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caminorecto

¿Prohibido apartarse del camino?

Hace unos días un periódico publicó un artículo de opinión que decía, entre otras cosas, que ver pornografía creaba pederastas. En este país existe la libertad de opinión y bajo ella se publican, como es el caso, auténticas barbaridades. No merece la pena rebatir el titular del artículo porque cae por su propio peso, pero sí me parece interesante reflexionar sobre el fondo del mismo, que se podría resumir en estas líneas extraídas del propio texto: “lo cierto es que la sexualidad humana es como el agua: benéfica cuando se encauza; destructiva cuando los cauces se desbordan y se rompen los diques. Una sexualidad sometida a constantes estímulos morbosos destruye nuestra humanidad y nos convierte en esclavos de nuestros instintos”. Es decir, mantengamos la sexualidad en su camino más normativo y apelemos al miedo si nos salimos de él.

El miedo se ha usado tradicionalmente para mantener a la gente sometida. La sexualidad es una parte más de nuestra personalidad y poderla desarrollar libremente nos empodera, nos da seguridad, nos da identidad. De ahí que sea – siempre lo ha sido – un aspecto más a controlar. El “problema” del sexo para las mentes manipuladoras es que es necesario para la procreación, así que no queda más remedio que “salvar de la quema” el coito y convertirlo en lo normativo, pero condenando todo lo demás porque es pecado, nos convierte en pervertidos o puede hacernos sacar nuestros instintos más bajos y, con ellos, vete a saber qué tipo de infierno nos espera.

Por suerte hay argumentos que ya no convencen, que ya no asustan. Cada vez somos más las personas que entendemos que la sexualidad es variada, que hay infinitas maneras de disfrutarla y que llevándola a cabo de manera respetuosa, sana y consensuada no tiene nada de malo. Además, desarrollarnos sexualmente, con libertad, sin tener que justificarnos, sin tener que pedir permiso, sin tener que depender de nada… es uno de nuestros derechos como individuos.

Hay múltiples referencias al “camino recto”. Parafilia, un vocablo compuesto por para-, al margen del y -filia, amor, es decir, incluye todas las prácticas eróticas fuera de la norma. La RAE define el fetichismo como “desviación sexual”. En inglés los heterosexuales son coloquialmente “straights”, rectos. Quién tiene unos gustos poco habituales es criticado y señalado como raro. Aunque, ¿habéis pensado que son tantas las “otras” maneras de disfrutar de la sexualidad que si sumáramos todas las personas que tenemos alguna parafilia (seamos conscientes de ella o no) puede que resultáramos más que los supuestamente “normales”?. Delirios aparte, el objetivo no es contar para hacer bandos, sino respetarnos todos, seamos rectos, torcidos, circulares u oblícuos.

La sexualidad tiene su parte animal (aunque en las personas también tiene una faceta cultural) y claro que desarrollarla puede hacer salir instintos primarios. Pero eso no quiere decir que sean incontrolables o que nos conviertan en animales. Al contrario, reprimir la sexualidad puede crear obsesiones que pueden acabar resultando mucho peores, para uno mismo e incluso para otros. Y por supuesto que hay patologías vinculadas a la sexualidad, pero como en cualquier otro aspecto de la vida.

Decir, como se lee en el artículo de opinión que está originando mi reflexión, que “la pornografía infantil no es expresión, como se pretende, de una perturbación que aflige a cuatro monstruos; es fruto del clima moral creado por una ideología criminal que ha impuesto el naturalismo instintivo como forma de plenitud humana” es condenar una filosofía de vida que busca la libertad y el desarrollo completo y sano de la personalidad individual para construir una sociedad basada en la igualdad y el respeto.

Vivir nuestra sexualidad plenamente, ver pornografía, gozar con prácticas minoritarias, optar por relaciones no convencionales… salirnos, en definitiva, de los cauces que tradicionalmente se han considerado normativos es simplemente poder vivir de la manera que nos haga felices. Publicar artículos sin sentido para seguir diciéndonos qué y cómo debemos actuar apelando al miedo en caso de no hacerlo es realmente lo insano, lo dañino y lo que puede hacernos sacar nuestros bajos instintos, los de rebeldía.

Ajustarse a la norma puede valer para unos, para otros quizás no. La limitación, el miedo y el control no debería valer para nadie.

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  • Ana Fernández Diaz
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    El mayor problema de esas mentes, no es que no piensen distinto o que no les gusten otras formas de vivir el sexo, es que como se reprimen acaban teniendo un auténtico problema. Y los que vivimos la sexualidad de una manera natural y sana, sin encorsetarla, somos los que al final tenemos la mente mas sana. El camino marcado para quien lo quiera.

    • Arola Poch
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      Exacto, reprimir puede ser mucho peor que dejar fluir. Pero lo peor es esa manipulación para controlar. El camino marcado está genial para quien le sirva, pero que cada uno tome su camino con libertad. Gracias Ana por tu comentario. ¡Un beso!

  • Lonndinium
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    Muy buen articulo, la libertad es lo más sano, y lo más natural, la sexualidad sin límites y sin miedo, es unas parte de nuestra felicidad? Siempre un placer leerte.
    ??

  • Jugando con Eros
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    Por desgracia volvemos a lo de siempre, la educación y el respeto es algo que todavía nos queda mucho camino por andar. La libertad sexual debería se innato. Feliz diaaaa, muchas gracias por el gran sábado y millones de besos.

    • Arola Poch
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      Gracias a ti, a vosotras, por organizarlo todo. Salió genial. Con ganas de repetir prontito y que nos volvamos a ver. ¡¡¡Besos!!!

  • Maryasexora
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    ¡Ole, ole y ole!
    Hay que vivir la sexualidad como lo que es, algo natural. Cada uno lo disfrutará a su manera, pero eso no significa que sea mejor o peor que la que pueda tener su vecino, por ejemplo.
    Libertad y naturalidad.
    Besico

    • Arola Poch
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      Libertad, naturalidad y respeto, añadiría yo. Mil gracias por tu comentario. Un beso enorme, guapísima. 🙂

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