Cosas que aprendí en Eros Porto

ArolapuertaCantinho

Aquí estoy yo, en la entrada del Cantinho Footfetish de Eros Porto (foto de Rad Viko Vlc).

Del 10 al 13 de marzo he estado en la preciosa ciudad de Oporto (Portugal), donde todas las tardes tenía una cita en su salón erótico como co-organizadora del Cantinho Foot Fetish, un espacio para disfrutar del fetichismo de pies. Pero no voy a explicar qué tal la experiencia en este espacio porque fue muy similar a como transcurrieron los días en el Rincón Foot Fetish del Salón Erótico de Barcelona, así que quien quiera una crónica en ese sentido, puede leer el artículo que escribí en su momento (Crónica de un paraíso fetichista). En esta ocasión, me parece más interesante compartir con vosotros algunas cosas que han pasado en el festival, que he descubierto, que me han aportado, que me han hecho reflexionar. Porque toda experiencia produce (o debería) un aprendizaje.

  • Un fetichista de pies es un fetichista de pies. Suena obvio, pero así es. Cuando un fetichista se pone a tus pies, es igual el idioma que hable, transmite con su mirada, sus gestos, sus caricias, su forma de tratarlos, la admiración por esa preciada parte del cuerpo humano.
  • Dos personas que no hablan el mismo idioma pueden comunicarse mediante el sexo. Si surge la conexión, todo irá estupendamente. Pero no es matemático, puede que no surja. El sexo es comunicación y no con todas las personas la comunicación, sea en el idioma que sea, fluye igual de bien. Pero cuando lo hace, el sexo se convierte en la distancia más corta entre dos personas.
  • La sexualidad tiene un componente cultural. No vivimos igual el sexo aquí que en Portugal donde me dio la impresión de que la gente es, en general, algo menos curiosa o les gusta mantener más la distancia. Un hecho interesante es que si uno pasea por el Festival Erótico de Barcelona, verá que hay visitantes que van a exhibirse. Algunos se pasean desnudos, otros cual sumiso o dominante, otros con ropa provocadora, latex o fetiches varios. En Portugal, los espectadores no van así, van a mirar. Por cierto, como dato, la ley lusa prohibe el sexo explícito en los shows públicos.
  • Es difícil no tener prejuicios y más con la distancia del idioma. A veces, por muy abiertos que nos creamos, caemos en juzgar a las personas. Me pasó en Barcelona, me ha pasado en Oporto y en ambas ocasiones me equivoqué totalmente. Autolección ya conocida, pero que no está de más recordar. Lo mismo pasa con el sexo, valoramos las cosas sin conocerlas y en base a esos prejuicios las condenamos.
  • Hay personas que admiras y que cuando las conoces en persona te decepcionan. Y hay otras que al conocerlas consiguen que las admires aún más. Esto último me pasó con Valérie Tasso. Todo los preparativos y el viaje a Oporto valieron la pena solo por esto.
  • Cuando se quiere batir un récord de multitrampling, lo difícil no es que la alfombra humana aguante el peso (unos 900 kilos), lo difícil es que las 16 chicas aguanten el equilibrio encima de él. Aclaro que no es cualquier alfombra humana, es el mejor tramplista que he conocido. Por supuesto, hay prácticas que se han de hacer con sensatez y cada uno ha de conocer sus límites.
  • ¡Las cosquillas me ponen! Sobre este fetiche escribiré un artículo detallado, se lo merece. Pero avanzo… ¡qué bien me lo pasé en mi sesión de tickling! Y que sensación tan orgásmica al finalizar.

En definitiva, disfrutando, aprendiendo y descubriendo en cada paso que doy en el mundo del sexo y del erotismo. Sigo caminando.

6 thoughts on “Cosas que aprendí en Eros Porto

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