que sus parejas. Por otro lado las mujeres infieles por lo general ya sienten que tienen un hombre atractivo en casa, el problema para ellas es que sus parejas dan su relación por hecho, motivo por el que buscan en su amante, un hombre que les haga sentirse deseadas de nuevo, y a alguien que les preste la atención que no están recibiendo de su pareja actual”. Sea como sea, bajo mi punto de vista, no se puede culpar siempre y únicamente al miembro que ha sido infiel porque las relaciones de pareja son más complicadas que todo eso y puede que haya otra causa detrás de todo ello.

Habitualmente se asocia el sexo al amor, cuando son conceptos diferentes. Parece que al amar a alguien ya no se puede desear a nadie más. Pero lo cierto es que se puede tener sexo con un tercero sin dejar de querer a tu pareja. Algunas parejas lo entienden así y separan el amor del sexo. Esa es la base de las relaciones liberales o swinger, parejas que tienen relaciones consentidas con otras personas. Y entonces, la infidelidad nada tiene que ver con el sexo.