Poliamor o cómo complicar felizmente las relaciones

María está casada con Javi y tienen dos hijos en común, niño y niña, mellizos. A su vez, mantiene una relación amorosa con Isa. Se conocieron y surgió la chispa entre ellas dos. Javi sabe de su relación y está feliz porque ve que María lo está. Compersión se llama esa sensación. Isa y Javi se conocen, se llevan bien pero no hay una relación amorosa entre ellos. Isa, tiene un amigo íntimo, con quién queda de vez en cuando, no tanto como ella querría porque Iván es pura anarquía. Pero lo han hablado, Iván ha sido claro respecto a lo que busca y ofrece. Isa, a pesar de todo, se siente bien así porque Iván le aporta una chispa de locura a su vida. María se ríe cuando Isa le cuenta sus locuras con Iván. Javi, ya siendo marido de María, fue pareja de Elena pero ya no están juntos. Ambas sabían de la existencia de la otra pero Elena no supo gestionar una relación así. Quería pero no podía. Siguen siendo buenos amigos y a veces, salen a cenar junto con María e Isa. En ocasiones, Elena hace de niñera de los mellizos, a los que adora (y ellos a ella).

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Sociedad y fetichismos compartidos

“¿Podrías presentarme a alguna chica que le guste el fetichismo de pies?” Ésta es una pregunta que recibo con bastante frecuencia. Como es fácil de entender, no facilito contactos de amigas mías a desconocidos. Si acaso, puedo facilitar perfiles de profesionales de mi confianza que sé que hacen buenas sesiones foot fetish.

Pero ello me hace pensar, ¿tan difícil es encontrar personas con las que compartir los gustos sexuales? ¿Tan cerrados de mente seguimos siendo como para no comprender las peculiaridades eróticas? ¿O es que es uno mismo quién se autocensura y piensa que lo van a señalar?

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El deseo en la pareja estable

En la última sección de sexo dentro del programa de Radio Nacional de España, Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García, hablamos del deseo en la pareja estable: cómo evoluciona, cómo gestionarlo. Un tema frecuente en las parejas.

Siguiendo con el deseo femenino, repasamos la historia de la mal llamada “viagra rosa” y cómo se gestó su creación y aprobación.

Portada de la revista “El Jueves” del año 2015, cuando se aprobó la comercialización del medicamento en EEUU.

 

Puedes escucharlo pulsando en el siguiente enlace. A partir del minuto 36.

¿Cómo le digo a mi pareja que soy …?

Footfetish (Arola Poch)

¿Cómo le digo a mi pareja que soy fetichista? Ésta es una pregunta que me hacen frecuentemente. Hay otra: ¿cuándo empezaste a jugar con los pies?. En mi caso ambas están relacionadas, porque empecé en esto del fetichismo cuando mi pareja me habló de este gusto. Y lo hizo, nada más conocernos, de la forma más natural y sencilla posible. ¿Me enseñas tus pies? Me gustan, son muy bonitos. Les dio sendos besos, a mi me encantaron porque venían de él y a partir de ahí siguió todo.

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El sexo es lo de menos (o no)

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Las parejas swingers o liberales se definen como aquellas que tienen relaciones sexuales abiertas y consentidas con otras personas. ¡Qué maravilla!, pensarán algunos. Pues sí, eso está muy bien. Pero para mi el sexo no es lo más importante en este tipo de relaciones. ¿Cómo que no?, preguntarán entonces. Porque me parece que hay otros aspectos, más importantes, que pueden caracterizar a una pareja que opta por este estilo de vida.

En una pareja abierta hay confianza, intimidad y complicidad porque se comparten deseos y fantasías. Quiero decir, no es necesario esconder las revistas porno en el altillo.

A una relación swinger se llega en un momento de madurez en la pareja, de seguridad en los sentimientos. Esto no quiere decir que en algunos momentos no pueda haber ciertos celos, como en cualquier relación entre personas.

Hay respeto, sinceridad y comunicación. Hablar sobre cómo se vive, se siente, se disfruta, se duda… es la mejor manera de que fluya. De esta manera se define el tipo de relación que se quiere tener, ya que dentro del ser swinger hay mucha variabilidad. Hay parejas que hacen intercambios simultáneos, otras que añaden una tercera persona en sus relaciones, quienes no llegan a la penetración pero sí otros juegos sexuales, quienes libremente pueden tener relaciones con otras personas sin mayor condicionante…. Se dice que cada pareja es un mundo y en este caso también es así, cualquier posibilidad aceptada por ambos es perfectamente válida.

En una relación swinger hay amor, por eso mismo, quieres que la persona a la que amas se lo pase bien. Como hay generosidad, te alegras cuando ves disfrutar a tu pareja, cuando ves que cumple una fantasía.

No hay un sentido de la propiedad ajena en lo físico, con lo que no pasa nada por gozar con otra persona. El acto sexual es algo simplemente físico y la relación de pareja se sustenta en sentimientos.

En una relación swinger no necesariamente se folla cada semana con alguien diferente (aunque alguna pareja he conocido que parece obsesionada con batir records). Habrá épocas de más y de menos actividad. Momentos que apetecerá salir de la rutina y otras en que se disfruta de la buena sexualidad en la propia pareja. Además, no siempre el sexo con otros es más satisfactorio.

Muchas parejas manifiestan un antes y un después de haber adoptado un estilo de vida liberal. Pero, ojo, ser swinger no es la solución a todos los problemas. Ni pienso que ser sexualmente abiertos sea mejor que no serlo. No defiendo que todo el mundo tenga que ser liberal. Cada uno que siga sus valores y forma de ver la vida. Tampoco creo que sea recomendable llegar a una relación swinger sin estar convencidos, simplemente porque se cede ante las insistencias del otro. Pero sí opino que hay aspectos que mejoran en una relación de pareja que libre y convencidamente adopta este tipo de prácticas. Es más, me parece que una vez vives de manera swinger, debe resultar muy difícil tener después una relación convencional. Y no por el sexo (que también), quizás por todo lo demás.

SeXvolución

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Tengo una amiga que hace unos años mantenía una relación “tradicional” y ni se le ocurría pensar en libertinajes. Pero ahora es bastante abierta de mente y con ganas de experimentar en el sexo. ¿Y esto a qué viene?. A que últimamente he oído opiniones del tipo: “Si tu pareja es convencional no conseguirás que cambie. Siento decirte que nada te saciará esas ganas de más. Y al final, por amor a ella, acabarás siendo un aburrido más. O eso o tendrás que llevar una doble vida perpetua”. Apocalíptico.

¿Es imposible cambiar? En el caso de mi amiga, tenía una inquietud latente y conoció a la persona adecuada para desarrollarla. Yo creo que igual que evolucionamos como personas, también evolucionamos en nuestra sexualidad, que cambia, que se ajusta, que se adapta a nuevos gustos e intereses. Por eso me niego a tener la visión de que una persona no puede cambiar jamás. En relación a esto, me viene a la mente lo que me escribió un lector: “¿Recuerdas que te conté que tenía pareja pero no conocía mis tendencias? Pues me decidí a abrirme y contarle todo… bueno, despacito, no todo, pero le voy dando información. Yo ya confiaba en su madurez, y, efectivamente, no sólo NO me trató de degenerado, sino que le interesó el tema quería saber más y le pareció interesante la idea de tener un sumiso… ¡Estoy contentísimo!”

Claro está que cada persona es diferente y no soy tan ingenua como para pensar que todo será “happy”, soy consciente de que hay parejas en las que uno está a años luz del otro en sus inquietudes sexuales. Recuerdo el caso de otro lector de este blog que me explicaba con pesar que su mujer le había tirado a la basura unos juegos eróticos que él había descargado para avivar su relación, bajo el pretexto de que eso eran rarezas. Con ese punto de partida, difícil parece seguir hablando del tema. Porque es necesario que haya una buena predisposición, un interés por ambas partes en construir una relación de pareja de forma generosa, respetuosa y pensando también en las necesidades del otro.

Pienso que una sexualidad rica es aquella que cambia, que evoluciona. Y, a pesar de que cada uno es como es, todos somos seres sexuados desde que nacemos, con lo que estamos expuestos a esa evolución. Exploramos nuestro cuerpo, nuestros gustos, nuestros intereses y éstos van cambiando. Seguramente esta transformación está relacionada en cierto grado con la personalidad. Hay quienes somos más inquietos respecto al saber y al conocer.

El interés sexual en la especie humana está determinado por influencias culturales. Llevamos muchos años de educación represora, que valora la norma y el qué dirán. Que señala a quien se sale de las convenciones. Y eso lastra. Pero afortunadamente cada vez más voces claman por desarrollar la sexualidad de forma libre y plena. Y yo me sumo a ellas, para que exploremos, descubramos y SeXvolucionemos.