Al paso, al trote y al galope

ponyboys

Cuenta una historia que la doncella Filis, antes de entregarse a Aristóteles, le pidió que le permitiera cabalgarle como si fuera un caballo. El filósofo finalmente accedió y ella le puso frenos y lo ensilló y montada sobre él le hizo correr a cuatro patas hiriéndolo con sus espuelas. Un sueño para muchos amantes del ponyplay.

De manera quizás evidente, se podría decir que el ponyplay es un juego que consiste en comportarse como un caballo o yegua. Hay dos variantes no excluyentes: la carga y la doma. La primera implica un aspecto más de fuerza física ya que el pony humano llevará a su jinete ya sea a dos o a cuatro patas o tirará de un carruaje. En estos casos, lo más habitual (aunque no siempre) es que sea un hombre el “equino” que carga con la o las damas. La doma es la parte más estética del juego y consiste en el adiestramiento en posturas y pasos ecuestres para conseguir la ejecución precisa del paso, del trote y del galope. El ponyplay de doma se puede realizar también en grupo donde caballos y/o yeguas han de sincronizarse y coordinarse.

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Botas ponyplay

El juego se completa con una vestimenta adecuada para la ocasión. Botas especiales simulando la pezuña del corcel (con altura pero sin tacón, lo que obliga a caminar de puntillas), cola de caballo (normalmente un dildo anal que en la parte exterior lleva la cola), mordida para la boca, arneses, riendas, decoración… y todo lo que sirva para acercarse a la imagen buscada. El domador o el jinete también llevan sus herramientas. Espuelas, fusta, una vara larga para corregir posturas… pueden ser algunos complementos.

Enmarcado dentro del petplay (juegos de mascotas), hay un factor de deshumanización en estas prácticas. Muchas veces está incluido en el BDSM ya que el “animal” queda a expensas del dominante y puede haber cierto componente de humillación y de dolor (en la carga, las espuelas, la vara, las ataduras…). Se trata de un intercambio de poder donde el ponyplay también puede ser usado como castigo. En ciertos casos puede haber un gusto por el exhibicionismo al ser el “equino” (ad)mirado por su vestimenta y su andar.

El ponyplay tiene una connotación erótica y puede provocar cierta excitación por diversos motivos (humillación, dolor, exhibición…). Pero no hay que pensar que es un preliminar del acto sexual, eso sería dar una visión coitocentrista de la sexualidad. Para algunos puede que sí lo sea, pero una amiga aficionada a este juego me comentó que para ella esto es un subidón tan grande que no necesita ni busca nada más.

El relato de Aristóteles no es la única referencia clásica del ponyplay. En la literatura hindú, budista y árabe hay historias de hombres montados cual caballos por mujeres. Por ejemplo, en el Panchatantra, la colección más antigua de fábulas de la literatura hindú escritas en lengua sánscrita, hay una fragmento que narra: “La mujer de Joy se enfadó y no se calmó aunque él le pidió perdón. Entonces, él dijo: Querida, no puedo vivir un momento sin ti. Caeré a tus pies y suplicaré tu perdón. Ella dijo: si te pones un bocado y dejas que te cabalgue sentada en tu espalda y si relinchas como un caballo, entonces cederé. Y así se hizo”.

vaudevilleponyHay múltiples referencias en los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, sobretodo en textos de ficción, haciendo referencia a la carga. En la segunda mitad del siglo XIX se puede ver un ponyplay más estético en danza y espectáculos burlesque. Un buen ejemplo lo encontramos en la producción de Broadway de 1867 “The Devil’s Auction” (la subasta del diablo) donde la bailarina Eliza Blasina viste con un traje de pony, incluida cabeza y cola. Imágenes de inicios de siglo XX (Jacques Biederer fotografió éste y otros fetichismos) nos muestran este juego con connotaciones eróticas.

Los caballos son animales de gran porte, elegantes y nobles. Hay quien puede sentirse identificado con estas características. Otros juegan de forma “obligada” (entiéndanse las comillas como consentimiento) dentro de la dominación/sumisión. Unos gustarán de la estética y otros de la carga. Actuarán individualmente o en grupo. Al aire libre o en espacios cerrados. Hay múltiples variantes del ponyplay, sea cual sea la tuya, que la disfrutes relinchando con alegría.

4 comentarios en “Al paso, al trote y al galope

  1. Anda que interesante, nunca había oído esa historia de Aristóteles, y jamás había visto esas “botas” 😀 Me encantan. Gracias por explicar más sobre este fetiche que conocía pero desde luego no tanto. Un beso guapa!

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